| El e-learning y las cinco "worst practices" de la formación empresarial
Ángel
Pellitero García*
Analizamos los factores que generan prácticas erróneas a la hora de crear, implementar y evaluar procesos de capacitación "in company", y la función que puede cumplir la formación virtual en este contexto.
La
llamada formación "in company", tiene ya una tradición
y un peso específico en el tejido empresarial. Veamos cuales
son los factores que generan las prácticas erróneas
que se producen a la hora de crear, implementar, y evaluar la formación
en la empresa. Tales "worst practices" no se producen
en la misma medida en las grandes corporaciones multinacionales
o en las PYME. Conceptos como: plan de negocio, estrategia competitiva,
estrategia de RR.HH., o el enlace entre la formación y estos
conceptos a la hora de idear el Plan de Formación, se encuentran
alejados de la realidad de una PYME, normalmente más preocupada
porque su cuenta de resultados refleje balances positivos a corto
plazo.
Precisamente
por esta necesidad (en muchos casos de supervivencia en un entorno
cada vez más globalizado y con un mayor nivel de preparación
del cliente externo), se ha caído reiteradamente en cinco
errores convertidos hoy en día en verdaderos paradigmas de
la formación empresarial:
1) La Formación no llega a ser un proceso riguroso,
sino un elemento aislado.
En
la práctica la creación de un plan formativo se inicia
con el envío a los distintos departamentos de la organización
de un inventario de necesidades como única herramienta para
la detección de las mismas. No se "fotografía"
la situación actual, ni se define el escenario objetivo donde
se quiere llegar, ni se crea una visión global de cómo
afectará el Plan de Formación al resto de la empresa.
En definitiva, no existe la cultura de someter la formación
a los objetivos corporativos, la tratamos como un acto puntual normalmente
circunscrito a la fase de impartición y en ocasiones extendido
a la evaluación procesual y del participante. No se hace
un Seguimiento ni una Consolidación ya que suele ser demasiado
costoso en tiempo y en dinero.
2)
La actividad de formación se produce en un espacio físico
determinado: el aula.
Esta
idea choca frontalmente con el concepto de formación "just
in time", en el puesto de trabajo, y deja fuera conceptos formativos
como el autoaprendizaje, el e-learning, el "coaching"
o los equipos de trabajo. Estamos en un momento cada vez mas caracterizado
por la flexibilidad y la creatividad en los procesos de trabajo.
La formación debe integrarse en el espacio físico
y vital donde el personal de la empresa desarrolla sus funciones
y aplica los conocimientos, habilidades y destrezas asimiladas con
la formación. Aquí el e-learning representa un gran
valor añadido. Los autores de contenidos para la tele-formación
deben plantearse el diseño de acciones formativas que interactúen
directamente con el puesto de trabajo. Pensemos por ejemplo en un
material didáctico sobre GESTIÓN DEL TIEMPO que arranque
a las 09:00 horas de la mañana en el momento en que encendemos
el PC. Dicho material nos propone, en forma de ejercicio práctico,
gestionar el tiempo en las próximas cinco horas de tal manera
que identifiquemos y superemos los Ladrones del Tiempo y veamos
a las 14:00 horas si la programación inicial ha sido cumplida
y si el orden de prioridades y clasificación de tareas fue
respetado. Posteriormente nos dará la posibilidad de integrar
en el curso las "actividades tipo" que nos han llenado
la mañana, su comparación con lo establecido en el
curso y lo inicialmente propuesto.
Este
modelo que "persigue" al formando (el curso nos salta
automáticamente a las cinco horas) que tan esquemáticamente
he presentado, posibilita que el participante realice en su quehacer
diario los ejercicios y prácticas establecidas en el curso,
es decir se ha bajado hasta el umbral de trabajo efectivo de nuestro
empleado, se ha impactado directamente en su rendimiento.
Esta
gran ventaja del e-learning es difícilmente obtenible en
un aula.
3)
El Material Didáctico garantiza el éxito de la acción
formativa.
En
el campo de la formación tradicional, el éxito o el
fracaso de una acción formativa puede verse influido por
los materiales didácticos utilizados, pero éstos nunca
son determinantes. Un mal formador, una falta de motivación
de los participantes, la desconexión con la realidad de la
empresa o con las necesidades de los clientes internos, nos traerá
indefectiblemente el fracaso de nuestros propósitos.
Con
el e-learning viene a ocurrir lo mismo. Ahora bien en este modelo,
los materiales didácticos tienen una vital importancia, mayor
incluso que en la formación tradicional pues vienen a complementar
el rol del monitor y deben estar dotados de la metodología
didáctica apropiada en función del contenido que se
desea transmitir y el perfil de los usuarios a los que se orienta.
Por otro lado, no podemos olvidar que los partícipes en este
tipo de acciones suelen conectarse fuera de las horas de trabajo
y, en muchas ocasiones, desde su propia residencia. Nos enfrentamos
a personas físicamente diezmadas por la jornada laboral y
con otras responsabilidades y necesidades vitales a parte de su
formación continua. Tampoco podemos olvidar nuestro "carácter
latino". Si realizamos un ejercicio de sinceridad y coherencia
habremos de reconocer que no estamos en igualdad de condiciones
frente a otras culturas (nórdica, anglosajona) a la hora
de recurrir a la fuerza de voluntad.
Todo
esto genera que el diseño de un material didáctico
para un entorno de formación virtual, deba de garantizar
dos aspectos: la retención de la atención y la asimilación
de los contenidos. No obstante, aún siendo amigables, atractivos
y apropiados, los materiales que maneja el formando nunca son garantía
de éxito en el modelo de e-learning, también influyen
determinantemente otros parámetros.
4)
Contar con un formador experto asegura la eficacia de la formación.
Ante
la presente cuestión y centrándonos en la formación
tradicional se me ocurren diversos interrogantes:
· ¿qué sucede si en el diseño del programa
formativo no se contó con sus destinatarios y el producto
final se encuentra alejado de sus inquietudes?
· ¿qué sucede si nunca se tuvo en consideración,
a la hora de diseñar el enfoque de la formación, el
perfil de los participantes?
· ¿qué sucede si los materiales no gozan de
la coherencia, la estabilidad y la precisión necesaria?
Bien,
tales preguntas indican claramente que aún contando con un
monitor de contrastada experiencia y eficiencia, sus destrezas no
nos van a generar una acción formativa de calidad si el resto
de los elementos y herramientas de la formación no se orientan
también a ese fin.
En
la formación on-line, la figura del formador y su peso en
el proceso de aprendizaje es distinta. Nos encontramos ante uno
de los grandes retos de la formación por medio de redes telemáticas:
el cambio de rol del formador. Éste, debe de poseer un perfil
mas de dinamizador y motivador que de mero transmisor de conocimiento.
Su misión se centra en hacer que el usuario desarrolle su
propio aprendizaje, llevando una conducta dual activa y pasiva.
Activa en cuanto a la puesta en marcha, control y orientación
de las herramientas de aprendizaje colaborativo propias del e-learning.
Pasiva en el sentido de dejar hacer a los partícipes y actuar
a los materiales didácticos de tal forma que sean aquellos
quienes construyan su proceso de asimilación de contenidos.
El
formador on-line ya no es el centro de gravedad del proceso formativo,
ahora el verdadero protagonista es el usuario.
Del
mismo modo que la calidad del material didáctico no determina
por si sola la consecución de los objetivos buscados, el
"expertise" y el saber hacer del formador, aun siendo
de vital importancia, tampoco lo hace.
5)
La formación se culmina con la evaluación del programa.
La
inclinación común es finalizar la formación
con una fase de Evaluación tanto procesual como del programa.
Esto es grave, realmente grave. No podemos medir si una acción
formativa ha tenido éxito utilizando como único parámetro
el disfrute de los participantes. Es necesario verificar la aplicación
de las destrezas adquiridas en el puesto de trabajo y ver si han
tenido un impacto positivo en la empresa. Estos dos indicadores
normalmente no son visibles a corto plazo, sino a medio y sobre
todo, a largo plazo, siendo absolutamente necesario para ello, contar
con estrategias de Seguimiento y Consolidación de las destrezas,
habilidades y conocimientos que se han transmitido. Sin esta fase
no estamos otorgando la posibilidad de que se perpetúen en
la organización los resultados que se buscan. El proceso
que fluye naturalmente en estos casos termina con el desvanecimiento
de los efectos de la formación, volviendo así al punto
de partida.
La
fase de Seguimiento y Consolidación, debe ser planificada
con anterioridad a la implementación del programa. Las distintas
acciones a poner en práctica deberían pasar por una
revisión de los objetivos y del rendimiento que sigue a la
formación. Si el enfoque de ésta es coherente con
los objetivos empresariales y se realiza una ponderación
del rendimiento de los trabajadores, estaremos realizando un Seguimiento
y fomentando la Consolidación. Otras acciones, como la determinación
de tareas de aplicación automática en el puesto de
trabajo una vez finalizada su impartición, o la eliminación
de las barreras que imposibilitan la puesta en práctica de
lo aprendido, etc.…, nos van a permitir medir el verdadero
impacto que habremos producido.
¿Qué
es lo que aporta el e-learning a esta fase? Si volvemos al punto
donde se ejemplificaba el aterrizaje de la formación, a través
del e-learning, en el puesto de trabajo del empleado, observamos
que las posibilidades son variadas pero siempre imaginativas. Una
buena idea es diseñar acciones formativas que contemplen
la posibilidad de un "feed-back", posterior y continuo,
en la revisión de las prácticas establecidas en el
material didáctico. Es decir, el curso no terminaría
con la finalización del último módulo, sino
que contemplaría la posibilidad de integrar "prácticas
tipo" que permanezcan recogidas en él para su valoración.
De esta forma, el Departamento de Formación se encontraría
en conocimiento del grado de aplicación de los contenidos
en la rutina diaria del trabajador. El propio software debe contar
con herramientas que permitan automáticamente estos análisis.
Por
otro lado, con la creación de modelos de "blended learning"
(modelos semipresenciales) en donde mezclemos las ventajas de ambos
sistemas de formación, tenemos el campo libre para la realización
de acciones de Seguimiento y Consolidación. Podemos crear
desarrollos a medida que contemplen la realidad de los métodos
y procesos de trabajo con los que deba de trabajar nuestro equipo
humano. Un escenario sería el siguiente: una primera fase
en la que transmitimos la parte teórica de forma on-line;
una segunda fase dedicada a poner en practica la teoría anterior
mediante la realización presencial de dramatizaciones, role-play,
teatros de ventas etc.…; una tercera fase, también
on-line, dedicada a la Consolidación mediante el uso de simuladores
interactivos que nos señalen las diferentes opciones con
las que nos encontramos en el momento de desarrollar la actividad
laboral.
Conclusiones
De
cualquier forma y a modo de resumen, a la hora de afrontar la formación
empresarial no podemos olvidarnos que estamos ante un proceso que
debe planificarse rigurosamente; que debemos servirnos de las ventajas
del e-learning a la hora de acercarnos al puesto de trabajo del
formando; que debemos crear materiales didácticos que nos
aseguren la retención de la persona ante la pantalla del
PC y la asimilación de los contenidos; que debemos contar
con formadores adaptados a los nuevos paradigmas de la formación
on-line; y que si queremos que la formación sea un éxito
y perdure en el tiempo, tenemos que crear herramientas de Seguimiento
y Consolidación. ¡La imaginación al poder!
*Ángel
Pellitero García es Consultor Senior de GEC (Grupo UOC)
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