La revista digital de e-learning de América Latina Año 2 - Número 47 | Sábado 04 de Julio de 2009  

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e-learning y los 7 pecados capitales
Fuente: Javier Martínez Aldanondo (GEC)*

Internet y el e-learning han sido perjudiciales para la educación y la formación. Una inmensa mayoría ha visto en la educación online el instrumento perfecto para hacer el menor esfuerzo posible, virtualizar los materiales que ya tenían, ponerlos en la web y hacerlos accesibles a sus empleados gastando lo mínimo y ahorrando lo máximo. La consecuencia no es ninguna sorpresa: lo que sabemos que no funciona en presencial y aderezado además con su dosis de tecnología, que queda muy bien en los tiempos que corren. Se ha optado por lo más rápido y lo más barato que rara vez significa lo mejor. Por tanto lo que se resiente es la calidad. El resultado es que la gente no aprende.

Hace un tiempo, un amigo, Iñigo Babot, me contaba una divertida anécdota. Un colega suyo tenía de visita en su casa a unos amigos suecos que viajaban con su hijo de corta edad. En un momento dado, el niño formuló una pregunta en sueco a su padre quien primero puso cara de sorpresa y luego no puedo evitar reírse. Cuando el anfitrión preguntó que era lo que intrigaba al niño y hacia tanta gracia a su padre, éste tradujo la pregunta: El niño quería saber la razón por la que el teléfono del salón estaba atado con un cable y si es que era para que nadie lo robase.

Nos agrade o no, vivimos en un mundo en el que la tecnología hace ya tiempo que juega un papel preponderante, inundándolo todo. Y no me refiero únicamente a Internet. Dependemos de la tecnología para viajar, para cuidar la salud, para comunicarnos, para el ocio, para la ciencia, para fabricar productos ... Está ahí aunque no la veamos. Hoy la distancia no se mide en kilómetros, se mide por la velocidad en que podemos comunicarnos. Muy pocos en el mundo de la empresa se imaginan desarrollar su trabajo sin un ordenador y el día que falla el suministro eléctrico e incluso cuando no podemos navegar por Internet o acceder al correo electrónico tiene lugar un fenómeno interesantísimo: Nos quedamos como huérfanos desamparados, con los brazos cruzados, sin saber que hacer, pensando: ¿Cómo se las arreglaban para trabajar sin ordenadores hace 20 años? Exactamente lo mismo que pasa en muchos hogares cuando de repente la televisión se estropea. Triste pero cierto. La tecnología es transparente hasta que deja de funcionar, igual que la salud.

El titulo del artículo tiene un propósito concreto. Internet y el e-learning han sido perjudiciales para la educación y la formación. Muchos expertos reconocen que la llegada de Internet ha supuesto un freno e incluso un paso atrás respecto a las experiencias que los usuarios disfrutaban en la época del CD/multimedia. Una inmensa mayoría ha visto en el e-learning el instrumento perfecto para hacer el menor esfuerzo posible, virtualizar los materiales que ya tenían, ponerlos en la web y hacerlos accesibles a sus empleados gastando lo mínimo (al fin y al cabo son los mismos manuales de siempre), y ahorrando lo máximo (desplazamientos, alojamientos, coste de oportunidad, etc.). La consecuencia no es ninguna sorpresa: lo que sabemos que no funciona en presencial y aderezado además con su dosis de tecnología, que queda muy bien en los tiempos que corren. Se ha optado por lo más rápido y lo más barato que rara vez significa lo mejor. Por tanto lo que se resiente es la calidad: El resultado es que la gente no aprende. No contentos con esto, además proclaman, por ejemplo, que el e-learning garantiza mayor retención. ¿En base a qué? O también lo justifican diciendo que el e-learning reduce el tiempo para aprender. Se reduce en desplazamientos pero no en dedicación y esfuerzo del alumno. Además lo que acaba ocurriendo demasiado a menudo es que el aprendizaje ahora corre por cuenta del tiempo libre del empleado.

No se trata de reducir el tiempo dedicado a la formación, se trata de ampliarlo. No se trata de gastar menos sino de invertir más. No podemos simplificar las cosas a ese nivel tan burdo. Aquí no hay atajos, no podemos engañarnos a nosotros mismos llenándonos la boca de términos como sociedad del conocimiento o capital humano y al mismo tiempo hacer justo lo contrario.

Ahora bien, el enfoque de este artículo no está orientado a la tecnología porque la tecnología no es ni el problema ni la solución de los males que paralizan a la formación y a la educación. La tecnología es un gran acelerador de procesos y modelos cuando estos funcionan adecuadamente. Lo que ocurre es que añadir tecnología a un modelo deficiente no sólo no lo mejora sino que lo empeora. Y esta es exactamente la situación que hasta ahora se ha vivido en todo lo relacionado con el e-learning y de ahí que los resultados obtenidos hayan sido tan pobres y decepcionantes teniendo en cuenta el maravilloso panorama que se había pronosticado. No crean que exagero. Hace un mes he tenido la oportunidad de participar por segunda vez como juez en los Brandon Hall Excellence in e-learning Awards 2004 donde se presentan empresas de todo el mundo con sus mejores productos y he podido comprobar los mismos temores que hace un año.

Creo que merece la pena comenzar haciéndonos la siguiente pregunta ¿Cuál es el impacto que ha tenido la tecnología en la educación? Desgraciadamente el impacto ha sido nulo. Vivimos una intensa revolución tecnológica pero la educación apenas ha hecho nada para adaptarse al nuevo perfil de alumno que ha aparecido hace ya algún tiempo. Así como un científico, un soldado o un médico del siglo XIX sería incapaz de manejarse en un laboratorio, un campo de batalla o un quirófano actual, un profesor sin embargo no tendría ningún problema en adaptarse, situarse ante la pizarra, tiza en mano, y rememorar la conocida frase de Fray Luis de León: “Como decíamos ayer…” ¿Es esto lógico? Las autoridades políticas y económicas se llenan la boca con palabras como “innovación” y “emprendimiento”. ¿Dónde está la innovación en el aprendizaje?

Sin embargo, hay algo que debemos agradecerle a la tecnología y es que nos ha obligado a pensar y debatir sobre asuntos que poco tienen que ver con la ella. Nos está sirviendo como excusa para repensar un modelo educativo y formativo que lleva demasiado tiempo instalado entre nosotros y que está generando excesiva frustración. Y esto no es lo peor, estamos cegados por un paradigma conformista. Sólo una minoría se atreve a “blasfemar” afirmando que si no provocamos una autentica revolución en la forma en la que tratamos de que aprendan las personas para vivir en la sociedad del siglo XXI, corremos el peligro de ahogarnos estancados en un circulo vicioso cada vez más asfixiante.

Debemos reconocer que nuestra cultura, economía, religión y educación no han sido demasiado exitosas humanamente hablando: Los avances son sobre todo tecnológicos. El mundo jamás ha conocido un nivel semejante de progreso. Sin embargo, las guerras continúan, las enfermedades no desaparecen (Sida, Cáncer), las desigualdades se acrecientan al igual que la delincuencia, el racismo y la intolerancia, degradamos la naturaleza sin cesar … y, esto sólo le ocurre al hombre pero no le pasa al resto de seres vivos que sufren las consecuencias de nuestra locura. El siglo XX ha sido terrible en muchos aspectos. ¿Qué estamos haciendo mal? ¿Somos más felices hoy? ¿Por qué nuestros abuelos no entienden cuando les hablamos de estrés? ¿Existe un problema educativo asociado? Pienso que si. La educación que estamos dando a los niños ha estado basada en la obediencia, la competencia, el miedo y la culpa en lugar de la colaboración, el respeto y la autonomía. El error se penaliza y se castiga en lugar de aprovecharse como oportunidad de oro para innovar y progresar. Esos niños crecen y se convierten en adultos generalmente egoístas y temerosos. No debemos obviar que en la niñez diseñamos gran parte del camino que luego vamos a recorrer en la vida.

Mi objetivo en este artículo es señalar algunos Pecados que nos paralizan y nos impiden provocar este quiebre que permita que la educación salga de ese estado de hibernación y anquilosamiento en el que lleva demasiado tiempo.

La educación y la escuela eluden la cuestión fundamental: Todas las matemáticas, toda la física o toda la historia del mundo no ayudarán a hacer más felices a las personas, no hará de ellos mejores ciudadanos ni mejores profesionales. La sociedad sigue impulsando la aplicación y el estudio como virtudes y considerando el inglés y la geometría como educación. Obligar a aprender y a estudiar es como obligar a profesar una religión. Simplemente no es real. Aprender es como ir al gimnasio, ahora que vivimos la era del fitness. Es un proceso largo, exige sacrificio, constancia. Nadie esperaría ningún tipo de resultado estético o de salud por ir al gimnasio durante una semana y no volver más. De la misma forma, nadie debe esperar resultados por asistir a un curso, por muy sofisticado y atractivo que parezca.

Antes de empezar con los Pecados, una ultima reflexión acerca de la tecnología: No olvidemos que la tecnología sólo es tecnología para los que nacieron antes que ella (el niño sueco es un ejemplo palpable). Se está produciendo un recambio generacional de usuarios tecnológicos que tendrá consecuencias decisivas. Los alumnos han cambiado y no solo por la ropa que visten o la música que escuchan sino que han sido sometidos a diferentes experiencias de exposición y uso de las tecnologías digitales (pasan 4 veces mas horas viendo la TV que leyendo). Asumir que los alumnos son iguales y por tanto los métodos tradicionales sirven igual es un error. Los jóvenes que desde hace algunos años se están incorporando al mundo laboral, son ya multiplataforma, nacieron en un ambiente digital, no van a aceptar trabajar y aprender si no es empleando lo que para ellos siempre han sido sus herramientas naturales: El ordenador, Internet, teléfono móvil, Messenger o el P2P iniciado por Napster forman parte de su organismo, es casi un derecho de nacimiento, siempre han estado con ellos. Estar conectado es una necesidad. El hipertexto es la regla y la secuencialidad es la excepción. Es lo que Marc Prensky señala cuando diferencia entre “nativos digitales” frente a los “inmigrantes digitales”. Los inmigrantes hablan con acento, les cuesta entender y por tanto expresarse digitalmente. Exactamente lo que sucede con varias generaciones de adultos afectados por este fenómeno. Y no nos engañemos, casi la totalidad de los políticos que gobiernan en nuestra sociedad y de los directivos que manejan las empresas pertenecen a ese colectivo de inmigrantes. Los analfabetos digitales son ya los nuevos parias de la sociedad del conocimiento. Seamos lo suficientemente inteligentes de no pensar únicamente en nosotros.

“Tenemos que preparar a los jóvenes para afrontar su futuro, no nuestro pasado”. (A. Clark)

Primer pecado: Las personas aprenden escuchando o leyendo.

Segundo pecado: El Tecnocentrismo, la tecnología por delante de las personas.

Tercer pecado: Infocentrismo, la información por delante de las personas.

Cuarto pecado: Los colegios y universidades saben lo que necesitamos aprender para vivir en la sociedad del siglo XXI.

Quinto pecado: El aprendizaje ocurre independientemente de la motivación.

Sexto pecado: La mejor solución es una solución Blended (presencial – virtual)

Séptimo pecado: El Conocimiento es explícito y transmisible.


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