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e-Learning 2004: más sobre los contenidos
Reingeniería del e-learning: ¿una tendencia en las
empresas?
José
Enebral Fernández*
Uno de los grandes debates entorno al e-learning
corporativo apunta al complejo asunto de los contenidos, y su sintonía
con las circunstancias y expectativas de los usuarios. ¿Qué
se nos quiere decir cuando se trata de relativizar la contribución
de los contenidos al aprendizaje?
Creo
que hay varios debates abiertos en torno al e-learning en las empresas:
uno de ellos apunta al complejo asunto de los contenidos, y a su
sintonía con las circunstancias y expectativas de los usuarios.
Habrá otros debates y otros puntos de vista, pero a uno le
parece que los protagonistas del sector tratan de desviar la atención
sobre los contenidos en favor de la metodología, de la motivación,
del contexto, de la estrategia, del seguimiento tutelar...
Algo se nos quiere decir al tratar de relativizar la contribución
de los contenidos al aprendizaje, y vale la pena reflexionar al
respecto. Podemos estar asistiendo a una especie de reingeniería
del e-learning, que, en su caso, habría de sintonizarse con
la propia reingeniería del aprendizaje permanente en las
empresas, alineada, a su vez, con el competency movement y los niveles
de Kirkpatrick.
Los contenidos de calidad y eficacia resultan caros si se desarrollan
a medida, pero si los contenidos no son satisfactorios, los usuarios
de grandes empresas, acostumbrados a la formación presencial,
acabarán rechazando el método. Uno está convencido
de que el doble de calidad didáctica no elevaría el
precio más allá de un 20 ó un 25%. Bien está
el blended learning, porque casi nadie pensó que el e-learning
fuera a sustituir a otros métodos, sino a complementarlos;
pero quizá esa no es la respuesta, para la demanda de calidad
de los cursos on line.
Nos parece que, en su caso, el déficit de calidad de los
mismos no debe ser compensado por la formación presencial,
sino que la parte on line debe ser eficaz en la consecución
de sus propios objetivos parciales, como debe serlo la parte de
aula, de lecturas recomendadas, de coaching, etc.
Unos contenidos son multimedia e interactivos y otros no tanto;
en unos se aprecia carga didáctica y en otros no tanto; se
empieza a hablar de la googlelización del e-learning... Este
articulista ya no sabe si, además de ser un emergente business,
el e-learning es un método o un medio. Inicialmente, pensé
que e-learning era enseñanza programada servida por ordenador,
pero ahora ya no sé si leer un artículo en pantalla
es también e-learning. ¿Y si lo imprimo antes de leerlo?
Obviamente, todo vale si contribuye a un aprendizaje eficaz y atractivo.
A este articulista le importa más el fondo (lleno de rigor
y didacticismo, y alineado con las necesidades del usuario) que
la forma, lineal o interactiva, de los contenidos on line (una vez
alcanzado el suficiente atractivo). Soy, desde mi modesto punto
de observación, partidario de dividir la formación
por contenidos (conocimientos, habilidades, actitudes...) y no tanto
por métodos (c-learning, e-learning, coaching...).
Si todavía no nos ponemos de acuerdo sobre a qué llamamos
e-learning, sospecho que tampoco coincidimos al hablar de contenidos.
Cuando empecé a diseñar Enseñanza Asistida
por Ordenador (EAO) en los años 80, mi referencia próxima
era la denominada "enseñanza programada" impresa.
Tuve la fortuna de formar parte de uno de los equipos pioneros en
España en EAO y VDI (Videodisco Interactivo) y mi concepción
del aprendizaje autoconducido era entonces muy básica (no
había campus virtuales). Yo redactaba un manual del alumno
para su lectura unidad a unidad, disponiendo al final de cada una
un diálogo usuario-PC (en aquellos floppies), que venía
a suponer un refuerzo y una autoevaluación del aprendizaje.
Había pantallas de menú, de información...
y también pantallas de pregunta, en que el usuario debía
elegir entre las respuestas ofrecidas. El sistema reaccionaba a
cada opción, reforzando el acierto o explicando los errores.
Recuerdo que lo costoso era redactar las respuestas (A, B, C...)
a cada pregunta, de modo que, huyendo de lo banal, no se perdieran
oportunidades de aprender. Los propios docentes disponíamos
de las herramientas de autor necesarias (hablo de la segunda mitad
de los 80).
Mis últimos trabajos (2000-2002, en desarrollo de competencias
para directivos) correspondían ya a la etapa on line, y,
al menos en los proyectos en que participé, no se preparaban
manuales impresos para el alumno. El contenido programado se servía
on line, aunque había también lecturas recomendadas
a disposición del alumno -artículos, informes, etc.-
y, a menudo, consultas a un tutor. Cada cliente (grandes empresas)
tenía su modelo específico de aprendizaje on line,
aunque sin grandes variantes, salvo las derivadas del grado de implantación
del modelo de competencias. He oído hablar de "libros
electrónicos" o e-reading, pero nuestros diseños
eran multimedia e interactivos. Recuerdo la petición de un
curso on line para el desarrollo del compromiso en los directivos
de una gran empresa; no sabía qué decir y tuve que
hacerme un mapa mental al estilo de Tony Buzan, de los que ponen
a prueba el pensamiento conceptual. Tras las 2 horas del curso,
los usuarios podían descifrar el significado del compromiso,
su génesis y sus manifestaciones, pero poco más...
Diría que a este tipo de cursos debería seguir un
esfuerzo de autoevaluación y reflexión-introspección,
para encarar los necesarios avances.
Al hilo de esto, sé de cursos on line de apenas una hora
(o aun menos) de duración, con títulos tan audaces
como "Aprende a negociar con éxito", o "Cómo
realizar reuniones eficaces", o "¿Quieres ser un
presentador eficaz?". Hay, efectivamente, que decir que, con
el e-learning, han aparecido los microcursos, y, en seguida, hay
que añadir que no deberíamos trivializar el aprendizaje.
No está mal modularizar la formación on line, pero
no perdamos la visión de la realidad. Si vale la ilación,
uno respeta el adjetivo "eficaz" y -ya lo he dicho- relaciona
la eficacia de la formación con el competency movement y
los niveles de Kirkpatrick; o sea, la relaciona con la idónea
concepción de los contenidos, pensando en las competencias
que permiten una mejora del desempeño, en beneficio de los
resultados colectivos. Si relativizamos los contenidos, viene a
ser como si fabricáramos un refresco y quisiéramos
que se comprara por la botella; además algunas voces parecen
decir que lo importante es tener sed, y no tanto la calidad del
producto.
¿Qué persigue el e-learning en las empresas?
Creo que ya me he referido a estos detalles en artículos
anteriores. Conocí hace tiempo un estudio sobre Best Practices
(se menciona en el libro de AEDIPE-Pearson "e-learning: las
mejores prácticas en España") en que, identificando
el éxito de la formación on line con un end rate superior
al 75%, se dice que los factores clave del mismo -del éxito-
apuntan a la metodología y a los elementos motivacionales,
relativizándose paralelamente la contribución de los
contenidos.
De hecho, se alude a que en la Universidad aprendíamos con
contenidos que se califican de muy precarios, señalando como
tales a "los apuntes del más estudioso de la clase".
En esa primera parte del libro, su autor, José Ignacio Díez,
acaba recomendando a las empresas que dosifiquen bien su esfuerzo
inversor en contenidos. El consejero delegado de FYCSA, recientemente
elegido vicepresidente de APeL (Asociación de Proveedores
de e-learning), afirma también que: "Los contenidos
han sido magnificados durante estos tres o cuatro años pasados,
sin que se entienda muy bien la razón".
Y en el prólogo del mismo libro, Carlos Pelegrín,
director de formación de Telefónica (de larga tradición
en e-learning) sostiene: "Cuando se habla de e-learning estamos
centrándonos en dos elementos clave: tecnología y
contenidos. Sin embargo, ninguno de ellos tiene alta correlación
con el crecimiento y triunfo de la solución en la empresa".
Más tarde añade: "Lo cierto es que los mejores
resultados pueden alcanzarse con contenidos de calidad media...".
De la misma gran empresa, Hortensia Mañas (actualmente trabajando
para Educaterra) señala en el libro: "Los mejores resultados
provienen de una adecuada estrategia de implantación y no
necesariamente de una plataforma y unos contenidos". (No obstante,
en otros párrafos sí parece señalar esta autora
su inquietud por la calidad de los cursos on line, lo que encaja
mejor con mi idea de la formación en Telefónica de
España).
Hay que decir igualmente que, en la mayoría del resto de
capítulos de este libro de AEDIPE, los respectivos autores
(representantes de otras diferentes grandes empresas usuarias de
e-learning: Aena, Oracle, Ferrovial, Endesa, Alcatel, UOC, IBM,
SCH...) sí parecen apostar por una suficiente calidad de
los contenidos de e-learning -en beneficio del aprendizaje y la
mejora del desempeño-, y apuntan también a un buen
seguimiento tutelar, como elemento contribuidor al éxito.
Podría extenderme para justificar la oportunidad de la pregunta
que nos hacemos -¿Qué se persigue con el e-learning?-,
pero no lo considero necesario. El hecho es que el tema de contenidos
parece estar sobre la mesa, generando distintas opiniones, como
se ve en este interesante libro y en otros muchos foros de expresión
y debate.
Evitando divergir, vayamos a la pregunta. En uno de los extremos,
si por éxito perseguido del e-learning en la empresa entendemos
una alta participación de sus personas en los cursos on line,
comenzando y concluyendo los breves cursos programados (con contenidos
de calidad "media"), entonces parece natural que la motivación
extrínseca sea un factor determinante, y que las inquietudes
de los participantes se enfoquen al hecho de que la plataforma software
desplegada recoja su curso como "realizado", y quizá
sus "créditos" como conseguidos. Pero, en el otro
extremo, si por éxito entendemos la eficacia del aprendizaje
y la mejora del desempeño, entonces nos alineamos con la
mayoría de las empresas identificadas en el libro como "mejores
prácticas en España" (aunque lógicamente
no estén todas las mejores), y señalamos, como factores
clave, la idoneidad de los contenidos y la motivación intrínseca,
sin descartar otros elementos complementarios como el seguimiento
tutelar. Obviamente, entre estas dos posibilidades caben posiciones
intermedias.
Se dirá también que, con el e-learning, se persiguen
todas las ventajas que proporciona el método, que son muchas
y conocidas. Pero son muchas, en el caso de que los cursos sean
eficaces; el método no puede sustituir al contenido, sino
que se ofrece como continente. Creo que si el contenido fuera demasiado
superficial o vago, las ventajas del método se desmoronarían.
¿Por qué entonces hay prestigiosas voces que parecen
relativizar la contribución de los contenidos al éxito?
Quizá, por una parte, porque, por éxito, parecen entenderse
distintas cosas. No cabe dudar de la legitimidad de perseguir el
éxito en la implantación, pero entendemos que se trata
de un medio para asegurar el éxito en el aprendizaje y la
mejora del desempeño individual y colectivo. Y no se debería
perder de vista este fin.
Pero el análisis no puede ser tan inmediato y simple; de
modo que, por otra parte, hay que pensar que hasta ahora los contenidos
no están siendo satisfactorios, y que algo hay que hacer:
¿relativizar su importancia?, ¿dar paso a la googlelización
o el "aprende como puedas"?, ¿abrir con pompa y
circunstancia la etapa del blended learning, como si fuera una novedad?,
¿hacer un esfuerzo de mejora de la calidad de los cursos
on line?, ¿estandarizar los contenidos y reducir los proyectos
a medida?, ¿desbloquear los precios impuestos por los grandes
clientes?, ¿asegurar el mejor destino o resultado del dinero
invertido?, ¿dar mayor protagonismo a los docentes ante los
tecnólogos, durante el diseño-producción?...
Los contenidos mediocres pueden desaparecer, pero creo que el método
debe sobrevivir porque el e-learning puede aprovecharse mejor. Debe
aprovecharse mejor, si me permiten subir el tono de mi alegación.
Tipos de contenidos
Cabe pedir calidad y eficacia a todos los contenidos ofrecidos,
se cual fuere el método elegido; pero es verdad que los contenidos
interactivos multimedia ("enseñanza programada")
servidos on line, resultan caros si son buenos (esto lo decía,
por ejemplo, Maruja Gutiérrez, en el último congreso
de APeL). Quizá los precios vigentes en el mercado "a
medida" (hay más poder negociador en los clientes que
en los proveedores) no permiten a los productores de e-learning
ofrecer productos de plena calidad y eficacia, que satisfagan a
los usuarios. El hecho es que estos no parecen mostrarse muy satisfechos,
ya sea con la calidad de los cursos o con el propio método,
aunque no existe (o no conocemos) una Asociación de Usuarios
de e-learning, para proclamarlo.
Así las cosas, se ha comenzado a repartir el protagonismo
entre diferentes tipos de contenidos on line (atendiendo a la forma
en que se presentan). Todavía refiriéndonos al libro
de AEDIPE, José Ignacio Díez dice: "Conviene
igualmente mencionar la diversidad de contenidos utilizables en
un proceso de teleformación: desde un artículo de
autor sobre la materia de estudio en formato pdf, pasando por vídeos
o películas, o el desarrollo de casos en entornos virtuales,
o software educativo multimedia y muchos elementos más".
Y también y por ejemplo, María Teresa Arbués
y Lluís Tarín, de la UOC (por asomarnos al segmento
universitario, y en el que también destacaríamos a
la UNED), hablan de "núcleos de conocimiento, mapas
conceptuales y síntesis, ejercicios de aplicación,
casos y situaciones de estudio, recursos bibliográficos,
documentos de Internet, sites y webs aplicativos, proyectos y trabajos
realizados por los estudiantes, contenidos procedentes de los debates,
preguntas importantes respondidas por expertos". Se habla también
de simuladores (en el propio libro citado lo hace Antonio Peñalver,
del SCH) por aquello de aprender haciendo, aunque no estamos seguros
de que sea propiamente simulación todo lo que el mercado
nos ofrece como simuladores.
De modo que, aunque en los años 80 uno veía la EAO
como enseñanza programada "programada", hoy son
felizmente muy distintas las actividades de aprendizaje (learning
activities) que la etapa on line permite. Y también es verdad
que se puede aprender más de un buen artículo, leído
en pantalla o en papel (yo prefiero el papel), que de una mediocre
píldora on line de 2 horas, diseñada con el rigor
presupuestario de una oferta competitiva en precio, y quizá
con más aparato gráfico que carga didáctica.
Desde luego, si la píldora está bien concebida, con
esmero y vocación docente, puede ser más eficaz que
el artículo, aunque sensiblemente más cara. El caso
es que uno defendería la calidad de los contenidos, su ajuste
a expectativas y necesidades, antes que la forma en que se presentan:
lineal, interactiva, on line, off line, impresa... Lo que yo no
haría es relativizar su importancia, dicho sea con respeto
a quienes parecen hacerlo, y esperando que nos convenzan con argumentos
más precisos.
Una mirada al mercado
Se deben estar orquestando soluciones. Me refiero a soluciones
para lograr la deseada eficacia en el aprendizaje (Kirkpatrick);
para mantener el emergente business del e-learning; y para un mayor
rendimiento de los esfuerzos de formación continua en las
empresas. O sea, para que todas las partes encuentren satisfacción
a sus legítimas -no espurias- aspiraciones.
El sector del e-learning mueve ya importantes cantidades (y espera
mover mayores en rápido crecimiento), y hay que asegurar
un razonable y bien entendido retorno de la inversión, que
supere, si los hubiere, codiciosos intereses y objetivos desalineados.
Leíamos hace poco que Telefónica invertirá
10 millones de euros en e-learning, en 2004: bienvenidos sean, y
ojalá contribuyan plenamente al desarrollo de su organización,
como así será...; aunque su forma de anunciarlo me
parezca orientada a reforzar su protagonismo en el sector, como
cliente muy principal.
Uno sabe de la fuerza de las cifras, pero pongamos también
el énfasis y la complacencia en la calidad de los productos
y la satisfacción de usuarios. Todo parece apuntar a que
la deseada calidad, que tal vez no ha podido llegar con el e-learning,
llegará con el b-learning (blended learning); pero, en realidad,
yo creo que casi todo el mundo veía el e-learning más
como complemento que como alternativa, y, además y como ya
hemos dicho, cada parte del proceso debe ser igualmente eficaz en
la consecución de sus objetivos parciales. ¿O no?
Los propios proveedores de e-learning parecen aceptar la necesidad
de una combinación de métodos para llegar al suficiente
desarrollo de las competencias profesionales, aunque siga habiendo
opiniones distintas. Seguramente, asociaciones como APeL y Aefol
deben estar replanteándose estrategias y tácticas.
Tradicionalmente, las empresas de formación se especializaban
por materias (formación de directivos, formación en
Informática, formación en idiomas...), de modo que
el agrupamiento por método (asociaciones de e-learning) representó
una novedad en el año 2001, quizá inspirada por las
expectativas de crecimiento (luego algo frustradas).
Concretamente, no sabemos si, por ejemplo, APeL, que acaba de elegir
nuevo equipo directivo, se transformará en una asociación
de proveedores de b-learning, o si se orquestarán alianzas
entre los proveedores de e-learning y los de formación presencial,
o si las propias empresas de formación ofrecerán distintos
métodos (cosa que ha venido realmente ocurriendo en muchos
casos, aunque quizá los proyectos eran, mayoritariamente,
de un método o del otro). En relación con esto, dice
el director de formación de Telefónica que los proveedores
que son excelentes en e-learning no lo son en formación presencial
y los que lo son en ésta no lo son en aquél.
La cuestión quizá ya está resuelta, pero cabe
preguntarse cómo se abordará, por ejemplo, el desarrollo
del liderazgo en los directivos: una introducción on line,
un proceso de autoevaluación y feedback, a continuación
un workshop presencial, antes y después lecturas idóneas,
algo de coaching... ¿Habrá buena coordinación
entre las diferentes etapas? Si el e-learning no es suficiente para
desarrollar el liderazgo, o la creatividad, o la perspectiva sistémica,
o el pensamiento conceptual, o las técnicas de alegación,
o la capacidad de análisis y síntesis, o la autotelia
profesional, o la serendipidad, por hablar sólo de soft skills,
entonces, ¿cómo se repartirán los objetivos
la parte on line y la parte presencial? ¿Se conocerán
mutuamente?
¿Por qué contenidos apostamos?
Creemos que es urgente tomar mayor conciencia de la realidad
en el mundo del e-learning; al hacerlo, se convendrá en que
se precisan soluciones, y que el postulado tránsito al b-learning
debe orquestarse atendiendo mejor a las expectativas y necesidades
de los usuarios. Si me permiten continuar hablando de soft skills
(necesarias tanto para directivos como para knowledge workers y
otros colectivos), la formación (por competencias) podría
concebirse en etapas. Por ejemplo:
1. Sensibilización sobre la contribución de la competencia
al desempeño.
2. Pleno conocimiento de sus dimensiones.
3. Riesgos generados por las carencias correspondientes.
4. Evaluación/Autoevaluación del individuo.
5. Plan de mejora.
6. Acciones de desarrollo de cada dimensión de la competencia.
7. Reflexión-introspección.
8. Seguimiento tutelar del progreso.
9. Asentamiento e interiorización.
No pretendo aquí, improvisando, ser muy riguroso, sino mostrar
una división del proceso. Yo diría que las primeras
etapas se podrían abordar mediante e-learning, si es técnica
y presupuestariamente posible, pero el resto de etapas requerirían
seguramente otros métodos, siempre con gran protagonismo
y motivación intrínseca del individuo. De todos modos,
sería quizá más correcto decirlo de otra manera:
algunas etapas pueden ser autoconducidas (y, por lo tanto, podrían
ser on line) y el resto precisaría de ayuda externa. Naturalmente,
caben otras opiniones, y además cada caso debe ser abordado
de forma específica: obviamente, debe haber diferencias entre
desarrollar habilidades cognitivas, habilidades interpersonales,
valores, actitudes..., por no hablar de las hard skills.
En su caso, algunos objetivos de sensibilización pueden ser
alcanzados por un texto lineal, ya sea un libro o un buen artículo,
informe, etc., o por un vídeo, o por una sesión de
reflexión en equipo..., todo ello con la necesaria calidad.
Pero también pueden aprovecharse las ventajas del e-learning,
si su diseño resulta eficaz y rentable. El e-learning bueno
es tan caro como deficiente el barato, pero puede resultar perfectamente
rentable y deseable. La verdad es que uno seguiría diciendo
cosas, pero el lector merece descanso. Por escribir una última
frase, no sé si lo que está en juego son los métodos,
o los intereses encontrados de tecnólogos y docentes, o de
clientes y proveedores; pero los intereses que merecen aquí
mi modesta atención son los de los usuarios. Por una razón
sencilla: en ellos está la clave de la deseada consolidación
del método.
*José
Enebral Fernández es Consultor de Management y RRHH.
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