La revista digital de e-learning de América Latina Año 3 - Número 53 | Domingo 07 de Septiembre de 2008  

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Desplegando distintos e-learnings en las empresas
José Enebral Fernández*

Análisis pormenorizado de la realidad que atraviesa actualmente la formación virtual en el sector corporativo, haciendo foco en las compañías españolas. Usuarios y contenidos en el centro del debate.

“Leí una vez sobre la googelización (de Google) del e-learning , y es verdad que Internet constituye para muchos un magnífico medio de aprendizaje; pero, por seguir poniendo etiquetas me pareció que podría hablarse, asimismo y abiertamente, de una posible confusión o babelización en torno al mismo. Quizá habría que hablar por separado de los distintos e-learnings —concretando más en modalidades, colectivos destinatarios y tipos de contenidos—, para entendernos mejor y hacer progresar cada uno de ellos atendiendo a sus peculiaridades. Habrá otros puntos de vista, pero recientemente me ha parecido que estábamos empezando a profundizar y a entendernos mejor.

Estuve en marzo pasado en unas jornadas organizadas por Aefol en Madrid, y allí se habló del e-learning en diferentes segmentos de la enseñanza, incluido naturalmente el mundo empresarial. Y hay que decir que, en este sector, esta modalidad de aprendizaje no está ganando todavía el terreno que le parecía destinado.

Al respecto de la teleformación en las empresas españolas, Francisco Sánchez Osorio, de la Fundación Tripartita para la Formación en el Empleo, sostuvo que no se está avanzando tan rápido como se había previsto. Que se sigue prefiriendo muy mayoritariamente la formación presencial, a pesar de las ventajas teóricas de la formación virtual. Que casi todos los esfuerzos se dirigen a las grandes empresas. Que la formación está llegando a quienes ya saben más. Que los aprendizajes no son aún muy significativos. Que las PyMES presentan necesidades y características no suficientemente contempladas por los proveedores, y que es frustrante porque la capacitación online sería precisamente la forma de llegar a aquéllas...

En verdad, los proveedores de e-learning se asociaron en 2001 en España, año en que se crearon las asociaciones APeL y Aefol, en torno a la modalidad de formación, y no a los contenidos del aprendizaje ni a los colectivos destinatarios. No me sorprendía tanto que los coaches se asociaran, porque el coaching parecía apuntar a colectivos determinados y a aprendizajes específicos; pero ciertamente lo del aprendizaje online parecía más amplio, amplísimo, extraordinariamente amplio, y a este observador le sorprendió que los proveedores se agruparan en torno a un método, sin mencionar otros parámetros. De modo que hemos hablado todos mucho del e-learning en general, en los últimos años y, si acaso, al dividirlo, nos referíamos a las plataformas, los contenidos (en general y sin especificar más) y los servicios (tutoría, etc.). Creo que ahora vamos afinando más, aunque el lector pueda haberlo percibido antes que yo.

Refiriéndonos al e-learning de modo muy general, por no decir superficial, hemos estado hablando en el pasado de sus ventajas, sus virtudes, sus inconvenientes, sus mitos, sus errores, sus posibilidades, su futuro, su pasado, etc., mientras teníamos en la cabeza imágenes no coincidentes del mismo. Había quien legítimamente lo contemplaba como un negocio, pero incluso entre quienes lo contemplábamos como una forma de aprender, había sin duda diferentes significados y puntos de vista. Parecía necesario precisar. ¿Estábamos ante una enseñanza programada puesta en pantalla, o estábamos ante la tradicional formación a distancia, ahora con apoyo de campus virtuales y correo electrónico?

Como aceptando la diversidad, estamos llamando e-learning a todo aquel proceso de aprendizaje que aproveche las ventajas de las TIC (aunque sólo sea el e-mail o el teléfono) para eludir condicionantes espaciotemporales; o sea, lo traducimos por teleformación. Bien esta definirlo, aunque no sé si una concepción tan amplia define, o “indefine”. Veamos: olvidémonos por un momento de las TIC y hablemos de formación. Hablaríamos por separado de la formación profesional, de la universitaria, de la secundaria, de la ocupacional, de la continua, de la formación a distancia, de la formación en el puesto de trabajo, de la formación de directivos, de la formación en idiomas, de la formación outdoor , de la formación acroamática, de las escuelas de negocios, de la enseñanza programada, del coaching , del shadowing , de los autodidactos, de las competencias transversales, de la alfabetización informática...

Pero si a esto anterior le añadimos una mínima presencia de las TIC (por cierto, también es frecuente encontrar presencia de las TIC en la formación presencial en sala), entonces ya parece entrar todo bajo la etiqueta de e-learning ... Para no seguir cuestionándonos unos a otros al hablar de las ventajas, las posibilidades, los éxitos, los fracasos, etc., me parecería conveniente referirnos a “los e-learnings ”: de cada uno de ellos; de otro modo, seguiríamos quizá en lo que me parecía una babelización en torno al concepto. Intentaré expresarme asertivamente al respecto, pero antes tengo otras reflexiones que someter al lector.

Me he encontrado también repetidamente con diferentes listas de figuras o roles que intervienen en un proceso de teleformación: experto en contenidos, metodólogo, diseñador interactivo, programador, diseñador multimedia, administrador de la plataforma, tutor... Y siempre —siempre— he echado de menos en la lista al usuario, o sea, al alumno. Recuerdo un evento organizado por APeL en 2003, en que me levanté aparentando que se me había pasado el mensaje mientras tomaba apuntes, y el ponente me confesó (sin pudor) que había olvidado la figura del alumno. El lector pensará con razón que algunas de estas listas se refieren exclusivamente a perfiles de profesionales del sector, pero decidan ustedes mismos sobre si tenemos en cuenta, en suficiente medida, el perfil y las circunstancias del usuario. Por cierto, el ya citado ponente de la Fundación Tripartita nos invitaba a sintonizar mejor con el usuario de las PyMES, cuestionando incluso, de paso y anecdóticamente, la etiqueta de “alumno”.

Esta última idea sobre los “alumnos” me trae el recuerdo de algunos responsables de formación de grandes empresas que, allá por los años 90, parecían sentirse directores de colegio, y buscaban formas de obligar a los “alumnos” (mediante puntos o créditos) a seguir acciones formativas de cuyo interés no estaban convencidos. Obviamente, y aunque mis vivencias de consultor son muy limitadas, creo que eran mayoría los profesionales de recursos humanos que entendían la formación como un servicio a la colectividad y la prosperidad; pero no descarto que hubiera otros posiblemente muy interesados en nutrir sus informes anuales de horas de formación impartidas, y no tanto en la eficacia descrita por los niveles de Kirkpatrick.

Tras este párrafo digresivo, precisaré los mensajes que someto a quien haya llegado hasta aquí:

•  La distinción de e-learnings , incluso dentro de la formación contiínua.
•  Una mayor consideración de las características de los usuarios.

Los e-learnings

Querría recordarles que, allá por los años 80, cuando se hablaba de Enseñanza Asistida por Ordenador (EAO), los docentes de mi entorno dimos por hecho que se trataba simplemente de programar (en sentido “informático”) aquella enseñanza programada que ya conocíamos. Con nuestras herramientas de autor, diseñábamos los cursos y los almacenábamos en aquellos floppies de la época. Para cuando precisábamos vídeo, utilizábamos los laserdiscs de 30 cm, antepasados remotos de los actuales DVD (una pesadilla esto último, porque teníamos que estampar los discos en Alemania y pasar aduanas).

Luego, al llegar la etapa online (1999-2000) y extenderse el término e-learning , yo me dedicaba a diseñar cursos virtuales de breve duración, abordando competencias transversales y todavía bajo la idea de “ e-learning -enseñanza programada”. Más tarde estas píldoras se empezaron a hacer tan escuetas de contenido que se empezó a hablar de “ e-learning -comida rápida”. Hablo siempre de la formación online corporativa, y exactamente del que yo pude conocer. Recuerdo que en 2002 tenía que diseñar breves cursos virtuales de 2 horas sobre liderazgo, creatividad, etc., para cientos de directivos de grandes empresas, y que el presupuesto me asignaba 20 horas para la elaboración del guión. Incluso dedicando 60 (como en realidad hacía yo, prolongando mi jornada de trabajo), no podía añadir mucho más a lo ya disponible en Internet de modo gratuito, aunque probablemente el ejercicio de selección, síntesis y guionización añadiera valor.

Obsérvese que, como en otros colegas docentes, había en mí un esfuerzo de “ e-learning -aprende como puedas, con los medios que se te ofrecen” (sobre liderazgo, iniciativa, compromiso, creatividad, pensamiento sistémico, espíritu de equipo y otros muchos títulos de las píldoras para directivos), para aprender previamente yo mismo, a menudo vía Internet, y facilitar luego con mi diseño el aprendizaje de los participantes en mis cursos online . Una modalidad —ésta del “aprende como puedas/quieras”— que seguramente resulta familiar al lector conectado a Internet, y que forma parte de la referida googelización del e-learning.

De modo que —y para no enrollarme como solemos los docentes— siempre deberíamos saber si estamos hablando de “ e-learning -cursos interactivos online ”, o de “ e-learning -píldoras”, o de “ e-learning -aprende como puedas y pregunta al tutor”, o de “ e-learning -formación a distancia clásica y contactos por e-mail ”, o de “ e-learning -autodidaxia, sin tutor ni campus virtual”, o de “ e-learning - self service ”, o de “ e-learning mezclado con aula”, o de “ e-learning voluntario”, o de “ e-learning por imposición del departamento de formación de la empresa y coacción mediante sistema de créditos”, o de “ e-learning para desarrollo de competencias transversales”, o de “ e-learning para idiomas”, o de “ e-learning enriquecido con vitamina A (aula)”, o de “ e-coaching ” ( coaching virtual)... Luego ya sí podríamos quizá hablar con más rigor de las posibilidades, las ventajas, los inconvenientes, las virtudes, los pecados, los costes, etc., de cada e-learning.

Contenidos en los e-learning

Cuando se hable de contenidos —tema especialmente polémico—, deberíamos saber si nos referimos a información lineal y textual disponible en Internet, o si nos referimos a diálogos usuario-PC, o si se trata de simuladores, o si son manuales de formación a distancia, etc., porque si no, seguiremos en la torre de Babel. Casualmente, escuché a un ponente del Expoelearning (representante de una editorial) que se puede aprender con un buen libro, pero que también se puede aprender con un mal libro, si uno quiere aprender; supuse que se refería a la enseñanza en los colegios y con profesores, caso en que la eficacia del aprendizaje puede depender más del profesor que del libro, y desde luego del alumno. Pero yo creo que quienes hacen libros deben hacer buenos libros.

Creo, en realidad, que los contenidos, cualquiera que sea la forma que adopten, siempre han de ser buenos, para evitar que se hagan aprendizajes en falso difíciles de enmendar; pero es verdad que también entre los proveedores de e-learning corporativo fluye o fluía cierta relativización de la calidad de los contenidos. José Ignacio Díez, vicepresidente de APeL y Consejero Delegado de FYCSA, señaló en el 2003, que “los contenidos han sido magnificados durante estos tres o cuatro años pasados, sin que se entienda muy bien la razón. Es obvio que cuanto más atractivos sean y mejor se hayan desarrollado pedagógicamente, mayor será su aceptación por los alumnos; pero no está claro que ésta sea la clave del autoestudio. Quien más y quien menos se ha visto obligado a adquirir conocimientos complejos con medios precarios. Recordemos la universidad (…) con las fotocopias de los apuntes del más estudioso de la clase: contenidos más precarios, imposible”. Díez, proveedor de contenidos, concluía este texto recomendando a las empresas que dosificaran bien su esfuerzo inversor en contenidos.

Sin duda, hacer buenos contenidos multimedia e interactivos resulta caro, si se hacen a medida para un cliente; pero siempre me pareció que el aprendizaje era proporcional a la calidad de los contenidos, sin dejar de serlo también a la motivación intrínseca de los individuos. El lector tendrá su propia opinión, pero uno desconfiaría de los contenidos mediocres y de la motivación extrínseca; de modo que surgiría aparentemente otro modo de dividir al e-learning corporativo de contenidos diseñados ad hoc : el de buena calidad, y el de relleno rápido de las plataformas.

Tras las experiencias recogidas, uno diría que, si no se pueden hacer buenos contenidos interactivos ad hoc , más vale buscar información ya existente, aunque sea impresa y lineal. De hecho y en cierto modo, en eso consiste la Sociedad de la Información: en manejarse lo mejor posible con la mucha información a nuestro alcance. Aprendemos a través de la formación, pero también de la información, si sabemos manejarnos con ésta (lo cual va resultando inexcusable). Al hablar de aprendizaje permanente en la era del conocimiento, uno ve cómo se aproximan los conceptos de formación e información.

Quien les habla tiene cierta experiencia en aprender por la Red —limitada naturalmente a los temas que me interesan—, pero tiene también alguna experiencia en poner a disposición de los demás sus propias conclusiones. Para mi sorpresa, he abordado temas como la intuición de los directivos, la creatividad, el empowerment o la evolución del management , que han suscitado elevado interés, en vista de las lecturas comentarios y mensajes de e-mail generados. Naturalmente, también escribo cosas que no interesan ni a mis amigos (aunque me dicen que sí), pero el hecho es que las TIC están aquí para ser utilizadas en el aprendizaje, en el desaprendizaje, y en el flujo del saber... y aun del opinar.

Tal vez debamos, en suma, utilizar todas las posibilidades de la Sociedad de la Información para aprender continuamente, para identificar qué conocimientos nuestros han caducado, y para hacer llegar nuestros descubrimientos a los demás, de modo riguroso y asertivo. Y para todo lo bueno que se les ocurra. Y dando amplitud a los conceptos de conocimiento y aprendizaje. Y persiguiendo amplias metas que abarquen tanto la eficacia profesional como una mejor comunicación interna y externa, la calidad de vida en el trabajo, la innovación, la excelencia organizacional...

Las características de los usuarios

Deseo referirme ahora, con el lector interesado que me resista, a las necesidades, las expectativas y los perfiles de los usuarios, en el marco de sus empresas. Al aludir a estas últimas, podemos pensar en sus actividades, posibilidades, presupuestos, tamaño... Las PyMES constituyen un foco de atención para los poderes públicos, pero no parecen haber preocupado excesivamente a muchas consultoras de formación o proveedores de teleformación, más tradicionalmente vinculados a grandes empresas. Sin embargo, hay necesidades de formación y desarrollo profesional que demandan soluciones similares, con cierta independencia del tamaño de la empresa, e incluso con cierta independencia del sector a que pertenece.

Pero es que hay sectores en que soluciones específicas podrían llegar a miles y miles de trabajadores de miles y miles de PyMES. Ésta es sin duda una asignatura pendiente de la teleformación, pero es que a veces uno piensa que el aprendizaje con apoyo de las TIC no ha aprobado todavía muchas asignaturas: apenas “las marías”. Tampoco los usuarios de grandes empresas se declaran satisfechos del e-learning . Las empresas que habían implantado estas soluciones se precipitaron en proclamar el éxito, pero ahora, al ir profundizando, sabemos que los usuarios no se sienten suficientemente satisfechos de sus experiencias al respecto.

Pero no es que no nos entendamos al hablar de los usuarios: lo que pasa es que quizá no los hemos tenido suficientemente en cuenta: que apenas hemos pensado en ellos. En la formación tradicional en sala, no había distancia entre el docente y el discente; ahora, como les recordaba párrafos atrás, hay toda una serie de profesionales involucrados que parecen cubrir sin suficiente éxito la distancia entre el aprendiz y el educador (cuando no se diluye del todo esta última figura). Si no somos capaces de conseguir que todos estos profesionales alineen sus esfuerzos hacia el objetivo de materializar el aprendizaje y satisfacer a los usuarios, entonces habría que quitar el banco.

Me permití, sí, decir que en esto del e-learning había que “errar o quitar el banco” (como también hablé en algún artículo anterior de la opción entre metamorfosis o metempsicosis...). Si con los productos y servicios de e-learning no facilitamos el aprendizaje, dejemos que lo hagan otros, o dejemos que lo haga el propio individuo buscando en las fuentes a que pueda acceder. El e-learning deficiente no sólo ha frustrado expectativas de aprendizaje: también ha generado rechazo al método. En cambio, hay muchos usuarios de Internet complacidos por la información que encuentran en sus procesos de búsqueda (ya saben que yo mismo soy uno).

Con fe, cabe mantener la esperanza en la calidad de los contenidos, porque esto suena teologal. Habrán de hacerse mejores contenidos, ya sean lineales o interactivos, ya sean textuales o multimedia; habrán de hacerse contenidos que contribuyan a un aprendizaje eficaz (según niveles de Kirkpatrick), siendo a la vez gratificantes. También existe la satisfacción de aprender, aunque parezca un poco olvidada y muchos la hayamos conocido ya de mayores. En efecto, en el colegio y la universidad aprendíamos para aprobar (aprendizaje generalmente exotélico), y en la empresa aprendemos para saber (aprendizaje autotélico, catálisis de la satisfacción).

Son, en suma, dos grandes cosas las que se me ocurren al pensar en los usuarios de la teleformación:

•  Asegurarnos de que sean conscientes de la necesidad de adquirir nuevos conocimientos y desarrollar nuevas habilidades y fortalezas profesionales.

•  Dar satisfacción a las necesidades y expectativas de todos los usuarios, mediante productos y servicios más ajustados, que faciliten el aprendizaje deseado.

Mensaje final

Efectivamente y en el mundo empresarial, tal vez habría que empezar por determinar los contenidos formativos necesarios, atendiendo a la excelencia y prosperidad perseguidas, para todos lo colectivos necesitados. Como estos objetivos generales de excelencia y prosperidad pueden resultar complejos de abordar, cabría ser más específicos:

•  Formación para el ejercicio de tareas o funciones concretas.

•  Formación para la aproximación persona-puesto (competencias).

•  Formación específica para trabajadores front line .

•  Formación para la materialización de la estrategia de cada empresa.

•  Formación para el cambio cultural.

•  Formación para la mejora y la innovación.

•  Formación para la calidad de vida en la organización.

•  Formación para el desarrollo de la inteligencia emocional.

•  Formación para la satisfacción de clientes internos y externos.

•  Formación para la responsabilidad social.

•  Formación para el uso de herramientas específicas.

•  Formación y desarrollo de directivos.

•  Formación y desarrollo de k-workers.

•  Formación para la gestión del conocimiento.

•  Formación para el aprendizaje y desarrollo organizacional.

Cada empresa, grande o pequeña, tendrá sus propias prioridades, dentro o fuera de la lista anterior; pero, en aras de la eficacia y la satisfacción de los usuarios de formación, habrían de estar identificados los objetivos perseguidos. Sobre este punto reclamo la reflexión del lector, porque creo que también parece haber cierta babelización al hablar en general de formación en la empresa, aunque no se trate de e-learning . Todos los esfuerzos de formación deben alinearse tras unas metas conocidas y compartidas, de modo que los individuos sean más conscientes de las ventajas de aprender —en toda la amplitud del concepto— y de los riesgos de no hacerlo.

Si se observa este último despliegue de la formación en las empresas (al margen de los métodos utilizados), cabe aceptar que las TIC nos pueden ayudar en todos los casos; es decir, que alguno de los e-learnings posibles encajaría bien en cada parcela, si se hacen las cosas con más acierto didáctico, buscando mayor eficacia y satisfacción de usuarios.

*José Enebral Fernández es Consultor de Formación.



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