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e-Learning
ocupacional
Juan Manuel Fuentes*
Analizamos la incidencia que tiene e-learning
en la formación ocupacional, a través de las experiencias
desarrolladas por el Servicio Andaluz de Empleo.
La
convergencia de las tecnologías de la información
y de la comunicación (TIC), las telecomunicaciones y los
contenidos multimedia están provocando profundas modificaciones
sociales, que implica, por una parte, nuevas formas de gestión
del conocimiento y constantes procesos de asimilación de
nuevos conocimientos, así como de adaptación y readaptación
de todos los subsistemas sociales a los continuos cambios.
Ante esta realidad, la Unión Europea, a partir de la Cumbre
de Lisboa de marzo de 2000, puso en marcha la Iniciativa e-Learning
con unos objetivos precisos en materia de educación y formación:
· Haber formado antes de que acabase el año 2002 a
un número suficiente de profesores para permitirles utilizar
Internet y recursos multimedia.
· Conseguir que las escuelas y los centros de formación
se conviertan en centros locales de adquisición de conocimientos
polivalentes.
· Adoptar un marco europeo que defina las nuevas competencias
básicas que deban adquirirse mediante la educación
y la formación permanentes.
· Evitar que siga ensanchándose la brecha entre quienes
tienen acceso a los nuevos conocimientos y quienes no lo tienen.
· Un esfuerzo en equipamiento que lleve a que en el año
2004 haya una proporción entre 5-15 alumnos por ordenador.
· Esfuerzo de formación en todos los niveles: Debe
llegar a convertirse en parte integrante de la formación
inicial y continua de cada profesor y formador.
· Desarrollo de servicios y de contenidos multimedia de calidad.
· Desarrollo e interconexión de centros de adquisición
de conocimientos.
En esta misma línea, el V Acuerdo de Concertación
Social de Andalucía, en su apartado tercero "Sociedad
del Conocimiento", recoge entre sus líneas de actuación
para el periodo 2001-2004: "la difusión y ampliación
del uso de las nuevas tecnologías de la información
y la comunicación en la sociedad andaluza" y, concretamente,
estimular el uso de Internet en los programas de formación
para la población activa, con la finalidad de que adquieran
los conocimientos necesarios en materia de las TIC.
Pero, estos programas formativos deben abordar, al menos, una doble
visión de las TIC:
1. su aprendizaje para el desempeño de nuevas competencias
profesionales (aprender las TIC);
2. su introducción en el proceso de enseñanza-aprendizaje
como elemento metodológico, más que como recurso didáctico
en sí (aprender con las TIC).
Por ello, debemos plantearnos la teleformación o e-learning
como metodología que nos permita ir incorporando, en sus
vertientes de contenido y de metodología, los constantes
avances en las TIC, con un carácter de innovación
constante que permita investigar y desarrollar con rigor sus posibilidades
formativas a través de la acción, de la experimentación
previamente diseñada.
Incidencia de la teleformación en la Formación
Profesional Ocupacional
Una vez contextualizado el tema, cabe preguntarse qué es
la teleformación y su incidencia en la Formación Profesional
Ocupacional (FPO). El abanico de definiciones puede ser muy amplio,
pero a nuestros efectos, entenderemos por teleformación aquella
formación que se realiza en el ámbito de la educación
a distancia mediante plataforma tecnológica soportada en
Internet, que:
· combina distintos elementos multimedia, que permita una
constante actualización de los contenidos y la utilización
de recursos y materiales disponibles en otros servidores;
· proporciona diferentes vías de aprendizaje activo,
pudiendo el alumno escoger su propio camino, su propio tiempo y
lugar, su propio estilo de aprendizaje;
· fomenta aprendizajes de tipo interactivo y colaborativo
en aula virtual;
· permite desarrollar, en un contexto de aula virtual, actividades
de tipo sincrónico (formación presencial en cuanto
que se producen contactos de todo el grupo aula en tiempo real)
y de tipo asincrónico (la formación no presencial
o contactos diferidos de carácter parcial o individualizado);
· posibilita un alto seguimiento del trabajo de los alumnos.
Dentro de la teleformación, es preciso diferenciar varios
niveles de complejidad y riqueza, como:
· cursos por correspondencia que utilizan correo electrónico.
El alumno recibe los libros y se comunica con el tutor vía
correo electrónico;
· formación mejorada con la web. En ella, el formador
crea páginas web con enlaces relevantes para la clase, normalmente
como complemento a las clases presenciales. Ésta es una modalidad
abierta y accesible que utiliza los recursos disponibles en Internet,
pero de forma no integrada;
· plataformas de teleformación: son ambientes de aprendizaje
virtuales en los que los alumnos encuentran todo aquello que necesitan
para aprender.
Si nos centramos en el nivel de plataformas tecnológicas
para teleformación, éstas deben constar al menos de:
· soporte o espacio formativo, que nos permita la actualización
y gestión de los contenidos formativos, docencia y tutoría,
evaluación y seguimiento de los aprendizajes, asesoramiento
y supervisión pedagógica, control de calidad de la
formación;
· soporte o espacio tecnológico: servidores de servicios
Internet, servidores vídeo, aplicaciones multimedia, bases
de datos, comunicaciones, soporte técnico y mantenimiento
de los sistemas implementados. Debe tener unas características
tecnológicas que garanticen en todo momento un nivel de funcionamiento
óptimo;
· sistema de seguridad de control de los procesos formativos
(política de seguridad, control de gestión y seguridad
de las evaluaciones).
Perfil de los nuevos formadores
Parece evidente, por todo ello, que con esta nueva metodología,
aplicada a la FPO en su modalidad semipresencial, se va a requerir
una revisión de los perfiles profesionales de los formadores,
de los programas formativos y de los equipamientos y medios didácticos.
Así, debemos contar con un equipo de profesionales, aparte
del personal directivo y de administración, que atienda a
la plataforma tecnológica, en general, y al desarrollo de
cada acción en concreto, con funciones de:
· desarrollo de contenidos: desarrollo y actualización
de los contenidos formativos de la especialidad y de actividades
formativas complementarias y su integración en la web;
· asesoramiento y supervisión pedagógica en
teleformación y control de calidad de la formación;
· tutorías, en cuanto al asesoramiento, seguimiento
y control de los procesos formativos y apoyo a la formación
de los alumnos;
· administración del sistema.
Sin embargo, en cualquier caso, asuman estos roles varios profesionales
o uno sólo, lo cierto es que el formador ocupacional debe
adquirir una serie de competencias profesionales que le doten de
una calificación profesional adecuada a los actuales requerimientos
que la influencia de las TIC ha traído a la formación.
Parece que hay coincidencias en clasificar estas competencias en:
· competencias tecnológicas, que implica el dominio
de herramientas informáticas tales como procesador de textos,
bases de datos, aplicaciones multimedia, software de autor, aplicaciones
de Internet, etc.
· competencias didácticas, que implica el conocimiento
del aprendizaje adulto, selección y organización de
contenidos, adecuación y utilización de recursos didácticos
en el nuevo entorno, etc.
· competencias tutoriales, que impliquen habilidades de comunicación
y dinamización de las herramientas de interacción
de la plataforma (chat, foros, correo...), tareas de seguimiento
del alumno a través de la administración del sistema,
evaluación formativa a distancia, etc.
Resistencias a la teleformación
No obstante, hoy por hoy, la implantación de la teleformación,
y concretamente en el ámbito de la FPO, se encuentra aún
con algunas resistencias, como:
· se requiere conexión telefónica y unos requisitos
de hardware y software en el equipo del alumno. No todos los centros
de formación disponen de los medios técnicos adecuados
para este tipo de formación;
· se requiere un buen diseño instruccional y una buena
producción (la planificación y desarrollo de un curso
mediante teleformación requiere más trabajo y tiempo
que un curso presencial);
· se diseñan contenidos en teleformación como
una simple digitalización de contenidos desarrollados en
soporte papel;
· no todos los contenidos formativos y colectivos de alumnos
tienen el mismo nivel de teleformabilidad;
· se requiere más esfuerzo por parte del formador,
ya que no se dirige al alumno promedio, sino que va a recibir dudas
diferentes de diferentes alumnos, a las que deberá dar respuesta
adecuada (aumento de la ratio alumno-tutor y se amplia el ámbito
geográfico);
· resistencias: miedo a perder el contacto humano al no verse
físicamente con los formadores. Exige de los alumnos autodisciplina,
regulación del tiempo. Se requiere un mayor esfuerzo por
parte de los alumnos (un 40% más que en las clases presenciales).
El abandono, al igual que en otras modalidades de educación
a distancia puede ser alto.
Esta situación plantea una proyección de este tipo
de metodología que pasa por combinar la modalidad formativa
a distancia con la presencial e implica la coexistencia de la teleformación
con la formación tradicional.
Ante este contexto, la Consejería de Empleo y Desarrollo
Tecnológico, a través de la Dirección General
de Formación Profesional Ocupacional, ha venido desarrollando,
dentro de sus diferentes programas de FPO, acciones de teleformación
que permitan impulsar esta nueva metodología de formación
en nuestra Comunidad Autónoma. Estas acciones de teleformación
de FPO en Andalucía se vienen desarrollando como:
· acciones de carácter semipresencial, dirigidas a
especialidades consideradas teleformables;
· acciones para la mejora de la FPO que inciden tanto sobre
estudios y acciones innovadoras sobre la teleformación, como
sobre la formación de formadores de FPO en este ámbito
metodológico.
*Juan Manuel Fuentes es el Director General de Formación
del Servicio Andaluz de Empleo (SAE), Andalucía, España.
Esta nota fue publicada originalmente en http://www.elearningeuropa.info
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