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Claves en la elaboración de contenidos para e- learning
José María Calés y Germán Ruipérez (UNED, España)*
Mucho se ha dicho sobre la sensación de aislamiento del alumno en un entorno remoto. Para evitar el desinterés y abandono de los usuarios de una solución de formación online, la correcta creación de contenidos para su distribución virtual es esencial. La visión de dos expertos españoles.
Nadie pone en duda que la nueva dimensión educativa -con la incorporación de las nuevas tecnologías- está experimentando un auge creciente en los últimos años. La enseñanza virtual -máximo exponente de esta revolución- supone un foco de atención para muchas empresas e instituciones, que han visto en ella no sólo un sistema eficaz desde un punto de vista didáctico, sino también un nuevo medio para hacer llegar sus contenidos -más allá de las fronteras que imponía el tradicional método de educación a distancia-. Y ello, con un considerable ahorro en infraestructura, aunque este tema -de especial efervescencia en estos momentos- es variable, dependiendo de si el agente gestor es corporativo o académico.
El e-learning o la enseñanza virtual, requiere, para su desarrollo, de las llamadas plataformas de gestión del conocimiento o Learning Management System (LMS). Estos espacios permiten realizar el proceso de enseñanza aprendizaje con enormes posibilidades didácticas y con una flexibilidad hasta ahora nunca contemplada, tanto para el docente como para el alumno.
Aunque es bien conocido por todos, un espacio de esta naturaleza incluye tanto herramientas de comunicación síncrona y asíncrona, como las orientadas a la evaluación y aquellas de vital importancia, que se requieren para depositar y gestionar los contenidos educativos, entre otras.
Si la plataforma esta bien desarrollada, todos estas herramientas deben contemplar una integración clara entre ellas, asegurando una versatilidad y precisión a la hora de organizar el proceso educativo.
En el mercado, existe un número significativo de estos desarrollos, aunque la calidad y posibilidades pueden diferir entre ellos. Pero en términos generales, con mayor o menos acierto por parte de los desarrolladores, todos poseen las herramientas de comunicación necesarias (foros de discusión, chat y correo electrónico), así como de evaluación, de seguimiento del alumno y de contenidos; donde el docente o la persona responsable del curso, deposita los materiales que van a conformar su contenido teórico o práctico.
La configuración de un curso virtual es variable en su dificultad, ya que hay aspectos que obligan a una mayor especialización que otros.
Por ejemplo, un curso virtual debe tener -por regla general-, además del contenido que le es propio -y que el alumno debe estudiar y comprender-, espacios de reflexión y diálogo (mediante foros de discusión o chat), y una sección adecuada para testar o evaluar los conocimientos adquiridos (pruebas de auto-evaluación o exámenes), fundamentalmente.
Las LMS, ya incluyen herramientas que, con una simple instrucción, permiten crear foros adecuados al curso (tantos como el profesor considere necesarios), organizar los chat u organizar una serie de pruebas que le sirvan al alumno para conocer de forma rápida el nivel de su aprendizaje o, incluso, poder realizar pruebas que pudieran ser vinculantes, para ir salvando y superando determinadas partes del curso. Asimismo, todas estas herramientas poseen unos Manager que dan la posibilidad de configurarlas, tanto en su temporalidad como en las condiciones en las que deben ser realizadas.
Hasta aquí, la configuración de un curso no suele presentar grandes dificultades, sólo la necesidad de ir creando las diversas pruebas, según las particularidades de la plataforma. Y por supuesto, someterse a un periodo corto de aprendizaje en el manejo de estas herramientas por parte del responsable.
Los contenidos: un desarrollo esencial
Otra cosa muy distinta es la elaboración de los contenidos que deben ser introducidos en el curso a disposición de los alumnos. Un aspecto que implica el dominio de una serie de instrumentos externos a la plataforma y el manejo de determinadas habilidades.
La creación de contenidos para su distribución Online es un proceso lento y laborioso, que involucra a varios agentes.
En primer lugar, es necesario que exista un experto en la materia a tratar, responsable de elaborar -según sus conocimientos-, el material teórico que posteriormente va a ser convertido a formato electrónico, para su distribución a través de la plataforma. Este especialista no suele tener más conocimientos que los que le proporciona su saber y, si cabe, algunos de ofimática, a fin de presentarlos en el formato adecuado para su posterior conversión.
Es importante que el experto disponga de una pequeña guía, en la que se le den las pautas adecuadas para que pueda elaborar los contenidos. Así, se le puede indicar la estructura primaria del curso e incluso el formato del texto que debe entregar (tipo de letra a utilizar si va a elaborar su documentos en un procesador de texto, márgenes, sangrados, etc), o la manera de presentar las figuras o gráficos a ser incrustados en el texto.
Esta guía es importante, pues de ella depende la agilidad en la conversión de los documentos y su adecuación a los objetivos generales del curso.
En segundo lugar, se debe contemplar al especialista en metodología. Su importancia es extrema, pues es la persona encargada de trabajar con el experto en contenidos, para que éstos lleguen al alumno con todas las garantías didácticas posibles. Le indicará cuáles son los epígrafes importantes que debe contemplar, la manera en que debe ser tratado lo escrito (extensión, cuadros necesarios, aporte gráfico), como así también supervisar el trabajo que este experto viene realizando, asistirle cuando lo requiera, y proponer a la sección técnica la elaboración de los elementos necesarios que deben ser incluidos de manera gráfica o dinámica.
Además de estos dos agentes iniciales, de cuya actividad depende la bondad del curso, existen otros técnicos que se encargarán de dar forma a todo el material elaborado por el especialista según las directrices metodológicas acordadas.
Estos técnicos son de varios tipos: los diseñadores -encargados de crear un entorno gráfico atractivo para el alumno y adecuado a las características del curso-, los expertos en maquetación multimedia y los programadores de recursos didácticos -especialistas, en la mayoría de los casos, en programación Java o Javascript-.
Nadie puede ignorar que en la actualidad existe un amplio mercado de cursos ya elaborados sobre distintas materias, aunque la idoneidad de estos contenidos no siempre es aceptable. Además, muchas veces estos vienen desarrollados en paquetes que resulta difícil adecuarlos a los requerimientos de los sistemas de los que dispone una empresa o institución educativa. Por ello, con frecuencia suele resultar más rentable elaborar los contenidos ad hoc.
Aunque sean unos segundos, es interesante detenerse en este último aspecto, para reflexionar sobre lo que supone este hecho, de manera diferencial, entre el mundo corporativo y el académico.
Una corporación arbitra la formación en función de sus necesidades. Algunas veces, esto requiere de cursos especializados que deben ser creados a propósito -por ejemplo, sobre el manejo de una determinada aplicación-; pero en otras, puede echar mano de cursos ya existentes, como podría ser el caso de un curso de ofimática o para el aprendizaje de una lengua extranjera. Sin embargo, en el ámbito académico -cuya actividad está supeditada a la expedición de un título en función de un determinado plan de estudios establecido- la cosa es algo más difícil, y avoca -irremediablemente- a la creación de cursos propios que cumplan con los requerimientos y objetivos del centro educativo y de la formación que imparte.
Como quiera que sea, un curso virtual, en cuanto a sus contenidos, debería contemplar los siguientes aspectos:
- Exposición ordenada y gradual de los conocimientos, no dejando -en contraposición a lo que muchos piensan- al libre albedrío del alumno, la navegación por los contenidos y, en consecuencia, la forma de aprenderlos. Es decir, considerando la flexibilidad que debe imperar en la educación a distancia, hay que procurar dirigir ordenadamente el estudio, bien por artificios técnicos dentro de la plataforma o por orientaciones didácticas.
- Los contenidos deben ser autosuficientes en su esencia. Es decir, deben recoger todo lo que se considere que es importante que el alumno conozca. Aunque es interesante también proporcionarle información complementaria por si desea ampliar o profundizar más. Esto es de especial significación en el ámbito académico, donde un aspecto que debe primar es el estudio crítico y el aprendizaje de la búsqueda de nuevos recursos.
- Los contenidos, si bien deben ser autosuficientes, no deben estar elaborados de forma tal que aíslen al alumno, pues es fundamental también su participación e interacción con el resto de sus compañeros y el docente; lo cual redunda en el enriquecimiento de su aprendizaje y su motivación.
- Hay que procurar también que los contenidos del curso no sean una mera copia electrónica del referente impreso, pues con ello estaríamos restringiendo las posibilidades didácticas de la enseñanza virtual. En este sentido, es necesario contemplar la proporción de texto y -allá donde se pueda- que la enseñanza venga apoyada por elementos multimedia, que la hagan más atractiva e impelen a la interacción y participación activa del alumno. Lo que, consecuentemente, mejora su capacidad para aprender.
Podría ser sugerente establecer algunos parámetros que fueran distintivos entre los materiales que deberían ser elaborados para los ámbitos corporativo y académico. Pero ello es difícil, pues todo depende de las características intrínsecas del curso de que se trate y de los objetivos marcados por el centro gestor.
Sin embargo, resulta aleccionador observar la forma en la que los contenidos pueden ser tratados dentro del propio ámbito académico.
Con respecto a las universidades, en la actualidad éstas se han acercado al e-learning de distintas maneras. Para unas, la educación virtual supone un ensanchamiento de sus fronteras, especialmente en las llamadas enseñanzas de postgrado. Para otras, no deja de ser un mero apoyo a la docencia tradicional, que es el fundamento de su existencia. Y para un tercer grupo, como es el de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) española, la incorporación de la enseñanza virtual ha supuesto, sin lugar a dudas, una necesidad.
La instauración de una enseñanza virtual, como complemento a la docencia presencial tradicional, es un hecho cuyo desarrollo depende del sentido que el profesor desee dar al curso virtual. En la mayoría de las ocasiones, se prima más que el curso disponga de información complementaria -que el alumno no puede recibir en clase- y de herramientas de comunicación, amén de una serie de recursos que complementen su aprendizaje.
En contraposición, la enseñanza virtual -como elemento fundamental y único del proceso de aprendizaje- es más compleja, ya que debe contemplar un entorno que emule -con plenitud-, las posibilidades con las que un alumno pudiera encontrase en un aula física. Pero que no sea simple reflejo de ello, sino que haga uso ordenado y meditado de todas las posibilidades educativas que suplan y superen la carencia de un contacto personal con el profesor; sobre las cuales prime la asunción de que es el alumno el que debe enfrentarse a los conocimientos.
Mucho se ha hablado de esta sensación de aislamiento del alumno en un entorno educativo a distancia. De cómo ello acaba haciendo mella en él y de cómo esta condición es la causante, en la mayoría de las ocasiones, de su abandono. A raíz de esto y, para finalizar, debemos decir que, con independencia de la calidad de los contenidos educativos de un curso, es -quizá más importante- propiciar la colaboración grupal del alumno a través de las LMS y fomentar su participación constante mediante el uso de las herramientas de comunicación. Esto asegura un buen rendimiento, y eleva su atención y motivación por aprender, especialmente en aquellas disciplinas o estudios de ciclo largo o medio, más que en los de corta duración, como podría ser el caso de los aprendizajes en entornos corporativos.
*José María Calés es Director del Departamento de Psicobiología de la UNED y ex Director de Tecnologías Avanzadas en esta Universidad. Durante los siete últimos años, su actividad profesional y académica le ha permitido desarrollar importantes proyectos, tanto en su universidad como en centros y universidades del extranjero, todos ellos relacionados con la educación y las nuevas tecnologías. Ha impartido diversos cursos, seminarios y conferencias sobre educación a distancia y nuevas tecnologías, y tiene varias publicaciones sobre esta materia. En la actualidad, es Director Ejecutivo de Expocampus (1er Foro de expertos de e-learning) y Director de organización de AEDISI, de la cual es cofundador.
*Germán Ruipérez es Doctor por la Universidad de Marburg (Alemania) y por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente se desempeña como Director del Laboratorio de Ingeniería Didáctica de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) de España y Presidente de la Agencia Española para el Desarrollo e Investigación de la Sociedad de la Información (AEDISI). Además, ha impartido docencia en cerca de una decena de universidades y es autor o colaborador de más de setenta libros, monografías, CD-ROMs, vídeos y artículos, relacionados con e-learning y enseñanza asistida por ordenador.
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