La revista digital de e-learning de América Latina Año 2 - Número 47 | Jueves 28 de Agosto de 2008  

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e-learning y los 7 pecados capitales
Fuente: Javier Martínez Aldanondo (GEC)*

Cuarto pecado: Los colegios y universidades saben lo que necesitamos aprender para vivir en la sociedad del siglo XXI.

“Más has dicho Sancho, de lo que sabes, dijo don Quijote; que hay algunos que se cansan en saber y averiguar cosas que después de sabidas y averiguadas, no importa un ardite al entendimiento ni a la memoria”. (Cervantes)

No es mucho lo que sabemos acerca del futuro. Pero lo que sí podemos asegurar por experiencia es que será muy diferente del presente y que los conocimientos vigentes actualmente pronto estarán obsoletos. Hace no mucho tiempo, era habitual que un joven aprendiese una serie de habilidades que con seguridad le servirían para desempeñarse durante toda su vida. Las cosas han cambiado mucho. Necesitamos un enfoque diferente para preparar a los jóvenes actuales para un mundo donde la mayoría de los profesionales realizan trabajos que ni siquiera existían cuando nacieron. Cuando el mundo cambiaba a un ritmo lento, los colegios y universidades no tenían problemas para formar licenciados perfectamente capaces de desempeñarse en aquellos campos que habían estudiado. Hasta hace muy poco, era normal nacer, vivir y morir en una misma casa, tener un trabajo que durase toda la vida, que la relación de pareja (esposo o esposa) fuese para siempre (hasta que la muerte nos separe) e incluso quien nacía de sexo masculino, moría hombre (ahora podemos incluso realizar el cambio de sexo). Hoy necesitamos licenciados que sepan desempeñase en campos que NO han aprendido, en profesiones que no existían cuando estudiaban. Lo que debe hacer la educación es prepararlos para enfrentar un mundo que va a ser diferente al que conocieron en el colegio y en el que van a tener que ser innovadores y emprendedores más que ejercer conocimiento. ¿Cuántos trabajos de hoy se corresponden con carreras universitarias? ¿Dónde se aprende a ser consultor? ¿Y a ser vendedor? ¿Dónde están los profesores que pueden “enseñar”estas materias, en la universidad tradicional? ¿Alguien tuvo la posibilidad de especializarse en e-learning en la universidad hace 10 años?

Vivimos en un mundo en continua transformación donde los “supervivientes” son los más capaces de adaptarse, es decir, los que aprenden a cambiar. El conocimiento lleva fecha de caducidad y hay que renovarlo constantemente. La tecnología hace ya tiempo que juega un papel preponderante y, en el futuro, su presencia y relevancia sólo va a aumentar.

Hubo una época donde la misión de la escuela era básicamente proveer formación en lo que los anglosajones denominan las 3 R (read, write, artithmetic). Hoy ya no le podemos pedir a la escuela que enseñe a memorizar y recordar sino a encontrar, usar y aplicar información, pensar críticamente, razonar, decidir y en definitiva innovar. El entorno ha cambiado. La escuela tiene que preparar gente adecuada para este nuevo entorno. Antes existía una carestía de información y quien disponía de ella tenía una ventaja incomparable. Hoy la información es excesiva, abundante, de rápida caducidad, nos abruma, ya no es una ventaja. Ahora la falta de conocimiento viene más por la sobredosis de información que por su ausencia. Antes importaba recopilar el máximo de información, hoy importa procesarla adecuadamente. Antes una carrera universitaria significaba trabajo para toda la vida. Hoy sabemos que el aprendizaje tiene que ser permanente. Antes había una edad para estudiar y otra para trabajar. Ahora sabemos que no dejaremos de estudiar durante toda nuestra vida.

La educación no desarrolla talento, como mucho puede seleccionarlo. Todos tuvimos compañeros que jamás fueron buenos estudiantes y sin embargo se desempeñan exitosamente en sus vidas laborales. Incluso gente que no pudo estudiar o que el propio sistema marginó y que han salido adelante perfectamente en la vida. ¿Cuanta frustración hubiésemos podido ahorrar? Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que no sólo el colegio y la universidad no te preparan para la vida sino que la mayor parte de nuestro aprendizaje ocurre fuera de las aulas. Miremos nuestra vida y hagamos un análisis: ¿Qué sabemos hacer realmente, cuáles son nuestras competencias? ¿Cuánto de eso lo hemos aprendido en un aula? ¿Cuánto nos ha enseñado la experiencia, la vida, las relaciones con otros -familia, amigos, deporte, colegas de trabajo- y las diferentes redes sociales a las que pertenecemos? Somos seres sociales, queremos compartir la vida con otros y no queremos vivir ni trabajar solos.

¿Estamos de acuerdo en lo que entendemos por ciudadano educado para el Siglo XXI? Parece obvio que NO. Si en el colegio los niños deberían aprender cosas que les serán de utilidad en la vida adulta, entonces el currículum del año 2004 no puede ser el mismo que el de hace 100 años. Sin embargo basta con echar un vistazo a lo que tienen que aprender nuestros hijos en el colegio: Literatura, química, filosofía, historia, matemáticas, … Seguimos considerando intelectuales a aquellos especialmente ilustrados en humanidades que mantienen la reputación de cultos. Se titulan miles de licenciados en geografía e historia, filosofía, arte o filología porque seguimos pensando que en eso consiste formar ciudadanos bien educados. Decidimos que en los colegios se aprenda álgebra y trigonometría en lugar de nociones básicas de negocio/empresa, medicina/salud/nutrición o inteligencia emocional. Cuando hacemos más hincapié en aspectos intelectuales (latín, física, gramática) en lugar de aspectos humanos como relaciones interpersonales (pareja, hijos, amigos, compañeros), comunicación, gestión de si mismo, pensamiento crítico o creatividad es porque seguimos arrastrando la visión de la educación de remotas épocas elitistas. ¿Alguien piensa que es importante saber mecanografía a día de hoy? Por un lado, la mayoría de las personas son incapaces de expresar por escrito y con claridad sus pensamientos. Por el otro, el ordenador, el e-mail y en cierta medida el e-learning han traído consigo que la gente haya tenido que volver a escribir cuando habían pasado años sin apenas hacerlo. Yo no quiero calcular la cantidad de horas que he perdido por mi impericia frente al teclado de mi PC. No creo que tardemos mucho tiempo en hablar y dictar a los ordenadores pero mientras tanto …

Después del funeral por el fallecimiento de su joven hermano, una amiga me decía entre lágrimas “En la escuela nunca nos dijeron que estas cosas ocurren ni nunca nos enseñaron a manejar estas situaciones”. Las grandes cuestiones de la vida pasan desapercibidas en el colegio y en la universidad. En el colegio, la confianza o la autoestima son menos importantes que aprender integrales o la tabla de los elementos. En la vida sucede todo lo contrario pero cuando nos damos cuenta, ya es demasiado tarde para cambiar.

¿Todos los profesionales son iguales? ¿Todos los médicos, abogados, arquitectos, ingenieros, consultores? En realidad, debiesen serlo ya que todos han estudiado lo mismo. Sin embargo ¿Por qué escojo un pediatra para mi hijo y no otro? ¿Le pido acaso su currículum y la nota que sacó en la asignatura correspondiente? ¿Por qué hay médicos mejores que otros, que solucionan cosas que otros no pueden?

La primera conclusión es que tenemos un problema grave en lo QUE pretendemos que aprendan los jóvenes. Enseñamos muchas cosas que no sirven y dejamos de lado aquello que realmente es esencial para vivir. El segundo problema consiste en CÓMO tratamos de que aprendan. Yo estudié derecho para ser abogado. ¿Cuántos de mis profesores eran abogados en ejercicio? No muchos. ¿En qué se parece la carrera de derecho con el trabajo que luego desempeña un abogado? Prácticamente en nada. ¿Cuántos de mis compañeros de curso serían capaces de aprobar a día de hoy alguno de los exámenes que hicimos durante la carrera? Lo curioso es que no parece que este hecho haya tenido una influencia decisiva en nuestra carrera profesional aunque muchos no lo querrán reconocer. ¿Qué dicen las empresas sobre los jóvenes que acceden a su primer empleo? Que las competencias necesarias para desempeñarse en el puesto de trabajo no las adquieren en un aula sino en la práctica diaria y a lo largo de muchos años y que necesitan invertir mucho tiempo y dinero en enseñarles habilidades básicas ya que todo parecido entre la carrera que han estudiado y el trabajo de un profesional es pura coincidencia.

Los periódicos nos hablan a diario de “ciudadanía activa y participativa” o “autonomía personal y un mayor sentido crítico” pero curiosamente en el colegio ni hay cursos sobre estos temas ni se enseñan de ninguna manera. También se habla de “búsqueda de información, análisis y síntesis” como si esto fuese a suceder de manera automática por el mero hecho de tener acceso a Internet.

Por desgracia, para la mayor parte de las instituciones educativas, es más importante el curriculum, las asignaturas, los exámenes o la asistencia a clase que el aprendizaje. Los cursos se miden muchas veces en base a la cantidad de contenidos. El aprendizaje depende demasiado del profesor, y los hay buenos y malos. El profesor seguirá siendo la figura protagonista pero mientras tanto los ordenadores apenas se utilizan como herramientas facilitadoras de aprendizaje. Es más, en muchos casos quedan marginados en un “aula de informática” donde no molestan ni interfieren con el normal desarrollo de las clases. El 95% de los profesores saben utilizar el PC pero no lo utilizan para la enseñanza. Parece una evidencia que la mayor parte de los niños y adolescentes se inician en el mundo de la informática a través de los videojuegos y el ordenador es parte esencial de su tiempo de ocio. Y casi todos aprenden antes a manejar un ratón o un joystick que un lápiz, pasan directamente del biberón al ordenador. Por primera vez, los niños saben más de algo que sus padres o profesores. Inexplicablemente, la empresa lo que ha hecho ha sido copiar este modelo educativo que tiene bastantes imperfecciones y que además no puede garantizar en absoluto la inversión que cualquier directivo realiza en sus planes de formación.

La conclusión es clara: No podemos seguir enseñando las mismas cosas y de la misma manera. La educación y la formación son aburridas, demasiado serias y dejan escaso margen al entretenimiento. Los profesores deben jugar un papel diferente, y que será más importante que el que han desempeñado hasta ahora porque la información y conocimiento que antes transmitían, hoy ya están disponibles en múltiples formatos. Para eso deben hacer un esfuerzo para salir de la certeza y la pereza intelectual en la que muchos están instalados y dejar de trasmitir a los alumnos como bustos parlantes. La mayoría no están todavía por la labor aunque al menos reconocen que algo no funciona, tienen muchos mas problemas para llegar a los alumnos como lo hacían antes. Hoy en día un profesor apenas innova, no crea, no emprende. Se le empieza a considerar un eslabón que cada vez aporta menos valor. Transmiten lo que ya pasó (historia) en lugar de ayudar a preparar el futuro (a partir de la historia) y crear retos donde los alumnos deban recurrir a esa historia. Este rol es más difícil, mas incomodo que simplemente recitar y examinar. Pero es una oportunidad única de revalorizar su esencial rol social, hoy en día fuertemente desprestigiado y desprotegido y dejar de vivir en un mundo diferente al de sus alumnos. Deben aprender a comunicarse en el lenguaje y estilo de sus alumnos que son el producto de una sociedad que, en general, los ha sobreprotegido, los ha rodeado de recursos abundantes y ha tenido escaso éxito a la hora de inculcarles el sentido del sacrificio, el esfuerzo y la autorresponsabilidad. Deben ser auténticos tutores, seleccionadores y filtradores de información, facilitadores del feedback adecuado. Los alumnos acabarán siendo verdaderos “infotectives”. El papel de los educadores es clave para el futuro.

Los buenos maestros alientan la experimentación y a no tener miedo al error y reconocerlo como oportunidad para mejorar y aprender, considerándolo como un derecho fundamental del ser humano. "Perdiendo aprendí: más vale lo que aprendí que lo que perdí". Además, cuanto más complejo el tema en cuestión, más necesario es el tutor. Las escuelas y universidades deben convertirse en centros referenciales tanto para la comunidad como para el mundo profesional y salir de ese aislamiento que los mantiene como laboratorios estanco al margen del resto.

¿Por qué existe fracaso escolar? ¿Fracasan los alumnos o la escuela que resulta soporífera para ellos? ¿O serán los profesores? Lo más fácil siempre es culpar al niño.

Necesitamos colegios y universidades que se preocupen por que sus “clientes” tengan experiencias educativas inolvidables, que les lleven a volver y repetir. En la Universidad tradicional el cliente es fiel durante 5 años y se marcha pero como los profesores permanecen, se convierten en el eje de la institución. Sin embargo, para cualquier organización y más todavía en la sociedad del conocimiento, el eje son los clientes, y su misión debiese consistir en hacer todo lo posible para que disfruten de su experiencia y vuelvan. El fútbol sabe que tiene que trabajar para que su cliente regrese cada domingo. El reto de la universidad es tener alumnos permanentes que vuelven una y otra vez gracias a la necesidad de aprendizaje permanente: fidelizarlos.

Claro que si la educación es un servicio, ¿Por qué se comporta de manera diferente del resto de campos? ¿Por qué nunca se parte desde el cliente, de observar lo que hace y consume, de preguntarle lo que le importa y le interesa? Este sector es el único donde el cliente no tiene razón. Donde la oferta parte de lo que el proveedor decide que el cliente necesita. Desde lo que el proveedor tiene o sabe (buenos profesores de marketing o buenos contenidos de finanzas por ejemplo) en lugar de lo que el cliente tiene que aprender. La realidad nos indica que no se pueden diseñar servicios sin contar con los usuarios y los clientes. Deben participar, no sólo para recibirlo sino también para construirlo. Estamos en plena transición de una sociedad donde el poder estaba en manos de los fabricantes a una sociedad donde mandan los clientes y por eso el conocimiento es tan relevante. ¿Tiene sentido pedir a las instituciones educativas que lideren el diseño del nuevo currículum para la sociedad del conocimiento? Mi opinión es que no. ¿Y pedírselo a la clase política? Tampoco. Esta es una tarea compleja donde tienen que implicarse todos los agentes sociales y donde la tecnología puede jugar un papel fundamental, aunque llenar las escuelas de ordenadores no va a solucionar el problema. Lo increíble es que apenas existe conciencia de que necesitemos cambiar algo. El anzuelo tiene que gustarle al pez y no al pescador. Háganse esta pregunta: ¿Cuántos profesores/tutores, directores de formación o directores generales involucrados en estos asuntos han hecho un curso de e-learning como alumnos? Se sorprenderán con la respuesta.

“La parte más importante de la educación del hombre es aquella que él mismo se da”. (Walter Scott)

Quinto pecado: El aprendizaje ocurre independientemente de la motivación.


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