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La tercera generación del e-learning
Pablo Martín García (Instituto Universitario de Posgrado)*
Analizamos el desarrollo de comunidades virtuales de conocimiento como factor esencial para lograr mejoras en la valoración final de las experiencias de formación online por parte de los estudiantes.
Durante un tiempo se pensó que la formación online iba a funcionar al margen de la interacción social tan común en la formación presencial. Hablo de la época en la que se dejó a los alumnos solos ante el contenido, enfrentados a cursos estructurados y enriquecidos con todo tipo de recursos multimedia, pero alejados de cualquier contacto con sus compañeros o sus profesores. Durante esa época, el e-learning se presentó como la panacea, un modelo industrial de formación de bajo coste y alto rendimiento llamado a sustituir a la formación presencial. La teoría era que los alumnos se dirigirían voluntaria y animosamente a realizar cursos en soledad delante del ordenador, y que el beneficio sería inmenso para todos: una fuerza laboral más y mejor formada, la formación necesaria disponible 24 horas al día, 7 días a la semana, en cualquier punto del globo donde hubiese una conexión a Internet, donde hubiese un ordenador... El sueño de cualquier departamento de formación.
Todos sabemos lo que pasó después, sobre todo en aquellos mercados como el norteamericano que nos llevaba años de ventaja: atrapados en plena burbuja puntocom: las expectativas desmesuradas de crecimiento no se cumplieron, las empresas recortaron su inversión en formación (en caso de problemas, es siempre el primer punto de recorte), y toda la industria del e-learning se resintió. Hubo quiebras, fusiones apresuradas, retiradas masivas del mercado, despidos, reestructuraciones. El modelo entró en caída libre.
Sin embargo, en el fondo, el e-learning funcionaba, la formación online estaba ya lo suficientemente desarrollada como para poder competir en igualdad de condiciones con otros modelos formativos. Los contenidos estaban ahí y eran buenos, las plataformas sólidas, la única cuestión pendiente, y no era poca cosa, era cómo comunicar algo así a los alumnos, cómo hacerles más atractivo el comienzo, cómo rebajar las barreras de entrada, y cómo aumentar la satisfacción de la experiencia formativa, que no lo olvidemos, es mucho más que leer y estudiar en la soledad de una habitación enfrentado a la pantalla de un ordenador.
Dos han sido las soluciones más importantes que se han dado al problema de la reticencia de los alumnos a enfrentarse a programas de e-learning.
La primera llegó como una forma de asimilar la formación online a la formación presencial, un intento de combinar lo mejor de los dos mundos que se llamó originariamente blended learning, algo así como formación mixta, formación combinada, o multicanal. Ríos de tinta se han escrito sobre esta modalidad y hay numerosos casos de éxito documentados. Sin embargo, sigue presentando problemas comunes a la formación presencial: en un momento dado hay que reunir a todos los alumnos físicamente en un lugar concreto. Es un sistema que mantiene alto el interés y la motivación de los alumnos, que se sienten apoyados por sus compañeros y sus profesores, pero se tienen que reunir, se tienen que ver, casi podríamos decir que se tienen que tocar, y eso, cuando hablamos de muchos alumnos dispersos geográficamente, es un problema muy serio.
La segunda solución, que puede darse en combinación con la primera o aislada de ésta, supone ofrecer las herramientas para replicar online las interacciones sociales que se generan espontáneamente en el mundo presencial; esto es, crear una comunidad virtual. La experiencia nos enseña que el trabajo en grupo es más ligero y agradable que el trabajo en soledad, y sobre todo, que se aprende tanto de los profesores como de los propios compañeros, y eso es lo que se busca al crear comunidades virtuales.
Las comunidades virtuales pueden ir desde meros almacenes de información -un lugar común donde guardar documentos compartidos- a entornos enormemente interactivos, con herramientas de comunicación de tipo síncrono (chat, videoconferencia) y asíncrono (correo electrónico, foros de debate), lugares de trabajo en común, zonas de preguntas más frecuentes (conocidas a menudo como FAQ) que son mantenidas por los miembros de la comunidad, biblioteca de documentos o de enlaces de interés, áreas de noticias...
La generalización de las comunidades virtuales tiene varios efectos colaterales sobre la formación y sus participantes. Desde el punto de vista del contenido, impone la atomización del mismo porque el participante en una comunidad busca respuestas concretas a sus preguntas concretas, ya sea en forma de intervención en un foro o en forma de mini-curso online. Desde el punto de vista de las personas involucradas, los efectos son muy variados. Por un lado, convierte en imprescindible la figura del tutor, en su papel de dinamizador de la comunidad y punto pivotal de ésta.
Una comunidad no se crea y funciona de manera espontánea, es precisa una persona que consiga la masa crítica y la ponga en movimiento, y ese papel corresponde al tutor, verdadero enlace entre los profesores y los alumnos del curso, y potencialmente entre profesores y alumnos de distintos cursos. Por otro lado, aumenta el ámbito de actuación del profesor y democratiza en parte su papel, pues en una comunidad todo participante es creador de contenido y de conocimiento, y el profesor del curso puede convertirse en alumno de la comunidad creada en torno a ese mismo curso.
Sin embargo, desde mi punto de vista, el efecto más importante se da sobre el alumno y el papel que éste tiene que asumir sobre su formación: el alumno pasa de ser un receptor de conocimiento, a menudo pasivo, para convertirse en un elemento activo del conjunto, interactuando de forma activa con el resto de los miembros de la comunidad, generando y transmitiendo conocimiento que puede ser utilizado por cualquiera de ellos.
Como vemos, este tipo de comunidades incide positivamente sobre cualquier modalidad de aprendizaje, ya que enriquece notablemente la formación de vínculos entre sus distintos actores (alumnos, profesores, autores de contenido...) e incrementa el intercambio de información. Pero es particularmente bien valorada en el ámbito de la formación online, donde la creación de vínculos sociales no estaba originalmente contemplada y es solicitada continuamente por los alumnos.
*Pablo Martín García es Responsable de Estudios de Mercado del Instituto Universitario de Posgrado.
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