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¿Es necesaria una política de formación para
la era digital?
Pablo
Valenti *
Las políticas de formación en
TIC pueden reducir la brecha digital e impedir que sigan aumentando
los marginados tecnológicos. El rol de Estado será
fundamental en la promoción de un debate sobre capacitación
para la virtualidad.
Es probable que la mayoría de nosotros cuando escuche hablar
de "brecha digital" intuitivamente lo asocie con el retraso
tecnológico, con escasas computadoras conectadas a Internet,
con los espectaculares desarrollo de la telefonía celular,
con personas de países industrializados que cada vez hacen
más cosas a través de Internet, como ser: comprar,
estudiar, adquirir pasajes de avión, reservar hoteles, buscar
información, bajar música, buscar recetas, conocer
amigos, usar el correo electrónico, teletrabajo, enviar fotos,
hasta conseguir pareja.
Si bien es cierto que se requiere de una cierta capacidad tecnológica
para el desarrollo de estas actividades, como por ejemplo disponer
de computadoras conectadas a la red, sin lo cual sería imposible
desarrollarlas, también es cierto que se requieren ciertas
capacidades adicionales de tipo formativo, ya que nadie nació
sabiendo que hacer con una computadora e Internet, y es por eso
que algunos hablan de la "alfabetización digital",
es decir formar a los ciudadanos en el uso de estas nuevas tecnologías
y sus aplicaciones.
En los países en vías de desarrollo existe fundamentalmente,
además de la dimensión tecnológica, una dimensión
humana de la brecha digital, que exige, más allá de
las intervenciones en infraestructura y conectividad, de otro tipo
de intervenciones de carácter cultural.
En realidad la Brecha Digital se sigue ensanchando no por la menor
cantidad de computadoras conectadas a Internet en los países
en vías de desarrollo, sino por la menor cantidad de personas
que piensan sobre que hacer con Internet y sus aplicaciones.
Para dar un ejemplo, con dotar a una escuela de conexión
a Internet no aseguramos su debido uso, debemos ser capaces de formar
al docente y que este forme a sus alumnos y que a su vez, estos,
aprendan a través de Internet sobre historia nacional, sobre
geografía nacional, sobre cultura nacional, es decir, que
existan personas formadas para crear contenidos adaptados a las
exigencias educativas de un país, y entonces será
preciso formar a los generadores de contenidos e incluso formar
a los administradores públicos responsables de articular
todas estas funciones.
Para comenzar el análisis comencemos por ver ¿quién
será el responsable de resolver este problema de la parte
humana de la brecha digital? La respuesta es obvia: los Gobiernos.
Serán los Gobiernos que deberán favorecer las condiciones
para que cada vez más gente incorpore entre sus capacidades
el uso de estas tecnologías.
¿Qué es una política de formación
en TIC?
Es una política que favorece condiciones para que los ciudadanos
accedan y usen las tecnologías de la información y
comunicación como parte de la estrategia de desarrollo de
una nación. Por ejemplo, en el uso que harán los niños
dentro del sistema de enseñanza formal, en el uso que harán
los trabajadores como parte de sus nuevas competencias laborales,
en el uso que harán los funcionarios públicos como
parte de la modernización de la administración pública,
en el uso que harán los investigadores para favorecer un
mayor desarrollo científico y tecnológico, en el uso
que harán los empresarios para favorecer una mayor competitividad
y en el uso que harán los ciudadanos en general para acceder
a los beneficios y oportunidades que ofrece la era digital.
Alguien se podrá estar preguntando, pero ¿por qué
una política específica en esta materia cuando todos
estos temas ya son parte de otras políticas, como ser: de
enseñanza, de competitividad, en ciencia y tecnología,
de reforma del Estado y otras? La respuesta a esta interrogante
es bien sencilla, en primer lugar porque hay que ser más
efectivos en las soluciones, la brecha digital se sigue ensanchando.
En segundo lugar, porque parte de esa efectividad depende de atacar
el problema en su conjunto y no por partes, si reconocemos la trascendencia
que este tema tiene en el desarrollo deberíamos convertir
una política de formación en las TIC en una verdadera
política de Estado. El rol de Estado será fundamental
en la promoción de este debate, en ordenarlo, en articular
las diferentes medidas, en coordinar su implementación y
en encontrar las soluciones a las recomendaciones que vayan surgiendo.
¿Por qué es necesaria una política
de formación en TIC?
En primer lugar para poder reducir la brecha digital y porque la
brecha digital no es un problema puramente tecnológico, es,
particularmente para los países en vías de desarrollo,
un problema de tipo cultural que requiere resolver qué hacemos
con Internet y quién lo hará.
En segundo lugar para luchar contra la pobreza y no seguir aumentando
la marginalidad, creando un nuevo tipo de marginados, los marginados
digitales, que no son otra cosa que los mismos marginados de siempre
pero ahora más marginados que nunca debido a la revolución
digital y las nuevas tecnologías. Si no intervenimos rápidamente
corremos el riesgo de crear otra categoría de ciudadanos,
ciudadanos excluidos de una nueva era determinada por el surgir
de las nuevas tecnologías.
En tercer lugar porque la era digital ha posibilitado condiciones
para una mayor y mejor forma de participación ciudadana,
y son justamente las TIC el instrumento fundamental para favorecer
nuevos y mejores mecanismos de participación y por lo tanto
de desarrollo. En realidad esta nueva realidad que llamamos Sociedad
de la Información no está determinada por las Tecnologías
de la Información y Comunicación, está determinada
por una nueva forma de organización económica y social
que fue motivada gracias al desarrollo de las TIC. Si no somos capaces
de integrar a los ciudadanos en un adecuado uso de las TIC no seremos
capaces de organizarnos para enfrentar las exigencias que establece,
hoy en día, el propio desarrollo. ¿De qué nos
sirve que promovamos un Estado más transparente a través
del gobierno electrónico si no hay ciudadanos en condiciones
de velar por el?; ¿de qué nos sirve crear más
empresas con capacidad para el comercio electrónico si no
tenemos clientes en condiciones de comprar a través de Internet?;
¿de qué nos sirve conectar más computadoras
en las aulas si no somos capaces de crear contenidos que se adapten
a las exigencias de los sistemas de enseñanza nacionales,
si no somos capaces de enseñar geografía, historia,
biología y cultura en nuestros idiomas y sobre nuestros países?
En cuarto lugar porque la competitividad de una nación depende
fuertemente de la capacidad que esta tiene para generar, difundir
y usar los nuevos conocimientos y esto en los tiempos que corren
guarda una relación directa con las capacidades de uso de
las TIC, ya sea de los trabajadores, los profesionales, los propios
empresarios y los consumidores.
¿Cuáles objetivos deberíamos lograr
con una política de formación en TIC?
Por un lado mejorar las condiciones de empleo de los ciudadanos,
es decir disponer de más puntos de acceso al alcance de los
ciudadanos, lugares donde formarse en el uso de estas tecnologías
y a costos accesibles.
Crear mejores condiciones para el desarrollo, la formación
en TIC nos debe permitir potenciar áreas tales como la investigación
y desarrollo, el surgir de nuevos emprendedores en el sector de
las TIC, la atracción de inversiones extranjeras, entre otras.
Aumentar la productividad. Es indudable que la introducción
de las TIC aumenta la eficiencia de los procesos productivos, aumenta
las capacidades gerenciales y por ende la competitividad, pero para
ello es preciso formar no solo a los trabajadores, sino también
a los empresarios, técnicos y hasta los consumidores.
Favorecer un cambio cultural en la ciudadanía para enfrentar
los nuevos desafíos del desarrollo, por ejemplo: en el acceso
a la información, en nuevas formas de formación, en
el acceso a nuevos y mejores servicios provistos tanto desde el
sector privado como por parte del sector público, el acceso
a nuevos medios de comunicación y otros.
¿Dónde intervenir en una política de
formación en TIC?
Como parte de estas políticas se puede pensar en cinco componentes
básicos o áreas de trabajo sobre los cuales articular
una política, definir responsabilidades y distribuir las
inversiones.
1. Por un lado en la formación de recursos humanos para el
sector de las micro, pequeñas y medianas empresas.
2. En la formación de recursos humanos para el sistema de
educación formal, tanto a nivel de educadores, como de alumnos
y funcionarios administrativos.
3. En la formación de más profesionales especializados
en el sector de las TIC, interviniendo en la mejora de la curricula
y creando estímulos para la especialización en estas
áreas.
4. En la formación de recursos humanos para favorecer la
universalización del acceso y el uso de las tecnologías
de la información y comunicación.
5. En la formación de los funcionarios públicos.
El trabajo y los desafíos que tenemos por delante son indudablemente
enormes y claro está que lo primero que se necesita es una
decidida voluntad política de ir adelante con nuevas estrategias,
nuevas inversiones y nuevas capacidades en temas que también
son nuevos y determinantes para nuestro desarrollo.
¿Quién empieza?
*Ingeniero y Doctor en Nuevas Tecnologías.
Esta nota fue publicada originalmente en la Asociación DEVNET/TIPS
América Latina, Montevideo, Uruguay.
Web: www.tips.org.uy.
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