|

|
Desarrollo de competencias blandas mediante blended learning
José
Enebral Fernández*
Casi ningún proceso de aprendizaje avanza
sin recibir la valiosa contribución de Internet, como fuente
de información y conocimiento. Incluso, cuando hemos de mejorar
nuestras soft skills, encontramos en la Red contenidos capaces de
ayudarnos en los primeros pasos, y algunas claves para el progreso.
Se diría que los directivos están especialmente obligados
-sobre todo los más jóvenes- en lo que se refiere
al mantra del aprendizaje permanente, más allá de
la etapa universitaria. En ellos parece inexcusable la autocrítica
y el conocimiento de sí mismos, como medio para alcanzar
los niveles óptimos en sus competencias, es decir, en los
conocimientos, habilidades, actitudes, creencias, sentimientos,
fortalezas y comportamientos exigidos en su desempeño profesional.
Pero ya casi ningún proceso de aprendizaje avanza sin que
pueda recibir valiosa contribución de la Red, y ésta
constituye una importantísima fuente de información
y conocimiento para todos. Incluso cuando hemos de mejorar nuestras
soft skills, encontramos en la pantalla del ordenador contenidos
capaces de ayudarnos en los primeros pasos, y asimismo algunas claves
para el progreso.
Sin duda el PC es, en efecto, un instrumento valioso para el aprendizaje
permanente, y todos los titulados y directivos conectados practican
el blended learning en sus empresas: navegan y hacen serendipitosos
descubrimientos, siguen programas online, leen libros y artículos,
asisten a conferencias y workshops, se forman en el trabajo.. Algunos
afortunados disponen incluso de un buen coach (cosa distinta de
los esfuerzos tutelares de algunos jefes, no obstante bienvenidos).
Obviamente, cuanto mayor sea el deseo y el potencial de desarrollo
de los profesionales, mayores frutos se obtendrán del esfuerzo
dedicado. En suma, las posibilidades de las redes de comunicación
han forzado una especie de reingeniería del aprendizaje permanente
en las empresas, a la que contribuyen métodos electrónicos
y no electrónicos.
Estamos utilizando algunos conceptos sobre los que hay que profundizar:
aprendizaje permanente, competencias, soft skills, blended learning,
coaching... En definitiva, pretendemos reflexionar con el lector
interesado sobre el continuo desarrollo de competencias soft -es
decir, de carácter personal-, en directivos y titulados,
mediante la más idónea combinación de métodos.
Uno cree que aquellos seminarios en aula (o en hoteles, y a veces
en régimen interno) sobre gestión de personas, sobre
presentaciones, sobre trabajo en equipo, sobre liderazgo, sobre
ventas, sobre desarrollo de reuniones, etc., no supusieron, en general,
un sensible avance en el aprendizaje; la eficacia debe demandar
algo más y las empresas son conscientes de ello.
De hecho, y como se recordará, a aquellos seminarios, quizá
típicamente orientados a la tarea y en menor medida a la
persona, acudíamos con diversos propósitos:
- por imperativo de la empresa o del jefe;
- para oxigenarse, dejando unos días el puesto de trabajo;
- para mejorar el expediente o currículo personal;
- para relacionarse;
- para aprender, convencidos de la necesidad.
Podría haber alguna razón más matizada, pero
lo normal es que uno, en los años 80 y 90, asistiera a aquellos
seminarios movido por una mezcla de los citados ingredientes, y
que las expectativas de calidad se correspondieran, en alguna medida,
con estas razones. Tuvo que predicarse la eficacia de la formación
(recordemos lo de los niveles de Kirkpatrick), para que prestáramos
mayor atención al aprendizaje, a la vez que el competency
movement se abría paso, y que la inteligencia emocional recibía
finalmente la bienvenida en el mundo del management. Postulados
como el liderazgo y el trabajo en equipo sonaban mucho en los años
90, dentro de los cambios culturales en curso en grandes empresas,
como también, ya en el lado científico del management,
sonaba la reingeniería de procesos o la calidad total.
A todo esto, recuerden que llegó el e-learning, con ambicioso
impulso y sólido respaldo de la tecnología. Ya se
había experimentado la Enseñanza Asistida por Ordenador
y el Vídeo Interactivo en los años 80, en los que,
además de los floppies de 5 pulgadas, se usaban aquellos
laserdiscs, antecesores del CD-Rom y el CD-i; pero, en plena oleada
de Internet y el e-business, se abrió paso el e-learning
-aprendizaje on line, simplificando-, en torno al año 2000,
amparado en la tecnología de la Red y en los campus virtuales.
Venía a consistir en aquella enseñanza programada
impresa, que luego se empaquetó en soportes magnéticos
y ópticos, y que finalmente se ofrecía on line.
Los numerosísimos (en grandes empresas) seminarios de los
años 90, casi pasada ya la avalancha de la Dirección
por Objetivos, parecían a punto de ser sustituidos por cursos
on line de breve duración, a menudo alineados con los modelos
de competencias implantados. Aunque se ofrecían -y todavía
se ofrecen- cursos on line sobre escritura "eficaz", negociación
"con éxito", presentaciones "eficaces",
reuniones igualmente "eficaces", etc., lo cierto es que
pronto aparecieron las -así denominadas- píldoras,
para el desarrollo de competencias concretas, tales como la iniciativa,
el compromiso, la creatividad, el pensamiento sistémico,
la influencia, el liderazgo, etc.
De modo que en los primeros años de este siglo, el mercado
del e-learning para directivos y titulados parecía inspirarse
en el competency movement, aunque quizá no tanto en la eficacia
que había predicado Kirkpatrick. Diseñador uno entonces
de estas píldoras, y también tutor -ora proactivo,
ora reactivo-, en campus virtuales, de miles de directivos de grandes
empresas, recuerdo que manejábamos objetivos tal vez algo
pretenciosos. No se puede avanzar mucho en dos horas on line, cuando
se trata de desarrollar la iniciativa, el compromiso, el pensamiento
conceptual, la creatividad, el liderazgo, la perspectiva sistémica,
la comunicación oral o escrita, la empatía, etc.
No debe ser casualidad que algunos proveedores de e-learning, y
asimismo algunos clientes, hablen más de éxito (en
la implantación) que de eficacia (del aprendizaje), y que
se intente medir el éxito con parámetros diversos
como el start rate y el end rate, mientras estos mismos ratios se
favorecen de sistemas de puntos o créditos; ni debe ser casualidad
que finalmente se haga aparecer el blended learning como solución
auténticamente eficaz, entendiendo como blended learning
una combinación del e-learning con formación presencial.
En definitiva, el e-learning no estaba resultando, salvo alguna
excepción, suficientemente satisfactorio, aunque la insatisfacción
podría apuntar tanto al método como a los contenidos
ofrecidos, e incluso a problemas técnicos, o a la orquestación
u organización de los programas de formación online.
Recapitulando
Se trata -no lo perdamos de vista- de desarrollar de forma eficaz
competencias que son fundamentales para los profesionales y directivos,
muy en general; o sea, casi con independencia de la responsabilidad
concreta; o sea, apuntando sobre todo a la relación con uno
mismo y con los demás; vaya, que hablamos de habilidades
o rasgos relacionados con la inteligencia o madurez emocional, sin
olvidar otros de carácter cognitivo igualmente desarrollables,
o, por lo menos, mejorables en su aplicación cotidiana. Nos
referimos a cosas como las recogidas en las siguientes columnas.
| Grupo
cognitivo |
Grupo
intrapersonal |
Grupo
interpersonal |
Manejo
de conceptos
Pensamiento estratégico
Análisis
Síntesis
Amplitud de miras
Perspectiva sistémica
Razonamiento lógico
Creatividad
Pensamiento holístico
Serendipidad
Indagación
Alegación
Pensamiento reflexivo
Concentración
Agilidad mental
Recurso a analogías
Intuición
Pensamiento exploratorio
Otras |
Autoconocimiento
Confianza en sí mismo
Flujopropensión
Autocontrol
Integridad
Flexibilidad
Compromiso
Autotelia
Afán de logro
Afán de superación
Optimismo
Energía psíquica
Confiabilidad
Paz interior
Atención al detalle
Organización
Iniciativa
Resistencia
Otros |
Empatía
Solución de conflictos
Gestión de la diversidad
Delegación/empowerment
Liderazgo
Conciencia política
Accesibilidad
Sociabilidad
Comunicación oral
Influencia
Facilitación de cambios
Orientación al servicio
Mindfulness
Comunicación escrita
Colaboración
Trabajo en equipo
Formulación de feedback
Comunicación no verbal
Otras |
Estas
listas son espontáneas; cada empresa clasifica y formula
sus soft competencies, de acuerdo con su estrategia y sus objetivos
o prioridades. No vale la pena discutir si la serendipidad es más
o menos cognitiva que emocional, o si lo es la creatividad, o si
la reflexión pone en juego igualmente un mix de elementos.
No hemos incluido cosas como la negociación o la mediación
porque las interpretamos como tareas que, por lo tanto, apuntan
a varias competencias de entre las recogidas y las no recogidas.
De todos modos hay solapes y, de hecho, la mayoría de estos
atributos o habilidades actúan en sinergia.
Lo importante, permítasenos la perogrullada, es saber en
cada caso de qué estamos hablando, y saber cómo desarrollar
cada competencia. Y saber que no se puede desarrollar visiblemente
en unas pocas horas, y ni siquiera en unos pocos días. Y
saber que, a pesar de ello, vale la pena emprender la marcha. Y
saber que no sólo nos vamos a desempeñar mejor en
el trabajo, sino que además vamos a ser más felices.
Y que también vamos a contribuir a la satisfacción
en el entorno.
Todavía dentro del área soft, además de llenar
más filas, podríamos abrir más columnas: actitudes,
valores morales y espirituales, creencias, sentimientos... Todo
esto es cultivable, y hay muy diversos modelos de competencias:
casi tantos como empresas inspiradas en el movimiento que inició
McClelland en 1973, en aquel legendario artículo. No pretendo
yo ofrecer aquí otro modelo, sino contribuir al debate sobre
el desarrollo de este tipo de competencias personales, mediando
o no, el e-learning.
Desarrollo por etapas
Cuando este columnista se pregunta cómo desarrollar el perfil
soft de los directivos jóvenes o directivos "con futuro",
se responde que ha de hacerse por etapas. Pero no se trata tanto
de poner un poco de e-learning, algo más de c-learning (aula)
y coaching al gusto según presupuesto, como de ver qué
objetivos parciales hay que alcanzar, y qué contenidos y
métodos resultan adecuados e idóneos para ello. Ya
habíamos formulado una perogrullada u obviedad, pero hemos
necesitado esta otra y quizá recurramos a más, si
el lector nos acompaña. Tratándose del desarrollo
de directivos con suficiente potencial y empeño, para cada
competencia este consultor apuntaría, para empezar, los siguientes
10 pasos:
Etapa inicial, vía e-learning y otros medios/métodos
1. Pleno conocimiento de la anatomía y dimensiones de la
competencia.
2. Sensibilización sobre el aporte de la misma al desempeño.
3. Estudio de riesgos generados por las carencias correspondientes.
4. Evaluación/autoevaluación del individuo, sin excluir
el feedback.
Etapa tutelada, típicamente a modo de coaching
5. Plan de mejora, establecido con tutor.
6. Acciones de desarrollo de cada dimensión de la competencia.
7. Seguimiento tutelar del progreso, a modo de coaching.
8. Reflexión-introspección.
Etapa final
9. Asentamiento e interiorización.
10. Comprobación de la mejora del desempeño y los
resultados.
Aquí no hay nada nuevo, pero he querido explicitarlo para
facilitar el debate. Naturalmente, este proceso se puede emprender
a la vez para una familia, no muy numerosa, de competencias. Por
elegir, como ejemplo, un grupo compacto de asignaturas pendientes,
se podría empezar por el autoconocimiento, la autocomprensión
y el autodominio (si no resultara demasiado ambicioso, en función
del estado inicial). Obsérvese que no voy a comenzar la mejora
del autoconocimiento (etapa nº 6), o a pensar si me conozco
o no me conozco (etapa nº 4), sin saber en qué consiste
el autoconocimiento (etapa nº 1). Y lo mismo cabe decir de
la empatía, la influencia, el liderazgo, etc. Tenemos, por
cierto, muy distintas concepciones del liderazgo..., pero esta sería
otra historia.
Bueno, quizá todo esto pone a prueba el empeño puesto
en el desarrollo profesional emprendido. Y tanto el empeño
del individuo, como el de las áreas de recursos humanos.
¿De verdad queremos avanzar en el desarrollo de las competencias
necesarias en los directivos con futuro, más allá
de salpicar el trabajo con acciones formativas periódicas,
a menudo online?
Uno se suma a los que creen que una de las claves de la reingeniería
del aprendizaje permanente apunta a la asunción de protagonismo
por el individuo, impulsado -y respetado- este protagonismo por
las áreas de recursos humanos, y con ayuda no "posesiva"
del jefe. Si nos fijamos, los cuatro primeros pasos podrían
ser autoconducidos, si el individuo dispusiera de un material didáctico
adecuado, ya fuera en red u offline, ya fuera lineal o interactivo,
ya fuera textual o audiovisual, pero siempre con la necesaria calidad
didáctica y el rigor debido; empero, todo apunta al b-learning.
Nunca he visto bien que las áreas de recursos humanos, o
los jefes, obliguen a los individuos a hacer cursos sin que éstos
estén convencidos de su interés, ni siquiera para
alcanzar grandes cifras o ratios tras la inversión en plataformas
de e-learning. Creo que se debe encarar el aprendizaje con motivación
intrínseca y autotelia, y que no está de más
recordarlo. En la universidad quizá estudiábamos para
aprobar las asignaturas y obtener el título -aprendizaje
exotélico y motivación extrínseca-, pero cosa
distinta es la formación continua, en la que aprendemos para
mejor desempeñar nuestro trabajo y obtener mejores resultados.
Algunos hemos descubierto ya de adultos la satisfacción de
aprender, de ir sabiendo más, de ir completándonos
como seres humanos. Por cierto, me parece a mí que cuanto
más se avanza, más camino se ve por recorrer...
Conclusión
Nos parece que los tiempos que corren obligan al máximo rendimiento
posible, tanto en directivos y knowledge workers, como en el resto
de trabajadores. Y nos parece también que la calidad de vida
en el trabajo puede y debe mejorar sensiblemente. Ésta está
quizá más relacionada con el aprendizaje colectivo
u aprendizaje organizacional, pero también con el individual,
al que nos estamos refiriendo en este artículo.
El blended learning no es nada nuevo, aunque la expresión
parece apuntar a una combinación en la que no debe faltar
el e-learning. Efectivamente, podemos acceder, on line u off line
a buen material de aprendizaje, lineal o interactivo, y también
a la comunicación síncrona o asíncrona, con
tutor o con colegas. Para reforzar las acciones orquestadas on line
en desarrollo de directivos, parece apuntarse, sobre todo, a la
formación en aula para la etapa inicial, y al coaching en
la etapa tutelada. (Yo intercambié hace años algún
mail con un coach americano, Don Maruska, que, me parece recordar,
practicaba también el e-coaching entre sesiones; en fin,
sin descartar la comunicación a distancia, creo que todos
apostaremos por el coaching virtuoso, pero no virtual).
Las empresas que no dispongan de soluciones propias para atender
a sus "directivos en desarrollo" pueden buscarlas entre
los proveedores de estos servicios, aunque hasta hace poco las soluciones
disponibles principalmente eran puro e-learning, casi siempre insatisfactorio,
o pura formación presencial, cuya relación eficacia-precio
tampoco resultaba satisfactoria (y el coaching con coach externo
se reservaba para Alta Dirección). Leíamos hace poco
que el director de formación de una gran empresa opinaba
que los proveedores que eran excelentes en e-learning no lo eran
en formación presencial, y viceversa; debe tener razón
si lo dice, pero esperemos que los proveedores de formación
se esmeren y ofrezcan soluciones combinadas que contribuyan eficazmente
al aprendizaje, en todos los niveles de Kirkpatrick. La soluciones
blended pueden proporcionar quizá el mejor mix de eficacia
y rentabilidad.
Uno propondría, en definitiva, que, para el desarrollo de
soft skills, los esfuerzos de e-learning y classroom-learning se
centraran en los cuatro primeros pasos, actuando como métodos
alternativos, o de forma combinada en beneficio de la eficacia y
la rentabilidad. Insistimos: centrándose en los objetivos
de la primera etapa, y contribuyendo a su plena consecución.
Y propondría luego alguna eficaz fórmula de tutela
para la etapa siguiente (pasos 5-8), acorde con el nivel directivo
del tutelado. En la etapa final (pasos 9 y 10), el individuo podría
necesitar ayuda, sólo y en principio, si debiera retroceder
a pasos anteriores. Con gusto recibiré feedback del lector,
porque, aunque apenas he tratado de explicitar lo que consideraba
implícito, habrá otros puntos de vista.
*José Enebral Fernández es Consultor
de Recursos Humanos (jenebral1@mi.madritel.es)
|