La revista digital de e-learning de América Latina Año 2 - Número 46 | Domingo 20 de Julio de 2008  

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Consideraciones básicas para su proyecto de desarrollo de contenidos
Santiago Subotovsky

En la educación virtual, cuando la plataforma tecnológica ya fue instalada, muchas veces se piensa que lo más difícil ha pasado. Suponiendo que se dispone de un LMS efectivo y eficiente, nos concentraremos en el análisis de los contenidos en el marco de un proceso de implementación de e-learning.

El desarrollo de un programa exitoso de e-learning es como el Nirvana: quienes han llegado no encuentran palabras para describir la satisfacción y beneficios que sienten al alcanzarlo, y esto es lo que hace que el camino para quienes no han llegado aún sea más difícil.

Escuchamos las maravillas de esta nueva práctica, pero a la hora de intentar implementar un modelo de éxito nos encontramos frente un abismo, sin saber qué dirección tomar para salir airosos. Desde la cima del Monte Everest la visión es clara y deslumbrante, pero el camino hacia la cumbre es una ardua tarea que requiere entrenamiento y conocimiento.

Luego de haber participado en numerosas implementaciones de soluciones de e-learning, con audiencias multiculturales y los más variados escenarios, se pueden identificar esas claves que pueden hacer del trayecto un proceso menos sinuoso.

Estos elementos serán vitales para que su solución de e-learning sea exitosa, pero no se debe olvidar que cada sendero tiene sus propias particularidades. Es por esto que es imprescindible conocer las consideraciones básicas, pero -más aún- entenderlas e internalizarlas, para adaptarlas a las necesidades propias de cada organización.

Teniendo en cuenta que una solución de e-learning tiene elementos tecnológicos, de contenidos y de servicios, vamos a concentrarnos en el condimento que -según la Consultora IDC- conforma el 60% de los costos de los proyectos de e-learning: el contenido.

Muchas veces, con la plataforma tecnológica instalada, se piensa que lo más difícil ha pasado. Lamentablemente esto no es así, ya que la plataforma tecnológica es importante pero no es la razón por la cual los participantes tomarán los cursos. De hecho, la tecnología se convierte cada vez más en un commodity que se supone que debería funcionar correcta y eficientemente para activar el proceso de aprendizaje.

Suponiendo, entonces, que se dispone de una plataforma tecnológica efectiva y eficiente, nos concentraremos en el contenido, al que Elliot Masie ha denominado “El Rey” del e-learning.

Para entender su importancia en la determinación del éxito o fracaso de una estrategia de e-learning, primero debemos entender el perfil de quien estará haciendo esta evaluación: el “e-learner”. Un personaje que se acerca a esta nueva modalidad, generando una demanda que puede provenir de fuentes variadas, a las que podemos agrupar en dos grupos: drivers coercitivos y drivers de eficiencia.

Mientras que los drivers coercitivos son aquellos que inducen a tomar la capacitación por cuestiones de certificación, requerimientos obligatorios de capacitación continua o cuestiones de compílanse; los drivers de eficiencia son los que estimulan a tomar cursos para progresar dentro de una organización, que puede ser una empresa o la misma sociedad.

Esto puede verse con la Pirámide de Maslow, en la que presenta una jerarquía de 6 necesidades que deben ser satisfechas:

  1. Necesidades fisiológicas: hambre, sed, sexo
  2. Necesidades de seguridad: física, económica
  3. Necesidades de pertenencia: afiliación
  4. Necesidades de estima: aprobación, reconocimiento
  5. Necesidades de autorrealización: desarrollo del potencial
Las tres primeras necesidades se relacionan con factores de contexto y, generalmente, son impuestas sobre el e-learning por sus superiores, con lo cual serían elementos exógenos, motivaciones extrínsecas o drivers coercitivos. Por otro lado, las últimas dos necesidades se relacionan con factores de contenidos, representando motivaciones intrínsecas o drivers de eficiencia, ya que provienen del propio trabajo o del individuo.

De ambos grupos, el segundo genera un nivel de motivación con resultados superiores de estimulación para el aprendizaje. Es por esto que, al trabajar programas de e-learning, se debe apuntar llevar al e-learner por todos estos niveles de motivación, ya que si no se capitaliza sobre los últimos dos, se pierde el efecto más poderoso y virtuoso.

Es importante entender que los adultos que tomarán cursos online habitualmente no tienen más dificultad que los niños para aprender. Mientras que los más pequeños saben que tienen que aprender y por lo tanto están dispuestos a hacerlo, los mayores asumen que ya han incorporado todo lo que tienen que saber y -por lo tanto- se vuelven menos permeables a nuevos conocimientos. Así, este argumento se convierte en una profecía auto cumplida. Sin embargo, es cierto que muchas veces los adultos tienen que atravesar un doble proceso, ya primero que tienen que desaprender prácticas que han desarrollado durante un largo tiempo -internalizándolas y haciéndolas suyas-, para luego aprender nuevos conceptos.

Cuando estos e-learners están motivados, se genera un estado de tensión en el que existe disposición para una acción consistente. Motivación que tiende a aumentar a medida que se incrementa la valoración de los contenidos (Teoría “esperanza-valor” de Rotter -1954- y Atkinson -1957-).

Una vez logrado el acercamiento a los programas de e-learning, la calidad del contenido es el elemento clave que funciona como catalizador para que el “e-learner” se entusiasme, y sus motivaciones -si eran coercitivas- pasen a ser de eficiencia, o -si eran de eficiencia- pasen a reforzarse, para que así la organización logre capitalizar sobre estos dos últimos factores motivacionales de Maslow.

Esta primera impresión que se llevan los “e-learners” puede condicionar el éxito o fracaso de todo el programa, ya que si el contenido defrauda sus expectativas, se dispara un ciclo vicioso que contagia a toda la organización.

Por otro lado, el desarrollo de “contenido apasionante”, genera una atracción hacia esta nueva modalidad y genera un espiral virtuoso que lleva a la organización a capitalizar sobre los niveles más altos de motivación para aprender.

Habiendo analizado algunos aspectos teóricos, nos encontramos con el escenario que el Sidhartha de Hesse debatía: sabemos a dónde tenemos que llegar, pero no sabemos cómo. Con el objetivo de dilucidarlo, en las páginas del libro “Contenidos de e-learning. Tendencias, procesos y recomendaciones”, materializamos en diez puntos de fácil comprensión y aplicación, el lector podrá encontrar un decálogo de consideraciones elementales para el desarrollo de contenidos fascinantes.

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