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Las
comunidades virtuales como creadoras de valor
Silvia
Chauvin*
La formación de equipos de trabajo
integrados por personas diversas y estratégicamente ubicadas,
tiene un enorme potencial frente a las nuevas exigencias del mercado.
En este marco, las comunidades virtuales son decisivas, al fomentar
las conexiones y los alcances de las mismas. Claves para tener una
fuerza laboral distribuida en todo el mundo con muy bajos costos
operativos.
Cuando el año pasado decidimos encarar el seminario-taller
"Construyendo puentes de oro" la idea respondía
al poco comprendido y por ende poco desarrollado, concepto de Networking,
entre la comunidad latina. Dicha práctica va "tomando
carne" a medida que viajamos rumbo al norte, ya que el peso
de la cultura anglosajona va incidiendo más en la manera
de encarar los negocios y la gestión de carrera.
La primera comprobación de este fenómeno la experimenté
en un viaje a Puerto Rico que realicé a mediados de 1999.
Una "novedad" que comprobé en el Congreso al que
asistí fue la extraordinaria cantidad de empresarias que
había en el área del Caribe. Tal vez suene inocente
pero nunca había visto tal cantidad de empresarias juntas;
no había notado como se había incrementado el número
de empresas conducidas por mujeres. Una característica sobresaliente
de dichas ejecutivas era el manejo fluido de los contactos y el
espíritu de colaboración. De vuelta al sur, ya alertada,
empecé a notar que era indudable que había cada vez
más empresarias tratando de llevar a buen puerto sus emprendimientos.
Pero lo que faltaba era ese uso conciente y sistemático del
trabajo de redes.
Luego, en el Global Summit que se realizó en Buenos Aires
en el año 2000, tuve nuevamente oportunidad de visualizar
el fenómeno y de comprobar las diferentes culturas a la hora
de hacer negocios. Tal vez a esta altura pensarás: ah, ahora
sé de dónde sacó la idea de hacer MdE. Sí,
comencé a pensarlo en ese momento y también decidí
que si hacía algo, como efectivamente hice, trataría
de colaborar, para concientizar y brindar herramientas que permitieran
un Networking más eficaz y eficiente.
Y ahí llegamos al seminario del 2002. Porque en los 2 años
de desarrollo de MdE, algo era seguro, el Networking nos había
ayudado mucho. Al armar los contenidos del seminario, la tarea inicial
fue trazar un plano de nuestra red para tratar de entender los procesos
por medio de los cuales la habíamos ido construyendo.
Debo confesar que fui la primera sorprendida por los resultados;
al comparar el material teórico con la práctica efectuada,
fue evidente que en el proceso de construcción de nuestra
red, luego de una serie de errores costosos, fue primando el concepto
de posicionamiento estratégico y diversidad. Esto no está
relacionado en forma directa con la cantidad de usuarias del site,
sino con el valor de cada nodo (contacto que puede ser una persona
o una institución) que se agrega. Valor que es un mix de
posicionamiento (con quiénes me relaciono) y de diversidad
(cuán diferente es).
Uno de los puntos que analizamos en dicho seminario fue, precisamente,
la forma de las redes y la desventaja del modelo que habitualmente,
por cuestiones culturales, adoptamos las mujeres. Esas redes cerradas,
donde nos conocemos todos y todos compartimos generalmente la misma
posición, éstas se agotan rápidamente ya que
lo que sabe un nodo de esa red es más o menos lo mismo que
lo que sabe otro. El asunto es, por supuesto, mucho más amplio
y complejo, y quienes nos acompañaron en el seminario, realizaron
análisis de diversas redes posibles.
Diversidad e innovación
Durante toda la historia de la humanidad las innovaciones se van
produciendo a partir de la recombinación de ideas preexistentes,
al menos creo que todavía no inventamos nada partiendo totalmente
de cero. Tomamos un poco de acá, lo juntamos con otro poco
de allá, descubrimos una conexión insólita;
produciendo, la mayoría de las veces, una mejora. Otras veces
la cuota de genialidad es mayor y descubrimos un atajo, producimos
un salto, una verdadera revolución en el saber.
Indudablemente la innovación es un bien muy preciado.
Las empresas innovadoras atraen a la mejor gente, valen más
que otras porque lideran los mercados, y la gente deseosa de invertir
las prefiere. Podemos decir entonces que la innovación agrega
valor.
Pero para que suceda una innovación debemos partir de elementos
diferentes, pues si mezclamos y recombinamos siempre lo mismo, difícilmente
ocurra algo distinto.
Las redes no escapan a esta regla, por muy placentero que pueda
ser trabajar con un grupo homogéneo, donde todos piensen
más o menos lo mismo, donde no se armen esas discusiones
tremendas; reitero, de lo mismo dificultosamente obtengamos algo
diferente.
En una nota del en Center for Business Innovation (http://www.cbi.cgey.com/),
leemos que jugar con dos moléculas de H es menos divertido
que observar qué pasa cuando se agrega O a esa mezcla. En
resumen, si en los nodos de tu red no hay diversidad, difícilmente
ocurran cosas interesantes.
El poder de la comunidad
La creciente conectividad que permite Internet, impacta directamente
en la producción de innovación. Y por lo tanto, afecta
la creación de valor.
Por supuesto que Internet por sí sola no genera gran cosa;
podemos tener correo electrónico, navegar algún sitio
para buscar información, ir a otro por entretenimiento, ver
las noticias del mundo, etc. Y eso no garantiza que saquemos partido
de las enormes potencialidades de la conectividad.
Ahora, ¿qué pasa cuando la gente se reúne a
trabajar en un proyecto conectados virtualmente? En principio la
distancia geográfica tiene nula incidencia en la reunión,
también los horarios, asegurar la tan desea diversidad es
sólo cuestión de proponérselo. Los costos son
bastantes bajos, casi tendientes a cero: una computadora sin mayores
pretensiones y una conexión a Internet; y si no hay, bueno,
es cuestión de tener los conocimientos mínimos y encaminarse
a un cibercafé, locutorio, telecentro comunitario, o como
se llame por tus tierras.
Y si las cosas resultan y hay que agregar sofisticación a
la red, siempre los recursos serán compartidos y costeados
por un mayor grupo de gente, sin contar, claro está, que
se pueden aprovechar las diferentes ubicaciones geográficas
para reunir cada recurso en el lugar que más convenga.
Veamos algunos ejemplos de comunidades virtuales trabajando en un
proyecto:
Linux. Es el sistema operativo alternativo a Windows. Su principal
diferencia consiste en ser un software de "código abierto",
lo que significa que cualquiera puede abrir el programa y modificarlo,
agregarle capacidades, etc.
La historia comienza con Linus Torval, un estudiante deseoso de
desafiar al software comercial, al que se fueron uniendo, Internet
mediante, más y más desarrolladores independientes
que colaboraron voluntariamente en el desarrollo del código.
La comunidad de Linux no es chiste, existe, está viva, es
activísima, y sus miembros se sienten muy orgullosos de pertenecer
a ella.
¿Cuánta gente se involucró en el desarrollo
de ese software? ¡Más de 40,000 personas de todo el
mundo!
Ah, un detalle: el sistema operativo y los programas derivados de
él son de uso gratuito. No se trata de un emprendimiento
comercial, la comunidad Linux está unida por el orgullo de
hacer software bueno, y por el rechazo a Microsoft.
WSI. Es una enorme comunidad trabajando bajo el sistema de franquicias.
Básicamente esta empresa reúne una cantidad enorme
de talento alrededor del mundo, gente de tecnología y diseño
que se encargan de desarrollar los trabajos y gente de perfil comercial
que se ocupa del desarrollo de clientes. Hasta aquí no difiere
en una empresa tradicional, sin embargo WSI tiene una amplia gama
de clientes distribuidos en todo el mundo y precios sin competencia
porque básicamente hace uso intensivo de la conectividad.
En principio, su equipo técnico (programadores y diseñadores)
es riquísimo en cuanto a la diversidad de perfiles y puntos
de vista. Un problema específico es enfocado desde una multitud
de puntos de vista, con lo cual se puede llegar a la solución
que el cliente requiere rápidamente y al precio más
económico, pues se buscan los recursos en el lugar del planeta
donde se encuentren. El staff fijo de WSI es bajísimo, y
su capital intelectual está distribuido mundialmente, en
personas que trabajan en la mayoría de los casos desde sus
casas, con costos operativos mínimos.
Sin embargo, WSI es un enorme reservorio de soluciones almacenadas,
que pueden ser reutilizadas y adaptadas las veces que se requiera.
¿Y cómo puede una empresa ubicada geográficamente
en Canadá atender clientes de Singapur; New York o La Paz?
Pues porque tiene un sistema que conecta el talento alrededor del
planeta y sus equipos de venta pueden trabajar con costos operativos
bajos (la mayoría también en oficinas hogareñas),
compartiendo estrategias y conocimiento con colegas alrededor del
mundo.
¿Otro ejemplo? Veamos el caso de Women in Consulting (WIC).
Una comunidad fundada por 12 mujeres que se desempeñaban
en las gerencias de diversas compañías de primer nivel
del legendario Sillicon Valley: Apple, NeXt, Palm, etc.
No es novedad que una de las tendencias que se acentúan día
a día es que las mujeres están abandonando sus empleos
en las grandes corporaciones. Cansadas de que el entorno corporativo
siga siendo tan hostil, formaron sus propias empresas y se unieron
en una comunidad, WIC (http://www.womeninconsulting.org/), que ya
cuenta con 128 miembros.
WIC no trabaja a fondo las ventajas de las diferentes localizaciones
(sus negocios se enfocan en el Sillicon Valley y en San Francisco
Bay Area) ni de la diversidad cultural, pero sí de la diversidad
de perfiles. Sus miembros han realizado varias alianzas estratégicas
y exploran negocios en forma conjunta y con la suficiente flexibilidad
para permitirse diferentes combinaciones.
Algunas han decidido desarrollar acciones comerciales bajo un nombre
común, porque comprobaron que presentarse con la misma tarjeta
comercial y mostrar diversidad de perfiles les redundaba en un 50%
más de ingresos en promedio. Además, no están
sujetas a los vaivenes del mercado. Todos sabemos que en muchos
negocios hay épocas en que no hay trabajo y otras en donde
debemos rechazarlos porque las manos no alcanzan para todo. Con
la comunidad trabajando, se toman todos los trabajos que interesen.
Y, de hecho, el aumento en los ingresos, da fuerza a las comunidades
de trabajo como generadoras de valor. En este sentido, las comunidades
virtuales lo son todavía más, ya que potencian las
conexiones, los alcances de las mismas y la diversidad de sus componentes.
Como siempre estos cambios culturales son más una cuestión
de actitud que de aptitud. Se requiere pasar de la actitud contemplativa
a la actitud activa, interactuar con otros, más que mirar
a otros.
Las herramientas tecnológicas existen y además una
comunidad de trabajo virtual puede comenzar a operar con muy pocos
requisitos e ir aumentando la sofisticación de sus recursos
a medida que la experiencia, los resultados y el trabajo lo requieran.
El mercado ofrece hoy toda una serie de software muy completo que
facilita el trabajo de las comunidades conectadas por Internet,
cuando la ocasión así lo exige.
Hay un enorme potencial en la formación de equipos de trabajo
integrados por personas estratégicamente ubicadas y suficientemente
diversas. ¿Lo vamos a aprovechar?
*Silvia es argentina, tiene 49 años, vive
en Buenos Aires, es arquitecta, egresada de la Universidad Nacional
de Buenos Aires. Actualmente se desempeña como titular de
Digital Dreams y CEO de MujeresdeEmpresa.com.
Esta nota fue publicada originalmente en el portal http://www.mujeresdeempresa.com,
y cuenta con las autorizaciones necesarias para su reproducción
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