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E-learning corporativo, clientes y usuarios en la picota
José Enebral Fernández
Un consultor español manifiesta su temor a que no siempre se evalúen suficientemente los productos de formación desde la óptica del usuario, perturbando la calidad y eficiencia de los mismos.
En e-learning corporativo, como en general en la formación continua, se ha de diferenciar entre el cliente y el usuario. Ésta es una vieja distinción, pero parece haber adquirido especial relevancia en el caso de la formación virtual. El dilema se evidenció desde los primeros oligonómicos tiempos del off-line (enseñanza asistida por ordenador), cuando los consultores de formación debíamos desarrollar procesos que causaran suficiente impacto a los ojos del cliente, dando cierta prioridad a las formas, sobre el menos visible hecho de que la información ofrecida en los cursos online fuera suficientemente autoexplicativa, valiosa, rigurosa, didáctica, y facilitadora de un aprendizaje eficaz que se reflejara en el desempeño laboral.
No sé si es cierto que los clientes compran e-learning por precio, y no por calidad, como aseguraban algunos proveedores asociados a APeL (Asociación de Proveedores de e-Learning de España), pero sí me parece que quizá se atiende más, en la formación virtual, a las formas que a los fondos. Que los contenidos sean idóneos y oportunos, rigurosos y didácticos, avanzados -pero autoexplicativos-, de modo que puedan evaluar a los usuarios al aplicar el aprendizaje alcanzado. Sin embargo, lo demás (las formas, la animación, la interactividad, etc.) parece ser evaluado por los clientes (típicamente directivos de las áreas de formación de las empresas). Temo que, por diferentes motivos, no siempre se evalúe suficientemente el producto desde la óptica del usuario.
Quizá, una vez incorporadas las plataformas LMS, las grandes empresas se vieron urgidas a llenarlas de contenidos. Lo que en ese momento primaba era la implantación del método frente a la tradicional formación en aula, pero hoy sigue pareciendo a veces que lo que identifica a los productos de e-learning es el acompañamiento cromático, cosmético, dinámico y orquestal (que supuestamente justifica el precio acordado con el cliente), y no tanto la calidad-eficacia de la información que ha de traducirse a conocimiento.
Unos recuerdos aleccionadores
Sancione el lector lo representativo de mis modestas experiencias, aunque debo decir que se refieren a empresas que, aunque no se identifiquen, constituyen referencia en el tema que se aborda. Probablemente las cosas están mejorando, pero lo digo más desde el deseo que desde la constancia.
Hablando de la actual etapa online, recuerdo cuando en los años 2000-2001, como docente, disponía de 20 horas para diseñar el guión interactivo de cada píldora de 2 horas (duración para el alumno) sobre el liderazgo, o sobre el compromiso, o la creatividad, o la iniciativa..., destinada a directivos de grandes empresas. En aquel entonces, debía estudiar a qué denominaba cada organización: creatividad, compromiso, iniciativa, liderazgo, organización inteligente, etc. Francamente, y con la ventaja que da el paso del tiempo, creo que mi propia empresa consultora de formación me estaba pidiendo que hiciera algo modesto, seguramente porque eso era lo que había vendido, y probablemente porque eso era lo que el cliente había comprado… Además, el área de producción de e-learning, sobre la base de mi siempre apresurado guión, hacía luego unas “películas” muy aparentes.
Me preguntaba entonces: “¿qué puede hacerse en dos horas de capacitación online para mejorar el liderazgo de un jefe?”. Salía más barato y era más eficaz —pensaba— leerse un librito como La paradoja, de James Hunter… El hecho es que acababa dedicando algunas horas fuera de presupuesto, para generar algo que no me avergonzara demasiado… Así, conseguía, durante el seguimiento tutelar, que los alumnos me dijeran que el curso había sido ameno; no me hacían ni una sola pregunta sobre el liderazgo o la iniciativa, o la creatividad, pero eran amables conmigo… Como tutor, recibía ciertamente quejas del funcionamiento de la plataforma, pero ninguna pregunta sobre el contenido del curso. Me decían: “Yo he hecho ya el curso, y aquí no aparece como realizado”.
Por hablar de un caso concreto, el curso del liderazgo intentaba que los alumnos, en conformidad con el modelo de competencias de su organización, pasaran, en la escala BARS correspondiente, del nivel 2 al nivel 3; es decir, de un nivel bajo a un nivel medio de liderazgo. O sea, que no se hicieran demasiado líderes. Claro, esto sería coherente y plausible desde la óptica de la metódica gestión por competencias, pero a mí me parecía distante del sentido común. Por mucho que yo aprovechara las 20 horas para hacer un buen guión, creo que no había mucha esperanza de que el liderazgo de los alumnos sufriera visible variación (al menos, como consecuencia de esta píldora). Tuve la sensación, luego, como tutor, de que los alumnos se veían formalmente obligados a seguir el curso, y de que su inquietud no iba más allá de que apareciera como “realizado” en su expediente.
La verdad es que solía dedicar al diseño hasta el triple de las horas presupuestadas, para lo que prolongaba habitualmente mi jornada de trabajo; aunque quizá habría podido tardar menos, si hubiera sabido más sobre los temas abordados. También recuerdo que en aquellos primeros años del aprendizaje virtual no se solía participar mucho en los foros de debate, y que, cuando se disponía de chat, este recurso se dedicaba a otros usos. Podría recordar más detalles, pero sólo quería subrayar el hecho de que los docentes teníamos, en esos años y a mi modo particular de ver, muy poco tiempo para los diseños a medida (a pesar de que las grandes empresas declaraban inversiones de varios millones de euros anuales en e-learning). ¿Adónde iría a parar —me preguntaba— el dinero de la formación virtual, si los docentes debíamos hacer los diseños fuera de presupuesto?
Ya dije que mi experiencia puede no ser especialmente representativa, pero quería explicar mi preocupación por la calidad y eficacia de los contenidos ofrecidos.
Cada cliente tiene sus propios criterios de compra, pero creo que los usuarios-alumnos han de abordar cualquier acción formativa, convencidos de su necesidad o interés, y puedan legítimamente desconfiar de las iniciativas que no satisfagan sus expectativas de calidad. Magnífico, cuando coinciden las expectativas de clientes y usuarios del e-learning, porque así se propicia el avance de la modalidad. Pero lamentable, cuando no es así, porque la formación virtual pierde seguidores.
Por otra parte, puede que coincidan las exigencias de clientes y usuarios, pero que éstas no sean satisfechas por los proveedores...
Volviendo al presente
Todavía hoy (2005), parece a veces que no importa que una información avanzada sobre un tema esté bien seleccionada, sintetizada y puesta en forma didáctica para ofrecer un aprendizaje eficaz y autotélico… si finalmente la ofrecemos en formato Word. Lo importante parece ser, en no pocas ocasiones, que la información sea multimedia, con su dosis de animación, y quizá todo ello sin fijarse mucho en la síntesis, el rigor, la didáctica y la eficacia.
Se diría que lo que justifica el importante flujo de dinero en el sector del e-learning corporativo, es que los mensajes salgan en pantalla letra a letra, o palabra a palabra, con lujo cosmético, y no tanto lo que se en ellos se diga; se diría que lo fundamental es que haya interactividad, aunque las preguntas sean poco relevantes, y el acierto o error con que se sanciona al usuario resulte discutible; se diría que, a menudo, se trata de añadir más coste que valor.
El lector tendrá sus necesidades y preferencias en materias transversales, pero ante una oferta de cursos, elegiría, por ejemplo, una buena síntesis sobre el valor de la intuición en las iniciativas innovadoras de las empresas, sobre la importancia de la inteligencia emocional en las relaciones interpersonales, o sobre las claves de la inteligencia colectiva de las organizaciones; aunque carecieran de animaciones y fueran sobrias de colorido. Y declinaría, en cambio, los cursos clásicos de participación en reuniones, de trabajo en equipo, o liderazgo, aunque llevaran gran aparato gráfico y dinámico.
Ya digo: cada uno de nosotros tiene sus preferencias, pero, déjenme insistir, habría que formularlas en términos de contenido y no de continente.
Parece admitido que no se están haciendo aprendizajes significativos. Se mueve mucho dinero, pero, en general, no se efectúan aprendizajes significativos en e-learning corporativo. En 2004, algunos proveedores culpaban a sus clientes de los fracasos habidos, otros sostenían que se compraba por precio y no por calidad...
Ojalá las cosas sigan mejorando en 2006; pero temo que se sigue subestimando la importancia de la información ofrecida para ser traducida a conocimientos o habilidades. Si no hay contenido, no hay aprendizaje. Cuando hay contenido, puede haber aprendizaje o no haberlo, en función del empeño del alumno. Pero si no hay información idónea, suficiente, relevante, dotada de propósito, no hay aprendizaje significativo.
Conclusión
Puede haber otras formas de ver la situación. Yo someto la mía, crítica y modesta, a la consideración del lector interesado. Soy partidario de dar satisfacción a la vista (y al oído, y al gusto...), pero sobre todo lo soy de dar satisfacción a la inteligencia: de nutrirla con conocimientos y otras competencias, que nos hagan profesionales más completos. Creo que el e-learning es incuestionable como método, pero me importan más los contenidos a aprehender: las competencias que nos hacen más completos.
Nuestros cerebros tienen muchas capacidades de las que no somos conscientes. Ni siquiera conocemos lo que el cerebro puede dar de sí. Apenas sabemos siquiera qué facultades tenemos más desarrolladas y cuáles menos. Sabemos quizá, que el inconsciente puede trabajar mientras dormimos, pero no le damos trabajo... Existe la intuición, pero no la cultivamos como se merece... Tenemos mucho que aprender sobre nosotros mismos y sobre los campos profesionales en que nos movemos. Hemos de nutrir la inteligencia, más allá de dar satisfacción a los sentidos: aprendamos de verdad.
*José Enebral es Consultor de Formación
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