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e-Learning en condiciones severas
Iñigo
Babot (Universidad Ramón Llul)
¿Qué sucederá con el e-learning?
¿Los mejores centros docentes decidirán abrir sus
puertas al mundo? ¿Los más brillantes profesores internacionales
aceptarán impartir clases en un aula global? ¿Se compartirán
los más perfectos programas pedagógicos con ricos
y pobres? Reflexiones sobre la viabilidad de la educación
virtual cuando las condiciones no acompañan.
¿Es
el e-Learning un sistema sólo apto para países, centros
educativos, empresas o colectivos mínimamente ricos y cultos?
¿Puede implantarse también en condiciones adversas,
cuando ni el desarrollo tecnológico ni el nivel socioeconómico
sean propicios?
La respuesta a estas preguntas es capital, pues el e-learning
es, en sí mismo, un método que debiera poder introducirse
a nivel global y reportar beneficios también a los más
desfavorecidos, al menos en teoría. Un ordenador y un cableado
telefónico resultan mucho más baratos que el desplazamiento
a una importante escuela de negocios y el correspondiente pago de
su costosa matrícula.
¿Qué sucederá con el e-learning? Los mejores
centros docentes, ¿decidirán abrir sus puertas al
mundo? Los más brillantes profesores internacionales, ¿aceptarán
impartir clases en un aula global, virtual, sin barreras físicas
y, por supuesto, bastante más económica? ¿Se
compartirán, con ricos y pobres, los más perfectos
programas pedagógicos? ¿Tendrán acceso igualitario
a ellos, tanto los directivos de grandes multinacionales como los
de PYMES o micro-empresas? ¿Tendrán algo que decir
al respecto los gobiernos de uno u otro signo?
El e-learning (siempre que se haga bien) probablemente abarate la
formación, la universalice, la haga mucho más accesible
y asequible para diferentes clases sociales. ¿Qué
políticas se adoptarán, ante este fenómeno?
El conocimiento y la educación son las llaves del progreso,
del desarrollo económico y social. Muchos pueblos no prosperan,
simplemente, porque no pueden aprender. No son menos inteligentes:
sólo están menos formados. Numerosas dictaduras actuales
mantienen su poder evitando la educación de sus ciudadanos
y desinformándolos, manteniéndoles en la ignorancia.
Para ellos resulta mucho más fácil manipular gente
poco preparada.
Lo mismo sucede con las organizaciones y los individuos: cuando
se les enseña y permite hacer uso de herramientas tecnológicas,
avanzan enormemente en muy poco tiempo. Las barreras disminuyen,
las diferencias se acortan.
Así, compartir conocimientos es compartir riqueza y ser más
justos, dirán algunos... Pero, tratándose de conocimientos
empresariales, de técnicas de gestión y administración
de negocios, de estudios de mercado, también puede significar
alimentar a potenciales competidores, dirán otros.
Si ello sucede alrededor de unas estructuras corporativas cuya riqueza
fundamental, cada vez más, reside en el talento y formación
de sus colaboradores, supondrá que surjan duros competidores
donde antes parecía imposible encontrarlos (países
del Tercer Mundo incluidos).
Las historias de empresas que nacen en pequeños garajes o
chamizos y llegan a ser imperios, pueden ser mucho más frecuentes.
A través del e-learning, organizaciones y profesionales de
poder adquisitivo modesto podrán prepararse -virtualmente-
en centros que hoy les resultan inaccesibles, tanto física
como económicamente. Y, si cuentan con suficientes recursos
intelectuales, podrían atacar grandes dinosaurios o romper
sectores con mucha mayor asiduidad.
Democratización educativa global, podríamos llamarlo.
O algo así de rebuscado. En todo caso, un fenómeno
muy importante que puede igualar mucho más la contienda y
hacer más duros los mercados.
Ya sucede, con frecuencia, en el mundo del deporte: atletas pobres
compiten y ganan a atletas muy ricos sólo porque, por fin,
han accedido a materiales y equipamiento equivalente: los keniatas
y etíopes hace años que dan disgustos a los americanos
en atletismo, los nigerianos y cameruneses ya han ganado muchos
partidos de fútbol a potentes selecciones europeas. El talento
(y no el dinero) al poder.
Bien, esto parece totalmente correcto desde un punto de vista teórico.
Transcurridos dos años, ¿se va demostrando en la práctica
o se queda sólo en bonitas palabras, en wishful thinking,
como dirían los americanos? ¿Qué pasa, en realidad,
cuando las condiciones de implantación son severas, como
en Argelia, como en muchos países de Sudamérica, Asia
y África, como en pueblos perdidos dentro de nuestras propias
fronteras, como en microempresas con pocos recursos económicos?
Afortunadamente, hay buenas noticias. La implantación del
e-learning depende mucho más de las ganas de los actores
(y, a veces, de la voluntad política de los dirigentes, todo
hay que decirlo), que de sus recursos socioeconómicos. Se
están haciendo cosas muy interesantes con un palo y una caña,
ingeniándoselas con muy poco, siempre que haya el suficiente
talento y empeño.
Si tienen interés en esto, lean Ustedes los excelentes artículos
de un buen amigo, Nicolas Hellers, el Editor General de e-learning
América Latina (ver www.elearningamericalatina.com), acerca
de la implantación en países muy pobres del cono Sur.
O consulten la página del Tec de Monterrey (ver http://www.ruv.itesm.mx/).
Sin ir a otro continente, pregúntense que ha hecho la Junta
de Extremadura en pequeños pueblitos de esta comunidad autónoma
(ver http://www.aupex.org/ y www.creofonte.com).
La extensión del e-learning va siendo democrática
(con altibajos, naturalmente) y, poco a poco, llegará a muchos
(pobres y ricos). Esto permitirá ir educando a los más
humildes. Y esto SÍ es el inicio de una revolución
de grandes dimensiones, lenta y silenciosa pero imparable.
¿No se lo creen? Esperen y lo verán, porque ya hay
ejemplos por doquier y cada vez habrá más.
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