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e-learning y los 7 pecados capitales
Fuente: Javier Martínez Aldanondo (GEC)*
Quinto pecado: El aprendizaje ocurre independientemente de la motivación.
“Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad”.(Albert Einstein)
Realmente tampoco es mucho lo que sabemos sobre aprendizaje ni sobre el funcionamiento de cerebro. Pero lo poco que conocemos indica que la motivación juega un papel muy importante. Por desgracia, tampoco sabemos demasiado sobre motivación pero de nuevo, somos conscientes de que es más fácil desmotivar que motivar. Y también sabemos que la mayor parte de lo que deben aprender los alumnos, en entornos educativos o laborales, no resulta motivante de por si. Para aprender, como para casi todo en la vida, hace falta pasión, lo complicado es cómo la provocamos en entornos virtuales. A fin de cuentas, motivar, en el caso de la educación, no es otra cosa que lograr que una persona quiera aprender.
Si hay algo difícil, es tratar de enseñar algo al que no desea aprender. Pero todo ser humano, en condiciones normales, tiene metas que desea poder alcanzar. Y para ello necesita obtener información, desarrollar habilidades … es decir aprender. Lo que podemos afirmar es que detrás de todo comportamiento humano, existen unos intereses, unos objetivos que alcanzar y unos motivos que nos impulsan a alcanzarlos. Y por ello, no es posible que exista aprendizaje verdadero sin tener en cuenta esos objetivos que motivan a alumno. Esto es fácil de comprobar. ¿A cuanta gente le importó el euro realmente hasta el 1 de enero de 2001? ¿Quién sería capaz de aprobar un examen sobre las medidas de seguridad que nos explican cada vez que subimos a un avión y que hemos escuchado decenas de veces? Si algo no nos interesa especialmente, si no nos afecta, no le hacemos demasiado caso. En el colegio, memorizamos datos que se quedan en la memoria a corto plazo y son rápidamente sustituidos por otros datos nuevos. Salen de la boca del profesor a nuestro oído sin pasar por el cerebro y sin dejar huella ni impacto profundo. Por eso no es que lo olvidemos, es que nunca lo aprendimos.
¿Qué pasaría si les preguntamos a los niños y a los jóvenes si quieren ir al colegio o no? La experiencia relatada en el libro Summerhill es un ejemplo admirable y adelantado a su época que recomiendo tener muy presente. ¿Cuál es la principal motivación para que un niño vaya al colegio? ¿Ir a estudiar? ¿La clase de gramática o la de química? ¿Hacer los deberes? ¿Las notas? ¿O tal vez el recreo donde jugar con los amigos, las excursiones, los campamentos, los deportes, los trabajos en grupo, el laboratorio? Los alumnos no van para aprender, van a aprobar exámenes y sacar un titulo que les permita acceder a un trabajo. Lo que no entra en el examen no importa. Recuerdo que c uando hacía un examen, me llamaba la atención que como mucho, me preguntaban acerca del 20% del total de la materia. Nunca oí a nadie protestar: ¿Qué pasa con el otro 80% que no me preguntan? Nadie verifica si lo se o no lo se. La realidad demuestra que no importa demasiado. Tras el examen, si mi nota es un 5, me quedo sin saber en que aspectos me equivoqué y porqué. Por si fuese poco, existen posibilidades de aprobar un test sin tener ni idea del asunto (por simple suerte o probabilidad) o incluso un examen escrito (copiando por ejemplo). Sin embargo es imposible demostrar desempeño sin tener ni idea.
En general, a los alumnos no les interesa demasiado lo que estudian. No recuerdo a nadie apasionado por el logaritmo neperiano o el sujeto y el predicado (aunque si por el fútbol, el cine, los coches o los animales). ¿Por qué aprender trigonometría y no alfarería? ¿Por qué esa obsesión en enseñarme gramática cuando llevo ya varios años hablando perfectamente el idioma? Una de las frases típicas del profesor de turno es: ¿Lo habéis entendido? ¿Alguna duda? Ya sabemos la respuesta. Los alumnos razonan: ¿Para qué estudiar? cuanto más estudio mas sé, cuanto más sé más olvido, cuanto más olvido menos sé. Entonces ¿Para que estudiar?
Se trata de hacer pensar, reflexionar; la reflexión profunda lleva al aprendizaje profundo. ¿Ocurre en la escuela? Mucho menos de lo deseable. ¿Durante la vida estudias? La verdad es que NO; tienes problemas, actividades, planes y buscas la manera de afrontarlos y para ello te apoyas en información, personas, recursos, etc. pero no hincas los codos y te pones a estudiar. Deberíamos preocuparnos de enseñar las cosas comunes, no las extraordinarias: todos necesitamos comunicarnos, aprender a convivir, superar la frustración, etc. y muy pocos dedicarán su vida a resolver integrales. Piensen qué pasó con los alumnos más brillantes de nuestra clase, los que mejores notas sacaban. ¿Acaso un currículum académico brillante es garantía de algo?
Cuanto más se parece el entorno de evaluación al real, mejor. Por eso el examen de conducir se hace a los mandos del coche y por eso los exámenes teóricos no sirven porque no se asemejan en nada a la realidad que tratan de medir. ¿Se imaginan tener el carnet de conducir tras aprobar el examen teórico?
La realidad es que si los alumnos estudian para sacar un título y que ese titulo les permita encontrar un trabajo y todos los estamentos participan de este montaje (alumnos, padres, profesores, instituciones educativas), entonces no podemos pedirle a la educación que solucione los problemas que decimos que nos importan: formar ciudadanos críticos, solidarios y democráticos preparados para combatir la delincuencia, la droga, el desarraigo, la xenofobia, la violencia familiar, la pedofilia, la desigualdad, etc.
Cuando un joven termina el colegio o la universidad, nadie le pregunta si aprendió sino si le fue bien. A nadie le importa si aprendió, ni siquiera a él mismo. La educación tradicional es antinatural para los jóvenes, les roba el protagonismo y les asigna un papel secundario, desaprovecha su energía y curiosidad.
La realidad es que en el colegio los alumnos apenas participan en clase, no se involucran ni discuten con el profesor. Falta motivación e interés. No es que sea difícil, es que es aburrido.
El colegio, igual que la universidad, es café para todos, el mismo menú durante años para todos, mínima posibilidad de guiarse por intereses individuales, de elegir. La diferencia primordial de la educación de adultos es que el alumno suele llegar motivado por aprender y no obligado. Un campus virtual bien diseñado ofrece muchas más oportunidades de comunicarse con profesores y compañeros que lo que suele ocurrir en un aula presencial. Y de hecho los alumnos lo suelen aprovechar, le tratan de sacar todo el jugo, discuten, buscan información, se apasionan. ¿Cuánta relación teníamos con los profesores en la facultad? Yo jamás hablé una palabra con muchos de ellos. Y lo mismo con muchos de mis compañeros de promoción. Hay estadísticas que dicen que en una clase presencial un alumno, en promedio, hace una pregunta cada 10 horas. Qué ocurre ¿No piensan nada? ¿Eso es interactividad? Un entorno virtual ofrece comunicación permanente y no con uno sino con muchos (tutores, expertos, materiales, compañeros). Se convierte en un elemento muy cercano, permanente y mucho más personalizado.
Deberíamos preguntarnos porque los niños son capaces de pasar horas jugando a sus videojuegos (donde aprenden bastantes más cosas de las que en principio pudiese parecer) y sin embargo son incapaces de prestar atención a las asignaturas del colegio. Hay una frase que lo explica bien: Lo que me dicen, lo olvido, lo que me enseñan puede que lo recuerde, lo que hago y me involucra, lo aprendo. Uno está más motivado cuando ha participado activamente en la construcción de algo que de alguna manera le pertenece y lo identifica como propio. Si no participo, me cuesta motivarme y si no me motivo me cuesta aprender. Un contexto real, creíble y cercano muy parecido a la realidad que nos toca vivir cada día, donde somos los protagonistas de una historia, nuestra historia, refuerza enormemente la motivación por aprender. Los alumnos son emisores y receptores, construyen también ellos los cursos con sus aportaciones, opiniones, y preguntas. Aprenden DE otros y CON otros y no sólo sirven de apoyo al aprendizaje de sus compañeros sino que realimentan ediciones posteriores de los mismos. No hay mejor manera de aprender que enseñar a otros. El desafío es hacer que la gente quiera aprender y en la educación virtual, al no haber un profesor que nos mire a los ojos, el que tiene que tomar la iniciativa es el alumno.
La motivación además es un fenómeno básicamente interno, no puede ser impuesto. Una persona motivada es capaz de aprender de un trozo de periódico viejo mientras una persona que no lo está no aprenderá aunque le enviemos Harvard a estudiar un MBA. Cuando tienes un objetivo, tienes interés en aprender para alcanzarlo. Este es un elemento fundamental porque el alumno aprende cuando él quiere y no cuando lo decide el profesor. No podemos obligarle a aprender lo que nosotros sabemos sin que le hayamos despertado un interés previo. ¿Por que los niños son capaces de pasar 3 horas viendo El Señor de los Anillos sin pestañear y no duran ni 10 minutos en un aula sin empezar a alborotar? ¿Quién no recuerda aquellos compañeros de colegio que sacaban siempre malísimas notas pero lo sabían todo acerca de fútbol? Tampoco podemos enseñarle lo que hemos decidido que queremos que sepa y menos todavía si es capaz de darse cuenta que seguramente no podrá aplicar o transferir a su trabajo lo que le estamos contando. El alumno debe perseguir sus propios objetivos y sólo aprende cuando se hace una pregunta y va a buscar la respuesta y no cuando la respuesta le viene sin que la haya pedido. Una buena respuesta me parece aquella que abre más preguntas, que no cierra los caminos. Las preguntas son el camino para tratar de ampliar el ámbito de las cosas que sabemos y apropiarnos de las que no sabemos. Si no me hago una pregunta, no aprendo ¿Cuándo reflexiono? Cuando algo no ocurre como debería. La pregunta es el detonante del conocimiento, las grandes preguntas son las que han hecho que la humanidad avance y progrese en sus logros. El que pregunta se convierte en protagonista activo que construye su conocimiento en la búsqueda de respuestas. La gran ventaja es que todos estamos capacitados para hacernos preguntas, no hace falta esfuerzo físico, ni estatus económico.
Hay un último elemento muy relevante en relación a la motivación y es la enorme importancia de equivocarse, fracasar y cometer errores como detonante para el aprendizaje. Hacer implica posibilidad de equivocarse, lo que sabemos significa una ventana inigualable para aprender. Cuando cometemos un error, automáticamente se desencadena un mecanismo por el que tratamos de buscar una explicación a lo que está sucediendo y resolver el problema, bien por uno mismo o bien pidiendo ayuda. Y es en ese momento en el que estamos preparados para investigar, encontrar una solución o escuchar a alguien que nos ayude a encontrarla. Ese momento de aprendizaje es la clave y sólo se desata cuando las cosas no suceden como preveíamos, es decir, cuando nos equivocamos. La ventaja de la tecnología es que nos permite provocar los errores y no depender de que se produzcan ya que en la vida real, los errores ocurren generalmente por accidente. Claro que para ello no se puede dejar pasar por alto la siguiente realidad: ¿Cómo tolera mi empresa los errores? ¿Los castiga y los oculta? Hay un artículo clásico en este sentido, “Teaching Smart People How To Learn” de Chris Argyris en el que describe a los directivos y consultores de alto nivel como los más incapaces de aprender (a pesar de sus brillantes curriculums académicos) ya que están poco acostumbrados al fracaso, lo temen y han desarrollado todo tipo de mecanismos para evitarlo.
L a parte fundamental de aprender de los errores sin duda es la entrega del feedback adecuado. Es decir, ofrecerle al alumno información pertinente sobre lo que está haciendo de manera que le permita entenderlo e incorporarlo (integrarlo en su cuerpo) como parte de su experiencia personal y vital. Para ello se tiene que estar cuestionando algo y esto exige compartir la experiencia con compañeros que también se lo cuestionan y expertos disponibles para ayudarle. Un experto sabe muchas veces lo que funciona pero sobre todo lo que no funciona, el conocimiento negativo. En realidad, dar feedback es lo más importante que los padres aportan a esos niños pequeños que mencionábamos antes. En un aula, por tanto ofrecer feedback es tarea casi imposible porque los alumnos rara vez tienen retos que alcanzar, practican poco y preguntan menos. Si no hay una causa, si no hay un porqué, no hay aprendizaje sólo memorización. ¿Quién no recuerda ese eureka, ese clic, que se produce cuando por fin entendemos algo que por alguna razón éramos incapaces de comprender? En un examen no hay retroalimentación de ningún tipo. ¿Puedo averiguar quien es un buen cocinero a través de un examen de respuesta múltiple? Seamos serios, estamos hablando de desempeño y no hay examen escrito u oral capaz de medirlo. En un curso virtual, las cosas no varían demasiado. La mayor parte de las veces el feedback lo da la maquina mediante 2 palabras: Correcto o incorrecto (pruebe con otra respuesta). Nada más. ¿Incorrecto por qué? ¿En qué me equivoqué? ¿Cómo me puedes ayudar a entender mi error y buscar alternativas que funcionen mejor? ¿Me puedes mostrar un ejemplo? ¿Podrías hacerlo tú para que yo vea como se hace? Cuando el feedback lo da una persona, la respuesta no varía demasiado. Con Internet, estamos continuamente oyendo hablar del one to one y esto significa no solo un trato personalizado sino un feedback personalizado y constructivo y la ventaja del ordenador es que te puede ofrecer feedback inmediato.
Tenemos una magnífica oportunidad para ofrecer a los empleados instrumentos y herramientas para hacer mejor su trabajo Y la mayoría de personas agradecen esa posibilidad, a nadie le gusta la sensación de inseguridad y el temor a no hacerlo bien.
Posiblemente, la motivación es lo mas difícil de lograr online. Por ahora, y cuando lo hace bien, es la única ventaja comparativa de la formación presencial que motiva a aprender y crear conocimiento. Lo malo es que no lo hace bien lo suficientemente a menudo. El desafío consiste en convencer a usuarios que no han tenido buenas experiencias y eso significa que tenemos frente a nosotros un doble trabajo y que por esa razón, la primera impresión cuenta, y mucho.
“Un experto es una persona que ha cometido todos los errores que es posible cometer en un campo muy específico”.(Niels Bohr)
Sexto pecado: La mejor solución es una solución Blended (presencial – virtual) |