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El
Caso del Rector Sordo
Iñigo Babot (Universidad Ramón Llul)*
A partir de una situación práctica
concreta, analizamos algunos factores críticos para la implantación
de la enseñanza virtual en una universidad tradicional.
Hace
unos meses, recibí una consulta formal del Rectorado de una
prestigiosa universidad española. El Rector, en persona,
quería conocer la operativa básica para introducir
programas e-Learning en la oferta docente de la citada universidad,
logrando que los cursos virtuales tuviesen una buena acogida general.
El enunciado de Misión que propuse para lograr el desarrollo
de una implantación virtual efectiva, paralela a la oferta
presencial con que cuenta esta institución desde hace siglos,
fue muy sencillo (aunque su implementación práctica
sea larga y complicada). De hecho, la Misión básica
puede resumirse recordando una sola frase, ya recogida en el antiguo
y conocidísimo himno universitario Gaudeamus Igitur (ver
http://digilander.libero.it/Marziale/
Grex/exempla/gaudeamus.html). La frase resume los dos elementos
fundamentales de la docencia: Vivant Academia, Vivant Professores!
En efecto, la academia está indisolublemente ligada a los
profesores. Sin unos, la otra no existe y no puede funcionar. Y,
por supuesto, los alumnos no pueden aprender. Evidentemente, esto
es igualmente cierto para el eLearning: lo más importante
para los estudiantes virtuales son unos buenos profesores, no una
academia ultra - moderna.
En síntesis, ¿qué le dije al señor Rector?
Pues intenté transmitirle: "Primero convenza Usted a
algunos profesores tradicionales para que le sirvan de abanderados
y apóstoles del eLearning. Luego, lo demás vendrá
rodado, porque el modelo virtual es muy potente. Pero debe empezar
por convertir a algunos de sus propios profesores".
Por cierto, esto mismo lo dijo también Tom Allen, desde el
MIT (ver http://www.infonomia.com/libros/prologobabot.asp),
en el prólogo de uno de los libros de la colección
de Infonomia!
El Rector me miró perplejo y repuso: "Me sorprende mucho
lo que me dice. ¿Usted, que es un especialista en tecnologías,
me habla de personas? ¡Lo que importa es tener una buena plataforma
y unos contenidos bien estructurados, hombre! ¡Si se tiene
eso, los profesores enseguida ven que el sistema funciona, que los
estudiantes cada vez usan más las Nuevas Tecnologías,
y se suben al carro!"
Yo le repliqué. Era obligado hacerlo: "Siento discrepar
totalmente. A sus docentes les costará muchísimo aceptar
cambios y se encontrará, sobre todo, con problemas humanos.
Ese, y no otro, será su cuello de botella. Lo técnico
es más rápidamente solucionable. La resistencia de
su claustro será su principal problema, créame".
Él, cada vez más escéptico.
A continuación, le comenté una serie de dificultades
con que se encontraría, que yo ya había visto en otras
implantaciones, y que muy bien enumera Gabriela Sacco, de V.O. &
Assoc. (ver http://www.vostudy.com.ar/vs/),
en el capítulo 14 del excelente libro de Tecnonexo, "e-Learning.
Mejores prácticas y recomendaciones para organizaciones iberoamericanas",
en que ambos fuimos invitados a colaborar.
Pedí permiso a Gabriela para reproducir algunos de esos problemas
con sus mismas palabras. Agradezco mucho su aportación y
paso a transcribirla.
¿Qué piensa un profesor cuando le piden que complemente
su actividad, con preparación y dinamización de programas
e-Learning? ¿Qué dudas tiene? Estas son algunas:
1- ¿Cuál será mi rol como docente en un programa
de eLearning?
2- ¿Cómo se me reconocerán las horas de dedicación
al dictado del curso?
3- ¿Cuáles serán mis derechos sobre los materiales
que elabore?
4- ¿Me reconocerán paga adicional por la elaboración
de materiales?
5- ¿Cuánto tiempo me llevará la preparación
de materiales?
6- ¿Qué me exigirán al preparar los materiales
para el eLearning?
7- ¿Bajará mi status y reconocimiento como docente,
en comparación con los docentes de la modalidad presencial,
por dedicarme al eLearning?
8- ¿Cómo administraré mi tiempo como docente?
9- ¿Quién y cómo me capacitará para
el uso de Nuevas Tecnologías?
10- ¿Se mantendrá la calidad académica de los
programas implementados en la modalidad de eLearning?
Tras acabar de exponer estas y otras cuestiones, el Rector me miró:
"Sr. Babot -dijo, frunciendo el ceño- parece que presupone
Usted que nuestro claustro es poco profesional o que tiene un comportamiento
negligente en su actividad docente. ¿Es así?"
"¡En absoluto! -repuse- Me limito a explicarle lo que
ocurrirá, sea cual sea la aptitud y la actitud general de
sus profesores. Ya sé en qué universidad me encuentro
y también sé que tiene un gran prestigio. Será
porque se lo habrán ganado con muchos años de trabajo
duro y seriedad, no lo dudo. Pero tiene usted más de 1.000
docentes, más de 40.000 alumnos y, estadísticamente,
es casi imposible que pueda implantar un e-Learning decente si no
consigue entusiasmar con el proyecto a un grupo suficiente de profesores,
en cada facultad donde le interese introducir la formación
virtual".
A lo que el Rector reaccionó: "Está equivocado.
Muchos alumnos ya usan las Nuevas Tecnologías con regularidad.
Piden que se incremente su uso constantemente. Si ponemos equipos
informáticos suficientes en las aulas, si la plataforma elegida
es sólida, el e-Learning se introducirá con rapidez.
Los alumnos se matricularán en programas virtuales y ello
inducirá a los profesores a usar el soporte. Ya lo verá".
"Lo siento, pero no lo comparto", le dije. "El asunto
no funciona así. Son los educadores los que convierten y
dinamizan a los educandos (o deben hacerlo), no al revés.
Los profesores deben inducir a los discípulos a usar los
foros, a entrar en debates virtuales, a usar las plataformas. Y
lograr esto, ser buenos dinamizadores, lo que usted tendrá
que pedirles a sus maestros, no es nada fácil. El e-Learning
es un escenario totalmente nuevo para ellos y, al principio, muy
duro de aceptar, por muy versátil y adaptable que sea su
claustro. Si no evangeliza a unas cuantas primeras espadas en cada
facultad (al menos, un 10%), si no logra entusiasmarles, si no les
mima y les explica todo con paciencia, ni los alumnos ni unas órdenes
estrictas de los decanos conseguirán extender la enseñanza
virtual. No logrará nada por la fuerza, ni gastándose
millones en tecnología. Eso sí, una vez implantado,
el e-Learning (o el Blended Learning) le maravillará a usted,
a sus profesores y alumnos. Es un modelo muy potente, créame".
El Rector cortó la reunión, me dio las gracias con
frialdad y, evidentemente, no me hizo el menor caso.
El resultado, tras casi año y medio de esta conversación,
ha sido desolador para esta universidad. Han gastado varios millones
de euros en comprar licencias de software, en ampliar capacidad
de máquinas y en producir contenidos (pagando una miseria
a los pocos profesores que han prestado su ayuda). Han lanzado sólo
8 programas virtuales cortos, en los que se han matriculado, en
total, 121 estudiantes.
Todo ello por no cuidar su máximo tesoro: su gente. Con una
inversión 20 veces inferior pero un equipo de 3 personas
válidas, explicando, educando y reconvirtiendo a maestros
tradicionales, el resultado sería más de 20 veces
superior.
En resumen, aquel Rector estaba sordo o lo parecía.
El otro día volvió a llamarme. Aun no he ido a verle,
pero iré. No creo que sirva de mucho, porque quiere pedirme
que le recomiende otra plataforma sobre la que construir los programas,
pero sigue sin cuidar a sus recursos humanos. No soy de los que
se callan, o sea que le llevaré este artículo y le
pediré que lo lea: debo intentar ayudarle, con toda sinceridad.
Y me temo que la reunión volverá a acabarse muy pronto.
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