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Tomografía del e-learning en las universidades europeas
José María Calés (Universidad Nacional de Educación a Distancia, España) y Rocío Hurtado (Universidad Andina Simón Bolívar, Bolivia)
Actualmente, las universidades europeas se encuentran sumidas en profundos cambios y adecuaciones que afectarán sustancialmente sus planes de estudio, las posibilidades de movilidad entre sus estudiantes y la manera de enfrentarse a las nuevas generaciones que, sin duda alguna, muestran patrones y expectativas diferentes en el proceso de aprendizaje.
Dentro de los nuevos retos en los que se encuentran sumidas las universidades europeas, la incorporación de las nuevas tecnologías (TIC) se presenta como un elemento de especial atención, habiéndose consolidado esta preocupación en el informe que en los últimos meses ha presentado la consultora danesa Ramboll Management por encargo de la Dirección General de Educación y Cultura de la Comisión Europea; que tiene el sentido de erigirse en elemento de reflexión sobre el uso actual de las TIC en nuestras universidades de cara a planes y actuaciones futuras.
El informe mencionado, basado en datos extraídos del análisis de sitios Web; cuestionarios cumplimentados por un número suficiente de universidades de la Unión Europea (UE) (41%); entrevistas con responsables de los 15 estados miembros de la UE y ocho estudios de casos, entre los que se encuentra la Universitat Oberta de Cataluña de España, aporta, en consecuencia, un importante material de referencia que servirá a la Comisión Europea para marcar sus acciones futuras, así como a las instituciones educativas para ajustar sus políticas académicas.
El estudio pone de manifiesto la existencia de cuatro tipos distintos de universidades agrupadas en torno a diferentes parámetros, entre los que destacan, fundamentalmente, el grado de integración de las TIC; así como, de forma relevante, el nivel de cooperación con otras universidades, aspecto éste que interesa sobremanera a la Comisión, y que sirve de parámetro –incluso- para establecer algunas categorías dentro de estos cuatro grupos indicados.
Resumidamente, el informe arroja datos muy esperanzadores con relación al uso de las TIC en estas universidades, tanto en lo relativo a la organización y servicios, como en lo referente al aspecto educativo. Según el documento, únicamente un 15 % de las universidades sometidas a estudio son integradas dentro del grupo de las llamadas “Universidades escépticas”, que se caracterizan por un uso muy limitado de servicios digitales, por una baja integración de las TIC y por un alto componente de escepticismo entre sus profesores y equipos de gobierno. Además, el informe apunta a que esta situación se va a ver mejorada en los próximos dos años.
Con independencia de estos datos, lo realmente interesante es el grado de implicación de estas universidades con respecto al e-learning . Según indica el informe, el e-learning no parece ser contemplado como un modelo preferente, ni en el marco de las enseñanzas regladas, ni en el de las denominadas no regladas o estudios de postgrado.
Aún a pesar de que en la gran mayoría de estas universidades existen experiencias en este novedoso procedimiento de enseñar y aprender, únicamente el 1% de ellas ofrece todos sus cursos y programas en formato de e-lea rning; mientras que el resto, o bien no contemplan ningún curso en este formato (3%), o incluyen una oferta de cursos en línea por debajo del 25% de la totalidad de sus cursos.
Esta situación es todavía más llamativa en el caso de las enseñanzas no regladas, ya que la mayor parte de las universidades, o están en vía de desarrollar esta posibilidad (21%), o su oferta de cursos es inferior al 25%.
Sin embargo, es importante considerar que un 34% de estas universidades acreditan sus cursos en línea con ECTS -crédito europeo-, mientras que una de cada cuatro universidades (25%) lo hacen con sistemas propios de acreditación, y sólo un 14% no ofrecen ningún tipo de acreditación en sus cursos.
Ante estos datos, cabe preguntarse sobre los motivos que han llevado a esta lenta y, de alguna manera, insuficiente incorporación del e-learning en el ámbito educativo europeo.
En el informe que se viene comentando, se apuntan algunos aspectos que constituyen marcadas barreras en la integración de las TIC en las universidades europeas y, por ende, en la asunción del e-learning como método alternativo en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
En primer lugar, los elevados costes que supone la integración, y a los que, en la mayoría de los casos, las universidades deben hacer frente con el mismo presupuesto que tenían con anterioridad y con pequeñas ayudas que pueden conseguir de iniciativas europeas y de acuerdos o convenios con otras instituciones o con empresas.
Un segundo factor a tener en cuenta es la reticencia de los profesores a integrar las TIC en su hacer cotidiano. Por la experiencia que los autores de este artículo tienen a raíz de sus responsabilidades en sus respectiva suniversidades, el profesorado ve en el e-learning una amenaza a su condición docente y expresa su reticencia por considerar que debe adquirir nuevas habilidades en aspectos que, aparentemente, nada tienen que ver con su parcela de conocimiento. Además, manifiesta su temor sobre la salvaguarda de sus derechos como autor en un medio, según ellos, inseguro. Unido a esto, está el hecho de que consideran que deben hacer un esfuerzo añadido; no sólo en el aprendizaje de nuevas habilidades, sino en su actividad docente, al ver incrementada su dedicación sin que ello suponga un incremento de su salario o de su participación en actividades organizadas por la propia institución, que en algunos casos pueden ser lucrativas, y en otros mejorar su condición académica como profesores.
Estos aspectos no cabe duda de que influyen grandemente en las decisiones y en las políticas educativas de las universidades que, por una parte, se encuentran en la tesitura de tener que adaptar su enseñanzas a nuevos métodos y, por otra, de tener que ilusionar a sus docentes sin poder ofrecerles incentivos claros, en muchas ocasiones, por limitaciones presupuestarias u organizativas, acordes con los nuevos retos que se proponen.
Añadido a lo dicho, no se debe descartar la escasez de estudios empíricos concluyentes que expresen con claridad las bondades del e-learning con respecto a otras metodologías tradicionales, así como las condiciones más óptimas en las que tal proceso debe darse. Ello, indefectiblemente, incrementa la laxitud de los docentes y de los equipos de gobierno a la hora de incorporar el nuevo procedimiento.
Aún así, a la vista del informe, las expectativas son bastante esperanzadoras pues -según parece- las universidades, en un porcentaje amplio (64%), expresan su voluntad de incrementar sustancialmente su oferta de e-learning para los próximos años.
Para finalizar, permítasenos ofrecer algunas pinceladas con respecto al estado de la cuestión en España. Aunque la situación es todavía variopinta debido a los distintos intereses y orientaciones de las diversas universidades españolas, no cabe duda de que está siendo muy interesante y prometedor. No en vano en el informe que venimos comentando, se apunta que, junto con el Reino Unido, España cuenta con un elevado número de universidades integradas dentro del llamado grupo de “Universidades punteras”, caracterizado por su superioridad en un sentido amplio y por su elevado nivel de cooperación con otras universidades e instituciones educativas.
Al comparar la situación en España antes del año 1994 con la actual, el panorama con el que nos encontramos es el seguidamente se describe.
Antes del año 1994 contábamos con dos tipos de universidades:
- Universidades tradicionales o convencionales con oferta de cursos presenciales y, excepcionalmente, enseñanza a distancia.
- La Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), con un modelo de enseñanza semipresencial y con los medios tecnológicos adecuados que pudieran compensar la ausencia del profesor presencial:
- Radio
- Audiocasete
- Videocasete
- Televisión
- Videoconferencia
- Una oferta pequeña de software interactivo y multimedia.
A partir de este año, el panorama comienza a cambiar sustancialmente, y al día de hoy tenemos lo siguiente:
- Universidades tradicionales o convencionales que se agrupan en torno a dos ambientes:
- Universidades sin servicios complementarios virtuales.
- Universidades con servicios complementarios virtuales; las que, a su vez, aplican distintas estrategias:
i. Externalización mediante la creación de un organismo independiente para las enseñanzas por Internet.
ii. Integración dentro de un consorcio de universidades.
iii. Alianzas con empresas.
- Universidades a distancia: La UNED con un modelo mixto en la que la educación virtual es un complemento -no una alternativa- al tradicional método de educación a distancia, y que ha integrado las TIC para ofrecer un número importante de servicios en línea y una gestión más ágil de su proceso evaluador y de su actividad administrativa de cara al docente y al discente.
- Universidades basadas exclusivamente en el medio telemático: la Universidad Oberta de Cataluña.
No hay ninguna duda de que un aspecto que ha influido considerablemente en este desarrollo, ha sido la Ley Orgánica de Universidades [LOU, 2002] que en sus artículos 4.3 y 7.1 contempla lo siguiente:
Art. 4.3 .: Las Universidades podrán impartir enseñanzas conducentes a la obtención de títulos de carácter oficial y validez en todo el territorio nacional en modalidad presencial y no presencial, en este último caso, de manera exclusiva o parcial.
Art. 7.1 .: Las Universidades públicas estarán integradas por Facultades, Escuelas Técnicas o Politécnicas Superiores, Escuelas Universitarias o Escuelas Universitarias Politécnicas, Departamentos, Institutos Universitarios de Investigación y por aquellos otros centros o estructuras que organicen enseñanzas en modalidad no presencial.
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