La revista digital de e-learning de América Latina Año 1 - Número 14 - Sábado 17 de Mayo de 2008  

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El lenguaje de los chats, entre la subversión y la diversión
Joan Mayans i Planeéis*

Los chats han entrado de lleno en nuestras vidas. Tanto si participamos en ellos como no. A nadie escapa su insistente presencia como reclamo en campañas publicitarias, su aparición en las tramas de películas y teleseries y su infalible centelleo en cualquier portal y en muchas páginas web de contenido diverso. Los chats se convierten en algo de lo que muchos hablan y sobre lo que muchos tienen ya una opinión, una experiencia o una historia que han oído y les ha impresionado. Son un referente común y socialmente compartido, aunque, en realidad, el grado en que se los conoce, masivamente, es apenas superficial. Su importancia en el desarrollo de comunidades virtuales, suele ser fundamental.

Realizar un cálculo fiable sobre la cantidad de gente que 'chatea' resulta complicado. Lo único realmente seguro es que ésta es una práctica social espectacularmente al alza. Según los datos combinados que se desprenden de los últimos Estudios Generales de Medios y, en particular, de las tres macroencuestas sobre Internet realizadas por la Asociación para la Investigación de los Medios de Comunicación, podemos jugar con varias cifras, siempre con mucha cautela.

Así, en la primera macroencuesta (realizada entre octubre y noviembre de 1996), un 16,2 % de los usuarios de Internet dicen haber utilizado, en su última sesión, "discusiones interactivas, chats y/o IRC". En la segunda (entre abril y mayo de 1998), hasta un 29,9 % responden a esta descripción. En la tercera y última disponible (octubre y noviembre de 1999), este dígito cae al 27,2 %. Observamos, pues, que el 'boom' de los chats se produce a partir de 1997.

Si cruzamos estos datos de la AIMC con los que proporciona el Estudio General de Medios sobre la penetración de Internet en España, comprendemos que el incremento del que estamos hablando es aún más significativo. El EGM calcula que los usuarios más o menos habituales de Internet han pasado de 526.000 (en el momento en que la AIMC realiza su primera encuesta) a 2.830.000 (cuando se realiza la tercera y última). Este baile de números nos lleva a inferir que, para finales del pasado año, más de una cuarta parte de los casi tres millones de usuarios habituales de Internet españoles se conecta, con diversas frecuencias, a "discusiones interactivas, chats y/o IRC". La vaguedad del enunciado es evidente, pero la conclusión a la que podemos llegar resulta impresionante: hay más de setecientos mil usuarios de chats y variantes similares en España.

Los datos son fiables, pero las lecturas a qué conducen no son unívocas. Por ello cabe afinar, para que resulten ilustrativos. Así, tan sólo una cuarta parte de los encuestados de 1999 dice no entrar nunca en "discusiones interactivas, chats y/o IRC". Otra cuarta parte dice no entrar "casi nunca". Por otro lado, un 16,5 % de los encuestados afirman utilizar estos servicios "varias veces por semana" y más de un 6 % lo hace "varias veces al día". Esto nos lleva de nuevo a hablar de más de seiscientos mil usuarios habituales de estos entornos.

Todo esto se refiere a una dimensión absoluta, con un margen de error importante. No obstante, si nos movemos en ámbitos más concretos, los datos son igualmente espectaculares, a la par que más fidedignos. Así, la red de chat IRC Hispano, la más concurrida del Estado, acaba de superar la cifra de diez mil personas conectadas simultáneamente. De hecho, sus cotas máximas no han parado de crecer durante todo el año 2000, a un ritmo reseñable: 7160 (3 de Enero); 7322 (5 de Enero); 8364 (15 de Enero); 8718 (5 de Febrero); 8912 (25 de Febrero); 9286 (10 de Marzo); 9477 (17 de Marzo); 9701 (24 de Marzo) y, finalmente, 10145 (31 de Marzo). Hasta ahí llegan nuestros datos. El aumento en menos de cuatro meses es superior al 41 %. Diez mil personas comunicándose simultáneamente, en total accesibilidad, a sólo un par de 'clicks' de distancia. Diez mil personas tecleándose palabras las unas a las otras.

No queremos insistir más en áridas cifras. Los parámetros de comparación no son claramente equiparables. No obstante, son dígitos lo suficientemente indicativos para que salte a la palestra la importancia social que los chats están adquiriendo día a día. Las nuevas ofertas de conexión privada y las campañas publicitarias que están llevando a cabo los llamados 'portales de Internet' -en las que el peso del servicio del chat es evidente- hacen que todo esto esté entrando en una fase de crecimiento aún más espectacular.

La lengua de los chats: consideraciones iniciales

Diez mil personas tecleándose palabras las unas a las otras... ¿Se imaginan lo qué puede ser de esas 'palabras'? Más de un sesudo filólogo o lingüista se mesaría las barbas con nerviosismo al observarlo. Alguno no dejaría de mirarlo con justificado interés. Los chats son un laboratorio social de bulliciosa actividad. Y esa actividad tiene por única materia prima el código ASCII, los 128 o 256 símbolos gráficos representables mediante el teclado de un ordenador. Nada, en comparación con la infinidad de matices representables por el tono de voz, la cadencia, la musicalidad, los gestos, la mirada o lenguaje proxémico presentes en toda conversación. Pero lo bastante para hechizar a magnitudes considerables de usuarios.

Unos usuarios que son conscientes de la ausencia de todas esas características presentes en la conversación oral. Y, por ello, unos usuarios que se lanzan a la ardua tarea de conseguir representar sus emociones y estados de ánimo a través de la estrechez del código ASCII, para gloria u ocaso -según el parecer de cada cual- de las estructuras lingüísticas en que se amparan. Las características del medio son ineludibles, y condicionan, de principio a fin, las interacciones verbales de los usuarios. Predominan las estructuras gramaticales sencillas. La necesidad de teclear deprisa, hace que las intervenciones sean cortas y que la corrección ortográfica no se cuide en exceso. Muchos usuarios afirman que, deliberadamente o no, intentan acercarse al máximo a lo que para ellos es una conversación cotidiana. Una conversación que tiene lugar dentro del registro 'oral'. No obstante, la conversación acontece, de hecho, por escrito. Lo cual es un fenómeno sin precedentes en la historia de la comunicación popular. Esto da lugar a una situación paradójica:

Por una parte, nos enfrentamos al más inorgánico y espontáneo de los registros escritos. Resulta próximo, desprovisto de convenciones y reglas gramaticales o, al menos, de la obligación de su cumplimiento. La tradicional caracterización distante del texto escrito se diluye ante la poca elaboración de las frases y lo instantáneo de su llegada al o a los receptor/es. Asimismo, la característica propiedad reflexiva del registro escrito pierde enteros, ante la imposibilidad práctica de revisar cada frase y el hecho de dividir lo que podría ser una opinión o una exposición de pensamiento, en diversas frases, entrecortadas por otros participantes, que hacen de la elaboración de una opinión o pensamiento algo compartido, participativo y escasamente lineal.

Quiere decir esto que al exponer un contenido en lengua escrita y de forma convencional, estamos acostumbrados a poder revisar la construcción formal (especialmente desde la llegada de los procesadores de texto informáticos, que llevan esta posibilidad al paroxismo perfeccionista absoluto) y a ir disponiendo los componentes del argumento de forma consecutiva, progresiva y lineal. Sin embargo, cuando esto es lo que pretendemos en un entorno como los chats, el sistema de argumentación es más similar al de una conversación oral: el contenido se improvisa más, se distribuye fragmentado. En un chat no es conveniente hacer frases o intervenciones muy largas, porque, tal y como ocurre en las conversaciones orales, éstas pierden interés y atención del público. Además, el factor del 'scroll' de pantalla (movimiento del texto en la pantalla: las intervenciones van desplazándose por la pantalla hasta desaparecer a medida que las nuevas van brotando) también influye en que las construcciones gramaticales de más de dos líneas sean poco eficaces. En esta peculiar forma de construcción de un discurso intervienen las opiniones y comentarios de la audiencia, interrumpiendo al 'ponente', apremiándole, pidiéndole explicaciones, contradiciéndole o, incluso, hablando, en paralelo, de otra cosa que nada tenga que ver.

De este modo, el discurso en un chat es una obra colectiva, fragmentaria y vital. En ella participan, en su proceso de creación, varias personas. A ello cabría añadir los que sólo leen, ya sea por estar en otra/s conversación/es o por el simple hecho de no querer participar activamente en la que está en marcha. Los contenidos del discurso se dispersan y se redireccionan por obra y gracia del medio, que favorece esta fragmentación. Y su vitalidad y su espontaneidad, son fácilmente identificables, por el carácter inmediato de su divulgación local. Es, en definitiva, el más segmentado, participativo y 'oral' de los registros escritos.

Por otra parte, tampoco cabe considerar que en los chats se dé una mera transcripción de una conversación oral. Si su falta de reflexividad, distancia y desorden estructural son notorios en comparación con el registro escrito convencional, al compararlo con un registro oral igualmente convencional, nos parecerá todo lo contrario. El mero hecho de escribir -más que escribir, teclear- las intervenciones les confiere una reflexividad, distanciamiento y estructuración muy superiores a las del registro oral. Todo lo que se 'dice' en un chat está mucho más 'pensado' que lo que se dice en una conversación oral, dejando escasísimo lugar para los 'lapsus lingüe'. A ello cabe añadir el hecho de que, por el simple factor de que siempre se habla más rápido de lo que se teclea, las intervenciones resultan más sintéticas y van más directamente 'al grano'. Más que en el registro oral y más, también, que en el escrito, puesto que no hay lugar a una excesiva retórica y prosopopeya.

De todas formas, a nivel comunicacional, la característica que más aleja a los chats de las interacciones orales es la ausencia de la información extra-lingüística, tal y como la conocemos hasta hoy: la comunicación oral precisa, como hemos dicho, de esa información: de los gestos, de la entonación, de las miradas, de los cuerpos, del ruido ambiental, del acento, de la cadencia de la voz, etc. Incluso en las conversaciones telefónicas, donde los interactuantes no pueden recurrir a la imagen física de su interlocutor, la función comunicativa de los factores extra-lingüísticos es crucial. Por ello, su ausencia, en los chats, es un factor determinante para comprender e interpretar su funcionamiento.

:continúa


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Los chats suponen una auténtica innovación en las formas que las sociedades humanas han utilizado para comunicarse: jamás había habido un medio de comunicación masivo, interactivo y por escrito que sea comparable a los chats. Por ello, era hasta cierto punto previsible que el referente oral fuera más fuerte que los referentes literarios o formales que sirven de ejemplo para todo tipo de comunicación escrita.